Instrumentalización de la pastoral | Por Ronald Rivadeneira

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El rol de pastor en las iglesias evangélicas se ha erguido bajo el argumento teológico de que este oficio ministerial dentro de la iglesia local, se lo ejerce gracias al llamado que Dios da a determinados hombres para que le sirvan en la pastoral. Este rol tiene su símil en el oficio que le da su nombre de manera originaria; el Salmo 23 en su dinámica de cuidar ovejas esboza el oficio en tres principios: guiar, cuidar y alimentar a la grey. Concuerdo con este argumento y con los principios de acción del salmista, sostengo el llamado de Dios al oficio de la pastoral, sin embargo, este llamado debe ir de la mano de procesos de cambio real de los hombres que responden al llamado que posibiliten la realización adecuada de este rol dentro de la comunidad de creyentes.

En los términos de la educación actual es bien concebido el desarrollo de las destrezas. Las destrezas no solo se consiguen dentro de las aulas sino que son parte de los procesos de vida, de socialización  de las personas que se congregan, los pastores muchas de las veces salen de las iglesias locales gracias a sus destrezas en oratoria pero con una pobreza en conocimientos de teología o de otras disciplinas de las ciencias que le dan soporte a su rol. La pastoral requiere de destrezas que bien pueden ser obtenidas por una vida de cambio, un testimonio real y una templanza para no mirar atrás y poder guiar a otros a vivir el Reino de Dios. Pero también de destrezas que se consiguen en procesos de capacitación permanente.

Las destrezas de igual manera pueden ser obtenidas en las aulas de los institutos, seminarios y universidades,  si bien estos espacios de formación no gradúan pastores, forman para el ejercicio de una pastoral eficaz. Llevo años escuchando a hermanos pastores menospreciar la educación en seminarios, institutos y otros espacios seculares. Frases mal intencionadas en reuniones fraternas como va “hablar el teólogo”, o las expresiones de autoestima baja que salen a la luz como, “el Señor nos preparó” como un justificativo a no querer entrar a espacios informales o formales de educación.

Conozco pastores extraordinarios con grandes destrezas pastorales que solo han logrado tener niveles de educación elemental. De igual manera pastores con limitadas destrezas pastorales con grados de cuarto nivel como maestría o PHD cuyas predicas confunden y no animan, tal vez por ellos los pastores sin preparación teológica reniegan del estudio y el culto hacia la persona que hacen constantes menciones a sus logros académicos.

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El rol de pastor es un oficio delicado, se trabaja con la integralidad de la persona, lo que se expone del texto bíblico se lo debe vivir y a su vez animar a otros que lo vivan,  este puesto en la iglesia local es el perfecto lugar de condenación para los que le sirven sin integridad. Si servimos con integridad y buscamos su Reino la salvación es segura, sin embargo; para los que están en el puesto como medio de vida, porque no tienen otra opción de trabajo o peor aún, de manera consiente usan su rol para engañar a otros y beneficiarse del cargo, deben tener una noción de espiritualidad de otros como algo de que beneficiarse, que a pesar de ello prefieren aferrarse a este rol con fines distintos al de guiar a otros por el camino de la fe.

Los que ejercen la pastoral sin un llamado están  instrumentalizando su rol en la iglesia local. Sin embargo ¿Qué hay del pastor que solo sabe ser pastor?,  que en el mundo actual lucha con dientes y piedras para aferrarse al puesto porque es su único medio de vida y a pesar de este cuestionamiento se aferra a la idea de que sirve a Dios. Qué hay del pastor que arrastro a su familia al oficio pastoral, justificando su falta de ingresos por su entrega a la iglesia local. He escuchado a hermanos pastores que sostienen que sus limitaciones económicas se deben al servicio que prestan en la iglesia local. Los errores de interpretación bíblica justifican el pastor a tiempo completo (relacionado a jornadas de trabajo), el vivir por fe haciendo que algunos pastores justifiquen el no “trabajar” de manera secular porque sirven a Dios a pesar de las carencias familiares. Olvidamos que los pastores de vertientes teológicas reformadas eran agricultores y campesinos que abrazaron la fe y ejercían su llamado de servicio en las primeras iglesias de los poblados más olvidados de Europa.

