El ministerio que Dios nos ha dado | Por Oscar Fernández



En los últimos tiempos se ha dado un debate respecto a la existencia del controversial ministerio apostólico, y sobre el orden jerárquico que ostentan quienes pretenden utilizar este título dentro del liderazgo.  Incluso, he escuchado que al parecer, ahora encontramos una nueva figura ministerial llamado: “Padre Espiritual”.  Estos creen que pueden estar por encima de los apóstoles. En otras palabras, brindan cobertura y son los “apóstoles de apóstoles”. Sin embargo, no es mi intención unirme a ese debate (aunque ganas me sobran), si no animar la reflexión basado en lo que encontramos en Dios y en su Palabra.

Normalmente cuando se analizan estos temas, nos dirigimos a los pasajes de Efesios 4 ó 1 Corintios 12, que nos muestra una lista de dones y ministerios. Podemos afirmar que estos ministerios existen desde la perspectiva divina, pero me parece que estamos olvidando el propósito por el cuál fueron dados y nos hemos apropiado de estos como si fueran de nuestra posesión. 


Pero si somos buenos estudiantes de La Palabra, nos daremos cuenta que estos pasajes fueron escritos en un contexto de unidad.  Tanto en el caso de 1 Corintios, como en el de Efesios, se hace una referencia directa a la unidad, la fuente de esos dones es uno, y la intención también es única: “perfeccionar a los santos para la obra del ministerio.

Mi propuesta es que tengamos un acercamiento al texto; primeramente a 1 Corintios 12.1, la Reina Valera dice: No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones espirituales. Traducción que desde mi opinión está mal planteada, porque en este texto en su versión griega, no aparece la palabra: “Dones” y la que aparece es: pneumatikon (pneumatikw/n), debiendo traducirse correctamente: “No quiero, hermanos que ignoréis acerca de los asuntos espirituales”. 

Debemos recordar que uno de los motivos por los cuales Pablo escribió a los corintios era para ayudarles a enfrentar sus problemas de divisiones y confusión existentes en la comunidad.  El desea tratar asuntos espirituales, y es hasta el verso 4 cuando hace referencia a los dones, al decir: Ahora bien, hay diversidad de dones.  En este pasaje sí hace referencia a los dones cuando utiliza la palabra: chárismaton (carisma,twn), y habla tanto de la diversidad como de su fuente.

Deseo detenerme en este asunto de los chárismas (carisma,) de Dios reflejados en este pasaje. Si hacemos un análisis de esta palabra, descubrimos que los dones y los vocablos afines, viene cualificado en primer lugar por el motivo por el que se da o por el propósito con que se da. Lo característico no es aquí el acto de dar, que es siempre el mismo (dídomai), sino la intención del donante.[1]

También debemos ser claros que en el contexto bíblico hay varias palabras que se traducen como “don”, una de ellas es döron (dwron), que también se traduce como regalo y otra palabra es chárisma (carisma,) que también se traduce como “don”.

La palabra que aparece en 1 Corintios no es döron, la que aparece es chárismaton (carisma,twn-que se traduce como dones de gracia) que viene de chárisma (carisma,). Cuando hablamos de chárisma, estamos pensando en una palabra que en su etimología surge de charis - gracia (ca,ri,j) y esta se refiere a la gracia divina.  Esto nos indica que es algo que proviene de Dios directamente hacia el hombre, y es de pertenencia divina, esa charis es de Dios, no le pertenece al hombre en si mismo.  Para Pablo esta gracia tiene que ver particularmente con la acción salvadora de Dios en Jesucristo y esa chárisma, capacidad gratuita personal, tiene como reflejo el servicio espiritual para la comunidad, no olvidando que don  involucra gracia (charis) de parte de Dios como el dador, tal como lo afirma el Diccionario Vine del Nuevo Testamento.[2]

Ciertamente Pablo muestra que hay diferentes tipos de dones (chárismas) y también indica que la fuente es la misma, y esta es la trinidad divina, podemos observar incluso algunas pequeñas diferencias a este respecto.  Revisando 1 Cor. 12.1-4, vemos que los dones tienen que ver con el Espíritu, los ministerios (diakoniw/n (algo que abordaré más adelante), tienen que ver con el Señor y diferentes actividades que vienen de Dios, repitiendo tres veces el concepto de unidad reflejada en las palabras “es el mismo” es una indicación que no podemos pasar por alto, el autor sigue haciendo énfasis en la fuente y que ésta, per se, también está unida. El mismo Espíritu, el mismo Señor, el mismo Dios, una hermosa imagen de la trinidad dando esos dones a los hombres.

Entonces, esto nos indica, primeramente que la fuente y el dueño legítimo es Dios, no nosotros como individuos.  Segundo, la intención del autor es que nosotros podamos conocer que así como la fuente es única, los dones son para uso del cuerpo de Cristo, es decir su iglesia y que el cuerpo, como un todo, pueda crecer en el uso de ellos.

