Jesús, un desplazado | Por María Alejandra Andrade


Foto: Refugee camp. Flickr.com/María Salamanca. CC BY-NC 2.0
Debo confesar: esta Navidad me ha sido particularmente un poco más difícil conformarme con que Navidad sea un tiempo de compartir en familia, mostrarnos afecto y desearnos unos a otros amor y paz. Me ha costado mucho dejar de pensar en tantísimas personas para quienes deseos tan comunes en esta época como "unidad", "paz" y "amor" les son negados. Uno de ellas son las personas desplazadas, de quienes escuchamos de vez en cuando en los medios de comunicación. ¿Qué puede el nacimiento de un niñito en la sencillez de un pesebre significar para las familias que fueron evacuadas esta semana en Alepo; o para los papás que están haciendo su mejor esfuerzo por proveer calor y comida a sus hijos en los campamentos de refugiados repartidos por Europa; o para los niños y niñas en estado de desnutrición crónica en Yemen; o para las mamás en Centroamérica que huyeron de las maras junto a sus pequeños hijos, exponiéndose a todo tipo de violencia?

Por eso, en esta navidad me ha servido recordar que, desde siempre, Dios ha mostrado su opción especial por las personas excluidas y los desplazadas; la llegada de Jesús no fue la excepción. No solamente que los protagonistas del nacimiento de Jesús fueron una pareja sencilla, y quienes recibieron el anuncio de primera mano fueron pastores pobres y extranjeros (los Sabios del Oriente); sino que Jesús mismo encarnó la realidad del desplazamiento. En efecto, si hay alguien que supo lo que era nacer "en el camino" y en condiciones precarias fue Jesús (su mamá y papá tuvieron que viajar más de 110 km en burro y encontrar que no había espacio para pasar la noche). Poco después, cuando Herodes quiso asesinarlo, Jesús vivió en carne propia la persecusión, la pérdida de sus pares (porque también mandó a matar a todos los niños menores de 2 años) y el exilio en Egipto. La Biblia resume en pocos versículos lo que seguramente significó momentos muy duros para Jesús y su familia.

Jesús nace "en el camino" (on the move) y, al hacerlo, se identifica con quienes huyen para vivir. El plan salvífico de Dios para la humanidad se gesta, pues, en la incomodidad de un burrito, en la precariedad de un refugio, en la angustia de la huida y en la incertidumbre de un nuevo lugar; realidades de, al menos, 65 millones de personas en el mundo según la agencia de la ONU para los refugiados.

Así pues, siendo que el mismo Jesús se identificó de manera tan profunda con las personas que viven la realidad del desplazamiento por causa de persecusión política, pobreza, violencia o cambio climático, quisiera proponer que, en medio de las festividades y el tiempo familiar, dejemos un espacio para identificarnos nosotros también con esta realidad, hoy tan latente y tan urgente. Estar lejos sigue sin ser excusa suficiente para no solidarizarnos: podemos orar, donar, informar, abogar por políticas más inclusivas y solidarias con los extranjeros y migrantes en nuestros países u optar por prácticas menos consumistas y más amigables con el medio ambiente. Si bien es cierto que hay cambios que solamente ocurrirán a nivel político, hay muchos otros que solamente pueden ser el fruto de decididos cambios individuales. ¡Hay tanto que debemos hacer!

¡Por una navidad más inclusiva y solidaria, y un 2017 determinados a poner nuestro grano de arena!

"En medio de todas estas desgracias en el mundo... cuando nace un niño es señal de que Dios todavía cree en el ser humano" - Leonardo Boff

Sobre la autora:

María Alejandra Andrade, ecuatoriana, es socióloga de base con más 10 años de experiencia en desarrollo integral, derechos de la niñez e incidencia pública. Cuenta con una Maestría en Estudios Internacionales sobre Infancia de la Universidad King's College London y una Maestría en Gerencia de Proyectos y Estudios Superiores en Cooperación Internacional, Desarrollo Sostenible y Teología.

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