Pero del otro lado y tal vez más preocupante. El pastor mesiánico, líder carismático que controla los destinos de quienes se congregan, que por su carisma la iglesia local crece y por lo tanto crece su prestigio y su propio  ingreso financiero. El pastor al que no se le puede cuestionar ya que el crecimiento de la iglesia se debe a él, a su modelo de liderazgo, el pastor que toma decisiones sobre los diezmos y ofrendas. El pastor que coloca nuevas cargas a la grey y prohíbe celebraciones y días festivos creando teologías erradas que son sostenidas por su carisma, “profesa conocer a Dios y con sus acciones lo niega”, pastores que deliberadamente buscan el crecimiento de la iglesia pensando en el aumento de sus ingresos avalados por una teología de la prosperidad que teológicamente defiende, bajo el discurso de: como “hijo del rey”, debe vivir “como rey”.

Llegaron a la pastoral instrumentalizando su carisma, el llamado fue confundido con la atracción de la gente hacia ellos. Pueden ejercer de motivadores o la tan de moda coaching usada en espacio motivacionales de mercado. Pero su camino de vida fue la pastoral del engaño, son buenos en ello y eso les garantiza un medio de vida. Suelen “servir” dentro de  las estructuras de las megas iglesias, de las iglesias franquicia que al parecer “llaman”[1] a este tipo de personas a la pastoral, o ¿son este tipo de personas las que permiten la creación de este tipo de iglesias? Una duda que no quiero generalizar.

Vale recordar que los escándalos que salen a la luz dentro del mundo evangélico tienen que ver con  hombres o mujeres mediáticos gracias al trabajo en sus iglesias “exitosas”. Su viga en el ojo sale a la luz con la incoherencia entre dichos y hechos, predican lo que no hacen, con el tiempo se les descubre actos reñidos con la ética como: uso de los fondos de  la iglesia de manera autoritaria, manipulación de la vida de otros, o cuestionamiento que caen en la moralidad o en la concupiscencia tal cual lo denomina el texto bíblico.

Quisiera detenerme para tratar de explicar de manera sencilla el término instrumentalización que estoy usando, tal vez para el lector le parezca tarde en el orden de este artículo pero necesario para cerrar. La instrumentalización, término relacionado con la sociología política hace referencia a los usos que se dan de diferentes espacios sociales con un fin político.

En este sentido del término y dentro de estas líneas, la instrumentalización tiene que ver con el uso que se le da a algo para un propósito distinto para el que fue creado. Pueden ser objetos, cargos, medios, entre otros que al ser ocupados o usados tienen distintos fines (intencionalidad) para el que fueron creados.  El puesto de pastor de una iglesia local, es un puesto de gran honor y responsabilidad, no solo se relaciona con las habilidades comunicativas que son las que generalmente se valoran al momento de elegir un pastor. Cada vez hay más iglesias evangélicas pequeñas de distinta denominación que se quedan sin congregación, y más pastores con congregaciones reducidas que no pueden cubrir el sueldo del pastor, esto va de la mano con el aumento de las iglesias franquicias y mega iglesias, que impulsan la “carrera” del pastor “principal”. Cada vez más los miembros de iglesias pequeñas están siendo seducidos por pastores de megas iglesias e iglesias franquicias, no les importa que sacar cita con el pastor “principal” sea una tarea imposible. La congregación se convierte en muchedumbre y no les importa no ser conocidos por su nombre, ni  no relacionarse con los demás que de manera masiva se congregan de una hora a otra haciendo del uso de tiempo dominical más eficaz.

Indudablemente no hay que generalizar, grandes líderes pastorales de integridad también se encuentran en estos modelos de iglesia, es decir no instrumentalizan la fe ni su rol pastoral, solamente ocupan el puesto con los dones que Dios les ha brindado y sus iglesias han crecido.

