¿Dónde está el Reino de Dios? | Por Hemir Ochoa

Imagen: Pixabay
Es uno de los temas más recurrentes en la predicación de Jesús, uno donde más parábolas ocupa para poder darse a entender. Lo que implica que es para el maestro, una de las cuestiones más importantes de legar a sus seguidores. Al punto que su mismo ministerio lo caracteriza como la “llegada del Reino”. Y ya que Jesús es el discurso de Dios, el “logos / dabar”, entonces debemos asumir que el Reino es además aquello que es parte del propósito de Dios para el hombre.

Es tan poderosa la llegada de este Reino, que la primera vez que aparece, explicado, no solo enunciado en el evangelio, aparece como la confrontación entre el bien y el mal. Mateo 12:28 dice: “Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios”. Esto no es otra cosa que una declaración de guerra, no solo contra lo “malo”, aquel mal presente en el “líbranos del mal”, que Barth decía que es algo así como una maldad latente en el mundo. No es una “guerra espiritual” parecida a lo que nos venden ciertas tendencias espiritualistas de hoy. Es un enfrentamiento contra el mal endémico, subyacente a la sociedad y que se manifiesta  en y desde la “injusticia”.

Dicho esto, pensé en crear una fórmula que nos pudiera asegurar donde hay y no hay “reino”. Una cosa sencilla, la verdad es que son solo 3 textos bíblicos puestos en “fórmula” y que desde mi punto de vista, serviría para saber cuando estamos frente al Reino de Dios.

Estos textos encriptados son: 1 Corintios 12 + Hechos 2:1 + Mateo 5:9 = Reino de Dios

Lo que quiere decir que el reino se compone de:
  1. Personas que han descubierto que estar en la iglesia implica “servir”, y que este servicio gozoso y alegre lleva el nombre de “dones y ministerios” según Pablo.
  2. Pero que este “servir” no se da en el vacío, sino que en la comunidad, de ahí el texto de Hechos 2. Porque solo donde están todos juntos y unidos, donde nadie se “cae del plato”, es donde se manifiesta el Espíritu Santo.
  3. Pero finalmente, este servir, en comunidad, no es nada, sino se manifiesta en la “pacificación” de la sociedad. Lo cual es traer la justicia de vuelta, no desde la retribución, sino desde el amor de Dios.
Ya que si solo tenemos dones y talentos, pero sin comunidad, entonces estamos frente a un narcisismo egoísta que solo busca complacerse a sí mismo. Y si solo tenemos comunidad, entonces solo tenemos religión, y si solo tenemos pacificación, entonces ya no tenemos iglesia, sino una ONG.
Son solo estas tres partes, las cuales unidas, pueden dar indefectiblemente como resultado, el “Reino de Dios”. La dinámica entonces siempre será: yo-nosotros-ellos.

Sobre el autor:
Hemir Ochoa es pastor de la Iglesia Luterana de Valdivia, en Chile. Estudió en el Seminario Teológico Bautista de Santiago, el Centro de Estudios Judaicos de la Universidad de Chile y en el Seminario Evangélico Unido de Teología de España. Es director de la Academia de Hebreo Bíblico www.hebreobiblico.com




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