Una meta para el 2017: Estudiar la Palabra con mayor profundidad | Por Juan Stam

¡Qué bueno sería que este año fuera tu inicio en el estudio de la Palabra de Dios más a fondo!

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Es importante darnos cuenta de que hay diferentes tipos de "lectura" de cualquier libro. Leo una novela o un libro de poesía, por ejemplo, por el simple placer de su lectura. De muy otra manera leo un texto de química o de teología, y de una manera parecida, pero con importantes diferencias, un libro de historia. Esos tipos de lectura requieren más cuidado, más atención y más análisis.

Hay también diferentes niveles de lectura de la Biblia. Sin duda, el nivel más común, y con el que todo cristiano comienza su experiencia bíblica, es la lectura devocional o inspiracional. En este nivel, leemos la Biblia en busca de alimento espiritual personal, de frases y promesas que nos animan y textos que nos fortalecen. Un segundo nivel, en que queremos entender mejor nuestra fe, es el de la lectura doctrinal de la Biblia. Aquí buscamos versículos, o mucho mejor, pasajes, que aclaran las verdades de nuestra fe. Otra lectura, poco atendida pero de hecho muy importante, es la lectura histórica, que descubre a través de toda la Bibla la larga historia de la acción de Dios para nuestra salvación. Idealmente, todas estos niveles de lectura deben regirse por el enfoque exegético, que busca en todo momento, hasta dónde sea posible, descubrir el mensaje original que el autor inspirado comunicaba a los receptores de la Palabra.

¿Dios de reconciliación o Dios de temor? | Por Alexander Cabezas

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Quizás el juicio más insólito -o el ardid política más creativo- para evidenciar la total desaprobación de la religión por parte de un Estado; fue la vez que Dios fue juzgado. Esto ocurrió un año después del triunfo de la Revolución Rusa, el 16 de enero de 1917. Este juicio inverosímil, contó con todos los detalles legales para asegurar un proceso verosímil: los fiscales, las pruebas, los abogados defensores… Era evidente, se estaba juzgando “al Dios de los cristianos”, pues se colocó en el banquillo de los acusados una Biblia (no sabemos si era una versión Reina Valera).

Después de cinco horas de deliberación, el tribunal declaró culpable a Dios de los cargos que se le acusaba por ¡genocidio y crímenes contra la humanidad! Una fría mañana del 17 de enero de 1918, a las 6.30, se escucharon algunas ráfagas contra el cielo de Moscú, ¡la sentencia había sido ejecutada!

La misión (integral) en su laberinto: algunas notas para una teología (pos)misional | Por Isaac Palma

Un joven periférico en el reino de la misión integral 

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Nada parece más absurdo que un rico convencer a un pobre que existen injusticias sociales. Los discursos aprisionados en sus sitios de poder dispersan lógicas y accionan símbolos. El convencimiento, polisémico, inserta alguien en un nuevo mundo, pero las ideas son siempre indomables y nadie puede coordinar sus efectos.

Una iglesia llena de jóvenes, un lenguaje totalmente nuevo para mí. Un paradigma que se anunciaba de una perspectiva totalmente nueva. Aquel que enuncia un mensaje, a veces, condensa en si ciertos aspectos del mismo mensaje, un joven pastor jugaba con ciertos símbolos, y exprimía para su audiencia un mensaje que alcánzame, proclamaba con algunas palabras difíciles que el Reino de Dios era una dimensión también existencial. El “ya y el todavía no” declamaba con contundencia necesaria. Yo con mis amigos, quedámonos boquiabiertos con tal novedad que cayó delante nosotros.

“Se destapó la olla”: ¿qué hacemos con la misión integral? | Por Nicolás Panotto

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Como bien dijo Érika Izquierdo, después de las Cavilaciones de Harold Segura dirigida a los Padres de la Misión Integral (MI) y las reacciones que suscitó, no hay vuelta atrás. “Se destapó la olla”, como se suele decir ¡Y bienvenido sea! ¡Ya era hora! Como bien se ha mencionado, las palabras de Harold no representan algo nuevo ya que muchos/as venimos hablando, dialogando y compartiendo ideas similares. Pero estamos en una coyuntura singular, un “signo de los tiempos” que hace que la situación requiera de un giro radical, ya que dichos cuestionamientos no devienen de ningún vicio por la abstracción sino que emerge de las mismas tripas de la indignación sobre lo que está sucediendo con la iglesia evangélica en el continente.

