La conversión como florecimiento en comunidad | Por Osías Segura

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Toda iglesia desea que sus nuevos convertidos crezcan y maduren en su fe. ¿Pero, cuándo empieza este proceso y se deja de ser recién convertido? Aquí esta el epicentro de los conflictos en cuanto a programas de discipulado (suponiendo que toda iglesia tenga un programa al menos informal de discipulado). Añadido a esto para algunos cristianos la conversión inicia y termina con una experiencia momentánea e individualista (una experiencia muy privada de haber aceptado a Cristo), en vez de interpretar tal experiencia solo como un inicio dentro de un proceso de crecimiento en la fe; y aun cuando la iglesia y el pastor hacen llamados al altar y luego de la oración del pecador proclaman al recién convertido que es salvo y ahora es nueva criatura. Quien desea ser discipulado si ya se nos ha servido la salvación del infierno en plato de oro? En algunos casos los evangélicos parecen estar de acuerdo en que la conversión es un proceso, pero su teología y su la práctica pastoral resalta la conversión como una experiencia momentánea e individualista. ¿Existe acaso una fórmula para explicar la conversión?[1]

La salvación la ofrece Dios por gracia, por medio de la fe, y produce un cambio en nosotros cual es la nueva vida en Cristo. Aceptar la salvación exige un cambio en la persona, Dios produce ese cambio, pero los humanos debemos cooperar con ese cambio. Ese cambio se conoce como conversión. Conversión viene de la palabra latín convertere, una palabra compuesta de dos raíces con + vertere; “con” que significa completamente, y “verter” que significa dar vuelta. Es decir, conversión significa dar un giro de 180 grados. La reforma metodista estuvo basada en esta misma problemática. Juan Wesley, el fundador del Metodismo, se preocupaba de sus recién y viejos convertidos que recibieran cuidado pastoral para el crecimiento espiritual en pequeños grupos (i.e., Reuniones de Clase) pudiera producir ese giro, cual es algo progresivo en la persona (i.e., santificación). Por ello, fue que Wesley diferenciaba la primera de la segunda obra de gracia. La santificación o perfección es la segunda obra de gracia, y para ello el ayudar a las personas a desarrollar disciplinas para vivir el resto de sus vidas en Cristo, como discipulado, era tan importante. Para Wesley, la conversión es un proceso tanto individual como grupal, pues siempre el Espíritu nos esta llamando de las tinieblas a la luz, para vernos florecer en Cristo.

En realidad la conversión es un doble proceso: (1) empieza por el adquirir la identidad de la comunidad de fe (son los creyentes quienes nos dan indicio de que lo significa seguir a Cristo), y (2) continua para ir adquiriendo la imagen de Cristo, donde el Espíritu Santo y el cuerpo de Cristo (dos actores que deben funcionan sinergicamente) son quienes transforman forma de entender la vida de la persona, de tal manera que las emociones, y los valores de la persona son impactados junto con la razón de la persona, según la voluntad de Dios. Ahora permítame ser otra vez enfático: en tiempos posmodernos la importancia de adquirir la identidad de la comunidad de fe solo tiene importancia para facilitar el segundo paso cual es la adquisición de la imagen de Cristo por parte del nuevo creyente, de lo contrario estaríamos hablando de proselitismo.  

Para algunos evangélicos si no hay una experiencia emocional con glossolalia, sanidad, y éxtasis, la conversión puede parecer no ser real. Otros enfatizan con mucha fuerza la conversión como una experiencia racional de desarrollo a través de fases o adquisición de conocimiento doctrinal, como si fuera una fórmula, aunque tal formula no se encuentra en las Escrituras. Si se supone que la conversión impacta todas la áreas de vida de la persona, entonces debe afectar las áreas afectivas y valorativas del recién convertido, no sólo el área cognoscitiva (i.e., razón). Si hubiera una perspectiva en el discipulado de proceso (i.e., como la santificación) esto ayudaría de manera integral a afectar todas las áreas de la vida del creyente, y no sólo su área cognoscitiva. ¿Hay una manera alternativa de acercarse a una comprensión de la conversión de manera más holística? La conversión es un proceso, ¿pero cómo se explicaría en la vida del creyente?

