Felipe Campos, un joven evangélico asesinado el 11 de septiembre de 1973 | Por Josué Fonseca

Felipe Campos Carrillo
Felipe Porfirio Campos Carrillo era un joven que vino becado a Chile desde Guayaquil, Ecuador, para estudiar Kinesiología en la Universidad de Concepción en Marzo 1973 proveniente de una familia de profunda raíz evangélica. Junto a su amigo Jimmy Torres murió por torturas el 20 de Septiembre de 1973 en la Cuarta (hoy Primera) Comisaría de Carabineros de Concepción, Salas esq. San Martín.

Yo estuve con él el mismo día martes 11 de Septiembre al mediodía, compartimos una manzana en la esquina del hospital regional. Me contó que escapó desde su cabina (las residencias estudiantiles) por los cerros junto a otros estudiantes, bajó a la ciudad por Agüita de la Perdiz y volvió al centro. No sabía qué hacer. Le sugerí irse a la casa de la familia Salamanca y así lo hizo.

En 1990 empezamos a poner su caso en la Comisión Rettig, la que finalmente consignó lo siguiente:

El 20 de septiembre de 1973 fueron encontrados en la ribera sur del río Bio-Bio los cuerpos sin vida de Felipe Porfirio CAMPOS CARRILLO , 23 años, estudiante de Kinesiología y Freddy Jimmy TORRES VILLALBA , 19 años, estudiante de Ingeniería, ambos de nacionalidad ecuatoriana. Los cadáveres presentaban múltiples heridas de bala. La prensa local tituló; "Hallan a dos extremistas acribillados a bala". Un diario nacional, por su parte, señaló el 28 de septiembre de l973 que ambos jóvenes no eran "extremistas, pero que vivían con elementos que sí lo eran y que habrían sido víctimas de una venganza política". A través de testimonios verosímiles, esta Comisión ha podido acreditar que ambos estudiantes estuvieron recluidos en la Cuarta Comisaría de Carabineros de Concepción.

Así, a esta Comisión le asiste la convicción que Felipe Campos y Freddy Torres fueron ejecutados por agentes del Estado, quienes violaron su derecho a la vida. Se funda tal convicción en el hecho cierto de sus muertes por múltiples heridas a bala; en que está acreditada su reclusión en manos de Carabineros; y en el uso a nivel nacional de procedimientos similares con ciudadanos extranjeros residentes en el país y la existencia de varios hechos de la misma naturaleza en esta zona”. Informe Rettig.

Nos movilizamos junto a algunos profesionales evangélicos como Abel Contreras, Asistente Social quien trabajaba en laVicaría de Concepción, y el abogado Álvaro Rodríguez. La familia Campos me dio amplios poderes legales para representarles, y exigimos justicia. El caso se llevó a la corte de Coronel. Conversamos con el Juez de Apelaciones Sr. Carlos Aldana. Los imputados fueron el Coronel de Carabineros Fernando Pinares, los capitanes Sergio Arévalo Cid y Alex Graft, y el teniente Roberto Ricotti. Todo esto se puede leer en memoriaviva.com Los nombres de Felipe y Jimmy también se leen en el Memorial del Cementerio General en Santiago. La Vicaría de la Solidaridad de Concepción, con Abel a la cabeza, hizo gran parte para que este caso ingresara a la Comisión Rettig.

La Ley de Reparación 19123 se tramitó por tres años lográndose una indemnización y pensión vitalicia para su madre, Sra Ruth Falquez vda de Campos. Conversamos con la familia Torres, pero ellos quisieron hacer la defensa por su lado. El 26 Junio de 1995 organizamos un Acto de Reparación del Buen Nombre, como dice la Ley, que se efectuó en Miguel Claro 614, Providencia con asistencia del exPresidente Patricio Aylwin, varios diputados y de David Campos, un hermano que vino del Ecuador, quien recibió los beneficios de manos de don Patricio, lo que fue registrado por la prensa. Aquel día, el pastor Guillermo Catalán hizo la oración de perdón y reconciliación.

Volviendo a los hechos. Les sugirieron a Felipe y Jimmy que se fueran a Los Ángeles, a casa de Joel Salamanca, y allí Felipe cometió un error. Volvió a su cabina para buscar ropas, sacó sus cosas y se fue, sin saber que le seguían. Ambostomaron el bus Igillaima hacia Los Ángeles, y en el control de Chaimávida los bajaron. Fueron llevados a la Cuarta Comisaría de Carabineros.