Carta abierta a Harold Segura | Por C. René Padilla

Respuesta a la carta abierta de Harold Segura “Cavilaciones públicas ante mis maestros”

C. René Padilla
Confieso que no deja de sorprenderme que, en vista de los largos años de la amistad que te une tanto a mi como a Samuel Escobar, Juan Stam, Valdir Steuernagel, Tito Paredes y Pedro Arana, hayas elegido escribirnos una carta abierta sobre un tema escabroso como el que enfocas en ella. Tildo de “escabroso” a este tema porque tiene que ver con la “mentalidad conservadora y pensamiento político reaccionario” de un importante sector del pueblo evangélico. De este pueblo al cual amamos, con el cual nos identificamos y al cual queremos servir pastoralmente, a pesar de las duras críticas que nos hace porque no compartimos el conservadurismo político que tanto afecta su comprensión de la misión profética de la iglesia. ¿No hubiera sido mejor invitarnos a dialogar sobre este tema, con miras a encontrar maneras más efectivas de romper la barrera que nos separa de ese sector dominado por “púlpitos amenazantes, sermones manipuladores y predicadores con elocuentes intenciones políticas”?

Despierta, Neo... Acojonamientos, osadías y delirios provocados por la Carta de Harold Segura “Cavilaciones públicas ante mis... | Por Erika Izquierdo Paiva


Al parecer, Harold Segura decidió tomar la píldora roja [1]. Y por todo lo que se ha desatado desde que su artículo salió publicado,  la “Matrix” de las últimas versiones de la Misión Integral ha quedado en evidencia, y no existe retorno.

Por supuesto ya han aparecido, y seguirán apareciendo, los discursos de negación de las y los adictos a la píldora azul. Pero otros, agradecemos a todos los mártires evangélicos de que sea nuestro hermano Harold, al fin, el que se haya animado a levantar públicamente algunas preguntas.

Aunque significativo, lo que despunta en su carta abierta, no es una primicia. Dentro, pero sobre todo desde los márgenes donde se ha bebido con emoción y gratitud de la Misión Integral, muchos han dicho esto antes recibiendo, de los “Agentes Smith” de nuestra Matrix, la correspondiente distinción bíblica para los profetas incómodos: pedradas.

Cavilaciones públicas ante mis maestros | Por Harold Segura

Carta abierta a René Padilla, Samuel Escobar, Juan Stam, Valdir Steuernagel, Tito Paredes y Pedro Arana. Fraternidad Teológica Latinoamericana.
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Queridos René, Samuel, Juan, Valdir, Tito y Pedro,

Estoy preocupado. A lo mejor ya conocen mis motivos. Sí, es por mis hermanos y hermanas de las iglesias evangélicas en América Latina. ¿Ya supieron lo que pasó en Colombia? La mayoría votó en contra del plebiscito del pasado 2 de octubre porque, según ellos, de esa manera defenderían a la familia tradicional, detendrían las huestes ateas del comunismo castro-chavista e impedirían la impunidad en los acuerdos entre el gobierno y las FARC-EP. Así es, mis amigos. A las iglesias les importó más la defensa del modelo de familia y otros temas atenientes a su presencia pública y política que la salida negociada a un conflicto que nos ha costado 8 millones 100 mil víctimas, 225 mil homicidios, 87 desaparecidos y más de 7 millones de desplazados. Lo hicieron con corazón sincero. Ustedes y yo somos pastores y conocemos lo que motiva a nuestra gente más sencilla. No juzgo su sencillez espiritual, sino su inocencia política.  

"Hay que cuidar el cuerpo" 1 Corintios 12. 12-27 | Por Cristian Cabrera

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Lo más propio de cada uno de nosotros no son nuestros bienes materiales, ni el dinero, ni la casa en la que habitamos, ni la ropa que llevamos puesta. Lo más propio de nosotros es el cuerpo. Por eso lo cuidamos y procuramos sentirnos bien con el, evitamos dañarlo o que alguien le haga daño. No permitimos que nadie sin nuestro permiso lo toque. En la cultura occidental, el cuerpo es el lugar donde situamos la individualidad. El cuerpo que tenemos o que somos nos distingue de la otra persona, los rasgos físicos, la forma de caminar, las expresiones corporales, todos estos aspectos hacen a la persona distinta y única, pero también son una herencia, las marcas que revelan que provenimos de un padre y una madre, de una cultura y un mundo particular. En occidente el cuerpo es el lugar que separa a un individuo de otro, separación y autonomía. Esta idea es la más dominante en nuestra sociedad.