En este espacio me refiero al ejercicio de la pastoral  instrumentalizado que se da con mayor fuerza en las megas iglesias y las iglesias franquicia. El hombre o mujer que llega a las pastoral por su dones de líder carismático,  para apoyar su labor crea discursos  de dominación como el de ser “ungido del Señor” o “ser hijo del Rey”, para justificar la opulencia conseguida en el ejercicio de una pastoral que no rinde cuentas a la comunidad de los diezmos y las ofrendas. Se rodea de líderes que nublados en su visión los respaldan o de líderes que los respaldan con claridad que los fines de la instrumentalización son el poder y los ingresos económicos que llegan también a quienes se convierten en líderes asalariados y ocultan las flaquezas del pastor.

Lamentablemente la instrumentalización de la pastoral va más allá de lo mencionado, y es percibida como bendición. Pastores que gracias a su rol establecen contactos nacionales e internacionales para su propio beneficio, crean discursos de servicio que les permite generar “donaciones para el ministerio” que de no ser por una intencionalidad instrumental esto no sería negativo, pero si se niegan a rendir cuentas a la comunidad o a la denominación, si “algo” de las donaciones va al bolsillo del pastor, ciertamente instrumentalizan la pastoral.

La instrumentalización de la labor pastoral está en la intencionalidad de la persona que ejerce el pastorado. Pastores que en su rol o ejerciendo cargos de sus organizaciones procuran tener “contacto” con misiones extranjeras, donantes, para con ello obtener beneficios económicos de distinto tipo, instrumentalizan la pastoral. Jesús los llama asalariados.

Contrario a estos hombres y mujeres de intencionalidad nublada, si hay Pastores que asumiendo el rol a tiempo completo, y también compaginando el trajín pastoral con sus trabajos y profesiones, complejizan su vida, extendiendo sus jornadas de trabajo  desde una vocación de respuesta al llamado, sirven y buscan el Reino de Dios.

Si la intencionalidad fue servirse del puesto desde el inicio puede hablarse de la instrumentalización de la pastoral. Conozco hombres y mujeres de Dios entregados a la obra que han sido bendecidos con bienes materiales por donantes o misiones extranjeras en reconocimiento y ayuda a su trabajo, pero estoy convencido que esos bienes son la añadidura de su búsqueda del Reino de Dios. 

Con sorpresa he visto que se busca ser pastor de una iglesia conocida bajo la cobertura de algún pastor “principal”,  o buscan un puesto organizacional para obtener bienes materiales o donaciones sin tener a quien rendir cuentas.  Su móvil no es el establecimiento del Reino de Dios.

Pero quien fomenta la existencia de estos pastores, las personas que prefieren la iglesia muchedumbre y dejan de lado la iglesia comunidad. La iglesia local donde todos tienen nombre y el pastor por vocación los identifica es dejada de lado por razones instrumentales individuales. Se prefiere el Coach al pastor que huele a “éxito”, que al pastor con olor a oveja  que estudia, contextualiza y predica de manera expositiva la Biblia.

Es decir, la persona que instrumentaliza la iglesia, es responsable de la existencia de pastores que instrumentalizan su rol, ambos se “benefician” de la relación. Hermanos que se congregan en una iglesia por el lugar que refleja estatus social, por el horario que se adecua a las necesidades individuales de los asistentes, por la enseñanza del coach – pastor que da una buena charla motivacional. El pastor que instrumentaliza su rol en la pastoral solo es complemento de los “creyentes” que instrumentalizan la iglesia a sus fines y necesidades. El mensaje es sustituido por el masaje, donde quien da el servicio y quien lo recibe se lleva su parte de responsabilidad ante los ojos de Dios. 



[1] Es necesario diferenciar que el llamado de una iglesia a servir como pastor es acto segundo al llamado que Dios hace a la persona a su servicio en el rol pastoral.

Sobre el autor:

Ronald Rivadeneira es Licenciado en Antropología Aplicada, Magister en Estudios Sociales con mención en Sociología. Es pastor Bautista desde hace 18 años, ex Decano del Seminario Bautista del Ecuador Facultad Quito. Actualmente es Presidente de la Asociación de Iglesias Bautistas de Pichincha y miembro del Comité Ejecutivo de la Convención Bautista Ecuatoriana.



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