Permítame presentarle un entendiendo alternativo de la conversión como un proceso dónde la forma de vivir y entender la vida de las personas es afectada adquiriendo la identidad de Cristo (imago Dei, santificación). A través de este proceso de adquirir identidad, un proceso de cambio profundo empieza donde los nuevos convertidos absorben los valores, historias, rituales, doctrinas, y otras creaciones simbólicas de la iglesia en la cual ellos participan. Si nosotros entendemos la conversión desde esta perspectiva la necesidad para la iglesia local de articular el discipulado se vuelve un imperativo. Por consiguiente, las regulaciones legalistas (i.e., no fumar, no tomar, no ir al cine, no bailar) no necesitan ser impuestas en los nuevos creyentes,[2] y un programa de discipulado bajo una teología práctica como las Reuniones de Clase podría ser una excelente opción. Por consiguiente, la dependencia del Espíritu Santo, y la generación de comunidades que conectan el creer con el hacer, serían algunos de los productos a crear.

Así tenemos que el Espíritu Santo empieza trabajando en el corazón del recién convertido, y un proceso de crecimiento o florecimiento empieza. Este proceso de crecimiento realmente es un tipo de transformación profunda que afecta todas la áreas de la vida del individuo, o la pareja, o la familia. Por esta razón, estoy proponiendo también un concepto de conversión en un contexto comunal, porque la conversión siempre tiene lugar dentro de la comunidad de creyentes que actúan como la agencia de Dios. Es en la iglesia donde vemos modelos de como Dios va transformando a las personas, ahí aprendemos lo que es .

Además, la responsabilidad comunal de la iglesia en la conversión es más importante cuando entendemos que el Espíritu Santo quiere la iglesia (viendo la iglesia como una comunidad, no simplemente como una organización humana) para reproducir la imagen de Dios en cada nuevo creyente. El trabajo del Espíritu Santo es de ser agente para la conversión que a su vez nos muestra que la misión es la misión de Dios (missio Dei) y no de la iglesia. Desgraciadamente, el evangélico a veces parece incapaz de reconciliar el imago Dei (la imagen de Dios) con el missio Dei (la misión de Dios) en su teología de la conversión. 

Veamos algunos ejemplos bíblicos de conversión en un contexto comunitario en el Nuevo Testamento:

David L. Matson en su articulo “Conversiones de Hogares, Narrativas en los Hechos” intenta presentar un modelo de conversión en el contexto de hogar (viendo el hogar como un centro de proclamación, bautismo, y hospitalidad) en Lucas-Hechos. Según este autor en el evangelio de Lucas, Jesús no sólo practicó en palabra y en hecho la misión hacia el hogar, sino que también la enseño a sus 72 discípulos (Lucas 10) para evangelizar hogares (“bendigan la casa, beban y coman cualquier cosa ellos los sirvan”). "Jesús les dice a sus mensajeros que entren en las casas, traigan la salvación a estas, y se queden allí para desarrollar un compañerismo alrededor de la mesa" (1996:82). En los Hechos encontramos un paralelo con Lucas cuando encontramos a Cornelio (10:1-11:18), Lidia (16:11-15), el carcelero Romano (16:25-34), y Crispo (18:1-11) quienes son cuatro convertidos, cabezas de familia (con toda su casa [oikos, oikia] como un ejemplo de plantación de iglesias). Esta estrategia misionera ayudó en el crecimiento de la iglesia, y presenta la conversión y el discipulado ocurriendo en los hogares. "La única otra narrativa de conversión de hogar en el Nuevo Testamento está en Juan 4:46-54, pero no tiene ninguna relación con los motivos concomitantes de entrar y quedarse en una casa” la narrativa de Juan es muy distinta a la intención de Lucas (1996:186). 

En los Hechos, Cornelio fue el primer temeroso de Dios (soldado romano) y Gentil convertido. Lidia, como mujer gentil, se vuelve la segunda temerosa de Dios (una rica comerciante romana) y la primera convertida en tierra Europea. El carcelero romano se vuelve el primer convertido pagano en los Hechos (los primeros paganos con quienes Pablo y Silas comen). Finalmente, Crispo que era el presidente de la sinagoga en Corinto (historia similar entre Jesús y Jairo). Esto nos muestra ejemplos de cómo la casa u hogar reemplaza la sinagoga como un lugar de culto para los primeros Cristianos, y de esta manera la hospitalidad mediterránea abre su puerta cultural para la salvación." El modelo literario de convertir hogares se vuelve un vehículo para la visión teológica de Lucas sobre la salvación universal" (1996:185). Así, el objeto de conversión no es el individuo sino todo el hogar-casa. 