El cuerpo de Felipe fue reconocido en la morgue por su hermano José quien estudiaba cuarto año de medicina, y velado en el templo de la Primera Iglesia Bautista de Concepción, iglesia a la que Felipe pertenecía. El pastor Luis Mussiett Canales (ya fallecido) recibió amenazas para no efectuar los oficios en el templo, pero él respondió: “este joven era de los nuestros, ésta es su iglesia, y el funeral se hace aquí, no se hable más”.  José su hermano, la iglesia toda, y universitarios evangélicos participamos de los servicios fúnebres con los ojos llenos de lágrimas. Testimonio gráfico del funeral se encuentra en el diario La Crónica de la época. El Diario El Sur no se quiso comprometer y no publicó el caso. Dado que Felipe era integrante del GBU, Grupo Bíblico Universitario de Concepción, los dirigentes del GBU hicimos una declaración pública repudiando este crimen porque él era un joven evangélico. La Crónica publicó la carta, El Sur otra vez se restó.

Los cuerpos de Felipe y Jimmy fueron encontrados en Boca Sur, baleados con calibre de guerra, partidos por la mitad y sin sangre, lo que daba cuenta que habían muerto en otro lado. Las balas fueron disparadas desde menos de un metro a cuerpos ya muertos para crear un falso escenario. El cuerpo de Felipe tenía huellas de quemaduras de cigarrillos, de torturas por electricidad y múltiples hematomas y balas en el cuerpo y una en la nuca.

El Embajador del Ecuador, un exmilitar, telefoneó a casa de los Campos en Guayaquil para informar de la muerte del hijo, y les hizo conocer que el gobierno militar no autorizaba la repatriación del cuerpo, sino solamente de sus cenizas. La familia de nueve hijos reunida oía las palabras del Embajador, el padre de familia, Don Felipe, se desmayó. Ellos debían decidir, o se sepulta en Chile o se incinera. La familia le pidió un momento al Embajador, se tomaron de las manos, oraron a Dios, y llorando contestaron “que lo incineren porque lo queremos tener con nosotros”. Y así se hizo, bajo la mirada cómplice del Embajador.

Felipe era un joven lleno de vitalidad que había jugado profesionalmente por el club de futbol Barcelona del Ecuador, y quería ser Kinesiólogo deportivo. Era fiel miembro de nuestra iglesia, a la cual siempre asistía acompañado de Jimmy, su compatriota. Felipe nos enseñó una canción: ‘Oh que amor, que inmenso amor, el de mi Salvador”, con una desafinación tal que nos hacía reír por lo mal que cantaba. Era estudioso, y amigo de todos. No fallaba a las reuniones de oración del GBU en el campanil al mediodía, y a las actividades cristianas universitarias y al grupo de jóvenes de la iglesia. Cuando supimos de su asesinato nos sentimos devastados, porque nosotros también teníamos 20 años.

¿Qué aprendimos? Que la crueldad y la maldad humana no tienen límite, que los hijos de Dios no estamos exentos, que no tenemos que olvidar un pasado que nunca más se puede volver a repetir, que no debemos abandonar a los nuestros, que debemos siempre defendernos unos a otros, que decir la verdad es parte de la justicia, que el mal no prevalecerá contra los hijos de Dios, y que Dios pagará a cada uno según su justicia, porque ‘el Señor conoce el camino de los justos, mas la senda de los malos perecerá”, Salmo 1:6.

Unos años atrás la Fundación Guayasamín llamó a la familia para preguntarles sobre sus sentimientos. La familia Campos contestó: “Nosotros ya perdonamos a los asesinos”. Ésta fue otra lección… que aún estamos aprendiendo.

Sobre el autor:
Josué Fonseca Molina es chileno, miembro de la Fraternidad Teológica Latinoamericana y Pastor de la Primera Iglesia Bautista de Concepción, Chile. Es Asistente Social por la Universidad de Concepción, egresado del Seminario Teológico Bautista y estudios de posgrado en Teología en Canadá.  Por 30 años fue profesor del Seminario Teológico Bautista de Santiago, donde también fue decano de esta institución.  El pastor Josué tiene una amplia experiencia ministerial en Chile, Canadá y España.

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