Pablo utiliza la metáfora del cuerpo para explicarnos no sólo qué es la iglesia, sino, principalmente, cómo debe funcionar. Antes de entrar a este pasaje se hace necesario tener alguna idea de cómo es la iglesia a la que Pablo escribe este mensaje.

La ciudad de Corinto se encontraba en Grecia, era uno de sus puertos. Estaba compuesta por ciudadanos provenientes de distintos lugares lo que acentuaba el carácter cosmopolita de sus habitantes. Esta diversidad social y cultural caracteriza al grupo que compone la iglesia de Corinto. La mayoría de la gente que había llegado a vivir a la ciudad era económicamente modesta pero rápidamente se enriqueció. Estos emergentes acaudalados forman parte también de la iglesia al igual que gente pobre y humilde que se habían convertido al evangelio de Jesús. Los conflictos en la iglesia surgen rápidamente motivados por la falta de comprensión de esta diversidad social y cultural e incluso religiosa, que hacen la vida en la iglesia muy difícil.

Hacia una Cristología de la solidaridad (encarnación, crucifixión y resurrección como solidaridad) | Por Juan Stam

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Introducción

En la teología sistemática, mayormente bajo el capítulo de Soteriología (doctrina de la salvación), se suele incluir el tema de "nuestra identificación con Cristo" y también, de unos con otros en el cuerpo de Cristo. Escritores devocionales lo describen como nuestra "unión mística" con Dios en Cristo. En estas charlas, queremos interpretar esa "identificación" y "unión" con el término más contemporáneo de "solidaridad". Lo estudiaremos en torno a tres de los momentos principales de la Cristología: la encarnación, crucifixión y resurrección del Hijo de Dios.

Por un lado, vamos a afirmar que la persona y la obra salvífica de Jesucristo tienen importantes implicaciones para nuestra vida y compromiso hoy. Cuando los grandes momentos cristológicos se entienden como solidaridad, se convierten en exigencias de solidaridad para nosotros hoy en América Latina.

Por otro lado, trataremos de demostrar que esos tres momentos se entienden mejor desde la perspectiva de la solidaridad. De hecho, la cruz no se entiende, o se entiende mal, sin este enfoque decisivo. La encarnación y la resurrección también (como igualmente el Pentecostés) encuentran su sentido más profundo cuando se interpretan como actos de solidaridad.

En otras palabras, la Cristología nos ayuda a entender la solidaridad, y la solidaridad nos ayuda, y mucho, a entender la Cristología.

I. La Encarnación como motivo y modelo de solidaridad (Jn 1:14)

El prólogo del cuarto evangelio se mueve sobre tres ejes: "el Verbo era Dios" (1:1), "el Verbo fue hecho carne" (1:14), y "el Hijo unigénito... nos lo ha dado a conocer" (1:18). El pasaje plantea la encarnación del Verbo como la máxima revelación de Dios; conocemos al Dios invisible en una vida de carne y hueso. En las palabras de Heb 1:1-2, Dios culminó su proceso de auto-revelación cuando "nos habló en hijo" (elalêsen hêmin en huiô).

Jesús, un desplazado | Por María Alejandra Andrade


Foto: Refugee camp. Flickr.com/María Salamanca. CC BY-NC 2.0
Debo confesar: esta Navidad me ha sido particularmente un poco más difícil conformarme con que Navidad sea un tiempo de compartir en familia, mostrarnos afecto y desearnos unos a otros amor y paz. Me ha costado mucho dejar de pensar en tantísimas personas para quienes deseos tan comunes en esta época como "unidad", "paz" y "amor" les son negados. Uno de ellas son las personas desplazadas, de quienes escuchamos de vez en cuando en los medios de comunicación. ¿Qué puede el nacimiento de un niñito en la sencillez de un pesebre significar para las familias que fueron evacuadas esta semana en Alepo; o para los papás que están haciendo su mejor esfuerzo por proveer calor y comida a sus hijos en los campamentos de refugiados repartidos por Europa; o para los niños y niñas en estado de desnutrición crónica en Yemen; o para las mamás en Centroamérica que huyeron de las maras junto a sus pequeños hijos, exponiéndose a todo tipo de violencia?