Primero, la misión de hogar inaugura y extiende la misión gentil en los Hechos. Al contrario de Marcos, para quien la casa es principalmente un lugar de instrucción para los discípulos de Jesús, la casa funciona en el segundo volumen de Lucas como un lugar para la evangelización y el crecimiento. Llegando a crear así las comunidades gentiles a lo largo de los caminos a Roma porque la misión inclusiva requiere la iniciación y dirección del Señor del hogar. (1996:187)  
Esto muestra un desarrollo de una red de iglesia-hogar a lo largo del Imperio romano. Otra observación interesante es la inclusividad del evangelio que no sólo trae compañerismo alrededor de una mesa a temerosos y temerosas de Dios, sino también a paganos. A través de un ritual de iniciación (bautismo) la salvación entró para todos en el hogar, demostrando en Lucas-Hechos que las historias de la conversión parecen ser sobre inicios de un proceso. 

En los Hechos 10:48; 16:15a; 18:8, el bautismo marca la aceptación de la salvación en el hogar. La conversión en Lucas-Hechos se vuelve una manera de sacramentalizar la atmósfera para toda familia y comunidad donde la conversión parece no ser una cuestión de preocupación individualista, sino una experiencia comunal. La conversión tiene lugar primero compartiendo y dialogando, y luego participando y perteneciendo. Esto se ilustra cuando Matson resalta el principio soteriológico de Lucas: salvación del judío y gentil a través de un compañerismo alrededor de la mesa. (1996:199) 

De esta manera para Lucas, la casa u hogar se vuelve un espacio íntimo para la hospitalidad y diálogo de la fe. Lucas toma esta estrategia misionológica del propio Jesús.  Así, Jesús aparece como el misionero proto-típico del hogar. Y en la intimidad de la casa particular, el hogar se convierte en un lugar para sanar, para enseñar, y comer, así como un lugar también para el conflicto y división. Él envía a sus mensajeros a los hogares (9:1-6; 10:1-16), anticipando así el papel que el hogar habría de tener para las primeras comunidades cristianas en el libro de los Hechos. En ciertos pasajes Lucas incluso muestra un interés especial en el hogar como esa esfera simbólica de salvación y sanidad [lugar de restauración Lucas 15:6, 8, 25) justificación (Lucas 18:9-14), y holismo (Lucas 8:39)]. No obstante, la familia aparece a menudo en Lucas como un obstáculo para la evangelización (Lucas 9:59-62; 14:20,26; 18:28-29) en lugar de objeto de evangelización como en los Hechos. En efecto esta tensión presenta al evangelio con una recepción mixta en el hogar, quizás semejante a el de la sinagoga (Lucas 4:16-30; Hechos 13:44s52; 14:1-2; 17:4-5; 19:9; 28:24). (1996:195-196 traducción es mía) 

Tal y como podemos notar Matson no se está enfocando en historias de conversión aisladas, sino que mira la completa narrativa de Lucas describiendo a la conversión como la salvación de un contexto comunal de hospitalidad y compañerismo. Matson nos cuenta el contexto cultural del tiempo de Lucas-Hechos y recrea esta estrategia salvifica como una narrativa. Este autor nos motiva a rescatar de las Escrituras ese principio clave de que la salvación se experimenta en la comunidad de creyentes, el cuerpo de Cristo donde mora el Espíritu de Dios.

La segunda perspectiva bíblica la obtenemos de Beverly Gaventa en su artículo “la conversión en la Biblia”, y nos menciona tres desafíos: (1) la diversidad de imágenes usadas en la Biblia con respecto a la conversión, (2) la naturaleza de los textos bíblicos (e.g., el Nuevo Testamento enfoca más la conversión como una manera la cual personas se unieron a una comunidad de fe); (3) y la falta de claridad que rodea la término conversión (1992:41-42). 

