La comodidad de la opresión | Por Nicolás Panotto

Imagen: Pixabay
Hoy me preguntaba: ¿cómo puede ser que existan personas que legitimen y apoyen proyectos políticos que promueven la violencia, que perjudiquen al pueblo para beneficiar a los ricos, que vea la pobreza como una estadística aleatoria, necesaria e inevitable? Y recordé la queja del pueblo de Israel cuando peregrinaba por el desierto luego de su liberación de la opresión del Imperio por la intervención divina: “Y el pueblo de Israel también comenzó a quejarse: «¡Oh, si tuviéramos un poco
de carne! —exclamaban—. Cómo nos acordamos del pescado que comíamos gratis en Egipto y teníamos todos los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos que queríamos. ¡Pero ahora lo único que vemos es este maná! Hasta hemos perdido el apetito» (Número 11.4-6) Demás está decir que esto sobre lo que el pueblo alegaba, no era más que una ilusión. El reclamo no partía de algo vivido realmente sino de una fantasía construida desde la incomodidad de un presente conflictivo: el desierto. Preferían vivir en esa ilusión antes que afrontar la liberación.

Si algo ha logrado el neoliberalismo, ha sido instalar la comodidad del consumo en la clase media, donde el pueblo se siente tranquilo mientras tenga acceso a lo que supuestamente los hace ciudadanos completos y plenos. Pero no es sólo una imposición mediática, sino un marco de sentido que apela a la elección de cada individuo. No nos quedemos únicamente con la culpa a los medios, los gobiernos, las multinacionales. Aquí se juegan cosas más complejas y cotidianas: elecciones y posiciones. Que los ricos sigan haciendo de las suyas (cosa que se afirma con cierto tono de admiración heroica) y que los pobres se jodan (en este caso, el tono es más de desprecio e indiferencia): total, yo estoy bien en mi lugar porque “me lo gané” ¿Luchar para terminar con las dinámicas de opresión, que al mediano plazo nos llevarán inevitablemente a la debacle y que en el camino se carga a millones de pobres? No, gracias. Prefiero mi pequeño mundo feliz. Eso sí: lucharé con fanatismo frente a cualquier idea, persona, modelo, que se atreva a desestabilizarlo. Nadie me saca de mi lugar de comodidad… dentro del imperio.

El juicio sobre Israel fue que una generación se extinga. Pero al final ni eso funcionó. Aprendamos la lección.


Sobre el autor:
Nicolás Panotto es Director general del Grupo de Estudios Multidisciplinarios sobre Religión e Incidencia Pública (GEMRIP) Licenciado en Teología por el IU ISEDET, Buenos Aires. Doctorando en Ciencias Sociales y Maestrando en Antropología Social por FLACSO Argentina. 



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