Por una Navidad con sentido | Por Víctor Rey

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Hoy la Navidad sufre una gran distorsión en su real sentido. Cuando pensamos en la Navidad inmediatamente vienen a nuestra mente Santa Claus o el Viejito Pascuero, los regalos y toda la fiebre consumista que se forma en torno a esta festividad. Urge hoy encontrar el verdadero sentido y compartirlos entre los cristianos y cristianas y vivirlo con los más empobrecidos, los más vulnerables y los que se encuentran sin esperanza.

Estamos viviendo el tercer milenio, las expectativas y la realidad de nuestro pueblo, siguen estando marcadas por los signos de la anti- vida y por ende de los anti- valores del anti-reino. Las profundas desigualdades sociales, las contradicciones socio económicas y la desesperanza de los más necesitados están marcando el paso de los inicios de este tercer milenio en latinoamericano.

La experiencia de los pastores en la fría noche de navidad vuelve a convertirse en una realidad para nosotros y nosotras hoy. Nuestro mensaje y acción pastoral debe estar cargada de mucha esperanza. El pueblo latinoamericano desea escuchar buenas noticias, noticias que construyan, estimulen e impulsen la vida plena. Hoy queremos escuchar las buenas noticias que sean de gozo para todo el pueblo. Pero esa noticia ya se ha echado a rodar por nuestra América que proclama “hacer nuevas todas las cosas”. Así avanzando contra las tinieblas, la luz verdadera sigue su curso fulgurante que nada ni nadie puede detener. De esta manera conciben los autores bíblicos el anuncio del Evangelio de Jesucristo por los caminos del Mundo. Pablo habla de la dinamita de Dios de la cual él no se avergüenza. Juan habla de la “luz que brilla... y la oscuridad no ha podido apagarla”. Lucas narra la épica de un avance incontenible contra viento y marea, en el mundo greco-romano del siglo I.

El Dios que quiso ser bebé (Una meditación navideña) | Por Juan Stam


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Para los que creemos profundamente en la deidad de Jesucristo y estamos convencidos de que él era (y es) Dios, nos resulta algo difícil reconocer también su plena humanidad. La primera herejía cristológica, que el Nuevo Testamento asocia con el Anticristo, es la de negar que Jesucristo ha venido en carne (1 Jn 4:3; 2 Jn 7). Aunque nos pueda parecer muy espiritual y santo exagerar exclusivamente el carácter divino de Jesús y minimizar o negar su humanidad, y muchos tenemos algo de esa tendencia, de hecho es un error gravísimo. El Nuevo Testamento enseña que Jesús es tan Dios como el Padre, pero también tan humano como cualquier de nosotros. De hecho, más humano, porque no tenía nada del pecado que nos deshumaniza a nosotros.

Cuando Juan 1:14 declara que "el Verbo fue hecho carne", al escoger la palabra "carne" enseña en una forma muy enfática la plena identificación de Cristo con nuestra humanidad. El término "carne" sugiere nuestra debilidad como seres humanos, nuestra vulnerabilidad y aun nuestra inclinación hacia el pecado. Y esa es la naturaleza humana que el Verbo eterno quiso asumir al nacer entre nosotros. No nació con alguna naturaleza humana privilegiada, inmune a la tentación y las angustias de nuestra vida humana, como una especie de "Superman" o ángel divino que sólo aparentaba ser humano. Él era realmente humano, era "carne".

Carne, ¿qué te hiciste? Pregunta teológica en Navidad | Por Harold Segura

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En Navidad celebramos la Encarnación de Dios:

“Y la Palabra se encarnó y habitó entre nosotros; y vimos su gloria, la que le corresponde como Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad”. (Juan 1:14 La Palabra-BLP)

Y, según el Evangelio de Mateo, el nombre del niño que nació es Emmanuel, que significa Dios con nosotros (Mateo 1:23). Son relatos henchidos de carne, de la carne bajo la cual Dios decidió visitarnos y hacerse como uno de nosotros. Porque al Creador no le bastó dialogar con sus criaturas, sino que quiso hacerse igual a ellas y experimentar “en carne propia” la humanidad que había creado.
 
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