La autora sostiene que las diferentes religiones en el mundo antiguo del Segundo Templo de Jerusalén, no parecen tener un compromiso muy alto de la fe. Las personas podrían tener múltiples obediencias a cualquier número de dioses. Por consiguiente, un compromiso total a un solo dios era algo muy radical. Por ejemplo, Pablo en Romanos 12:2 nos menciona la conversión como una transformación continua, y nos brinda su propia experiencia como una transformación, experiencia que también nos menciona en Filipenses 3. En una tipología para la conversión Gaventa menciona tres formas: (1) la alternación: esto se desarrolla naturalmente en modelos de vida previamente establecidos de afiliación religiosa (por ejemplo, el eunuco Etíope en Hechos 8); (b) tipo péndulo conversión: esto sucede cuando el pasado de un individuo es rechazado a favor de un nuevo sistema religioso recientemente escogido (por ejemplo, la conversión de Saulo en Hechos 9); y finalmente (c) la transformación: esto ocurre cuando la fe anterior de un individuo no se rechaza, pero se reinterpreta en una nueva experiencia (por ejemplo, el llamado de Juan Bautista para un cambio radical en perspectiva y conducta, Jesús a través de parábolas proclamando el Reino de Dios pidiendo un cambio radical de estilo de vida).

Según Gaventa algunas personas interpretan la conversión de Hechos 2:38 como la "teoría" de Lucas de la conversión cuando la respuesta de Pedro presenta la conversión como algo que "consiste en el arrepentimiento, bautismo, y el enfoque de esa conversión en el don del Espíritu Santo" (1992:50). El problema con esta fórmula es que en Hechos 8-10 está ausente. En Hechos 8:26-40 el eunuco Etíope extiende su mano para capturar el evangelio, mientras el Espíritu hace también su trabajo. En Hechos 10 el Espíritu esta trabajando en la conversión de Cornelio, y proporciona visiones a Cornelio y a Pedro. Se puede notar que ambos experimentaron una conversión.  

Para Lucas, la conversión no es un extremo en sí mismo. En cambio, como ya lo había expresado la conversión se trata de historias sobre inicios: El Pentecostés empieza con la comunidad de creyentes en Jerusalén; la historia de Saúlo empieza su misión entre los gentiles; la historia de Cornelio empieza la aceptación de la iglesia hacia los gentiles; Lucas menciona la conversión como parte del desarrollo de la iglesia, no para glorificar individuos convertidos o sus experiencias. Mientras Lucas cuenta las historias de convertidos, él no las presenta como eventos individualistas. Es decir, tales eventos no tienen lugar separados de la comunidad de fe. La conversión es, para Lucas, un regalo que viene de Dios (1992:51), y se manifiesta en la participación comunal de los creyentes.

Además de Lucas el autor menciona el evangelio y epístolas de Juan, y 1 Pedro dónde el concepto de conversión tiene condiciones muy diferentes como "nacido de nuevo" y "nueva vida". Por ejemplo, en el caso de Nicodemo (Juan 3) Jesús menciona la necesidad de nacer de nuevo como una manera de recibir un nuevo espíritu. En Pedro "el nuevo nacimiento no sólo se refiere al tiempo de la conversión de uno pero también se refiere a la incorporación del creyente en los límites de la nueva comunidad" un nuevo nacimiento que tiene implicaciones éticas (1992:53). 

Esta perspectiva teológico-bíblica nos demuestra lo difícil que es encontrar una fórmula para explicar la conversión.  Definitivamente, las historias de Lucas sobre la conversión son maneras de enfocarnos en el trabajo de la comunidad de fe que comparte su salvación experiencial, pues la conversión implica no sólo un moviendo hacia Cristo pero también hacia Su comunidad, y esa conversión no es un proceso cognitivo, instantáneo, e individualista; la conversión es un proceso comunal que afecta todas las áreas de la persona. 

Finalmente permítame mencionar a Ronald D. Witherup en su articulo “Conversión en el Nuevo Testamento”, quien nos presenta un estudio a lo largo del Nuevo Testamento para demostrar que la conversión es un acto de Dios (una revelación del Reino de Dios) pero requiere una respuesta humana de cambio y brindar total obediencia a Dios, para que la nueva creación (la adopción) pueda tener lugar, algo muy wesleyano. Primero, Witherup presenta la conversión como llena de implicaciones sociales, allí la razón para su comprensión como un proceso que trae revitalización y fortaleciendo de la fe de la persona. Segundo, a lo largo de las Escrituras, se encuentran muchos tipos diferentes de experiencias de la conversión. Tercero, la complejidad de la conversión nos exige diferentes formas de usar la variedad temas bíblicos. Cuarto, la conversión, por su naturaleza comunal, requiere ritos de iniciación (el bautismo) y eso refuerza el cambio que la nueva persona ha experimentado, y da testimonio que tal cambio es lo que hace a la evangelización tener un lugar. 

Por ejemplo en el Antiguo Testamento, el significado principal de conversión tiene que ver con un volverse hacia Dios, un cambio inmenso en la vida de la persona. La forma nominal de la palabra se usa veintidós veces en el Nuevo Testamento y siempre en singular, en lugar de la forma plural. Este uso da énfasis a la conversión como un proceso en lugar de una acción única y para siempre. La forma verbal frecuentemente se encuentra en los contextos imperativos, mientras ilustra la exhortación a la conversión (1994:19). 

El cambio que produce el Espíritu al brindar salvación en la persona genera un cambio constante y radical que es difícil de explicar en una formula que funcione para todos. Entonces que podemos concluir:

(1)  Todos somos diferentes, todos somos transformados de forma diferente, y el discipulado requiere esa adaptación; pues el Espíritu trabaja en nosotros de forma muy peculiar. En las Escrituras hay muchas maneras como se explica que puede darse la conversión, si hay varios aspectos como el hecho de que se da en medio de la comunidad de creyentes por la labor del Espíritu.

(2)  La conversión es un proceso en lugar de simplemente un solo evento. La salvación es todo un florecimiento que va tomando lugar, es un proceso. Esto puede implicar que la evangelización es esa profesión a la conversión, mientras que el discipulado es un compartir de la conversión como proceso en comunidad donde los creyentes crecen en la fe. Por ejemplo, el libro de los Hebreos el arrepentimiento toma un sentido de exhortación al crecimiento espiritual y la madurez (Hebreos 6:1-6) y en un contexto de exhortación contra las palabrerías de los apóstatas que se estaban separando de la fe. En la epístola de Santiago hay un sentido de responsabilidad comunal entre sí en la conversión, y presenta la salvación como algo mutuo. Es decir, esa exhortación mutua, de ayudarnos mutuamente a volver o fortalecernos a la fe nos ayuda en nuestra salvación; algo que se da en los grupos pequeños metodistas.

Esto implica la conversión como un proceso, y el papel importante de la comunidad de creyentes en el tal proceso. La iglesia es el cuerpo visible de Cristo en el mundo, es ahí donde aprendemos a vivir la vida de una manera radical contra los valores del mundo. El discipulado es lo que ayuda a entender la conversión como un proceso, la salvación que empezamos a disfrutar como nuevas criaturas en Cristo en el aquí y el ahora. Un discipulado que motive a vivir en comunidad donde las personas están en continuo crecimiento se hace necesario para entender las obras de gracia. Grupos pequeños metodistas, como las Reuniones de Clase, proveen la oportunidad para que en pequeñas comunidades el Espíritu siga convenciendo de pecado y guiando en santidad a la persona. Por tanto, necesitamos que el discipulado en Grupos Pequeños sea un requisito y no una opción para los creyentes, pues la conversión es un proceso no una experiencia momentánea y final.

Notas:

[1] ¿Cuál es esa contestación apropiada a las buenas nuevas de salvación? Lucas en su evangelio contesta a esta pregunta con una serie de posibilidades - por ejemplo, creer, bautismo, volverse a Dios, escuchar, arrepentirse, y así sucesivamente - sin presentar un modelo particular de respuesta como algo paradigmático. Nunca hay una formula.
   
[2] Recordemos de la influencia tan fuerte que tienen los medios de comunicación cristianos en nuestro medio. Es decir, aun si la iglesia local no impone ninguna regulación legalista, los medios de comunicación lo pueden hacer.

Sobre el autor:
El Dr. Osías Segura es un misionólogo costarricense. Osías, después de cinco años de enseñanza en el Seminario ESEPA en Costa Rica, se trasladó a California donde fue profesor del Seminario Teológico Fuller. En la actualidad está radicado en Nicaragua como misionero de la General Board of Global Ministries.



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