Estoy seguro que todos conocemos esto, entonces me preguntó: ¿porqué la iglesia, como cuerpo de Cristo pasa en discusiones con respecto a quien tiene tal don y quien no lo tiene, queriendo tener tal o cual don como si eso implicaría tener una mejor posición espiritual? Parece que nos estamos olvidando de quién son esos dones y para qué son; algo que nos lo aclara el autor en el versículo 7: “Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para el bien de todos”.

Este es el objetivo de los dones o carismas de Dios, el bien de todos, no para que se diga lo especial que puede ser una persona o que escuchemos frases tales como: “como Dios usa a tal persona” o “qué especial es esa persona, ¡cómo le usa Dios!” Convirtiéndose esas palabras en adulación pura hacia quien posee el don y olvidando el propietario de ese don. 

Es probable que estemos haciendo un daño a ese hermano o hermana que es usado por Dios, dándole la posibilidad que el enemigo llene su corazón de orgullo. Debemos recordar que la palabra “dones” en este contexto no se refiere a un regalo u obsequio de parte de alguien, ¡No!, esta palabra habla de la gracia dada por Dios a las personas para el cumplimiento de una labor específica.

Ahora revisemos brevemente el pasaje de Efesios 4, donde Pablo afirma: les ruego que vivan de una manera digna del llamamiento que han recibido” (NVI).  En otras palabras, se debe vivir con la dignidad que produjo el llamado. Creo que podría decirse que la intención del autor es que tenemos que caminar en rectitud, humildad y mansedumbre, como continúa afirmando el texto.

Es interesante notar que Pablo sigue con el tema de la unidad, alienta a guardar la unidad del Espíritu y sigue dando el ejemplo de un cuerpo, mostrando otra vez la idea trinitaria,… un Espíritu, un Señor, un Dios y Padre.  ¡Qué interesante! Otra vez se muestra la unidad de la trinidad en funciones diferentes, pero siempre actuando como uno solo.

Ahora bien, se nos indica en el versículo 7 y 8 que se nos fue dada la gracia (charis-ca,ri,j) conforme a la medida del don de Dios, y dio dones a los hombres.  Cuando leemos la palabra “don” o “dones” en este caso no está usando la palabra “chárismas”, sino que usa la palabra “δωρεά” (doreá) y que ciertamente también se traduce como don o regalo.  Pienso que es un juego de palabras utilizado por el autor, pero dejando claro que por un lado están los regalos dados por Dios, pero por otro lado están los chárismas  que tienen una fuente y una función específica, y ciertamente está haciendo la misma aplicación que se da en 1 Corintios 12.

Continuando con el pasaje, podemos leer el versículo 11 (según R.V.) de la siguiente manera: “Y él mismo constituyó a unos,  apóstoles;  a otros,  profetas; a otros,  evangelistas;  a otros,  pastores y maestros”.  Pero parece que se pierde un poco la idea con la que el autor aborda el tema.  Me parece mejor la traducción que da la versión Dios Habla Hoy, lo traduce de la siguiente forma: “y él mismo concedió a unos ser apóstoles y a otros profetas, a otros anunciar el evangelio y a otros ser pastores y maestros.” Si somos buenos observadores se cambia la palabra “constituyó” por la palabra “concedió” la cual es más apropiada, ya que la palabra que se muestra en su versión griega es “e;dwken” (edoken) que es el verbo indicativo aoristo activo en tercera persona singular del verbo “di,dwmi, [3] (didomi), (que sea un verbo indicativo quiere decir que puede expresarse como un hecho, como una realidad observada o concebida, algo que se dio en el pasado, que sea aoristo implica que es una acción puntual, en un momento particular) que se traduce al español como Él dio, calza mejor con la idea que se viene generando, en otras palabras, se sigue el pensamiento de que es Dios quien da el don, porque le pertenece a Él.

Luego aparece la lista de los dones dados; a unos dio (el don) de apóstoles, a otros (el don) de profetas, a otros (el don) de evangelistas y a otros (el don) de pastores y maestros, lista a la cual no me deseo referir porque no es mi intención abordar la temática, pero si me deseo detener en lo que sigue del pasaje, porque habla del propósito para el cual fueron dados esos dones.

En los versículos 12 y 13 podemos leer: “a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”.  Esto señala el propósito para el cual fueron dados esos dones, primeramente, para perfeccionar a los santos, para la obra del ministerio, luego para la edificación del cuerpo de Cristo y se terminará de realizar esa labor cuando lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, cuando lleguemos a ser los hombres perfectos que cuando comparen nuestra estatura esta deberá ser igual a la “plena estatura” de Cristo.

Ahora veamos un poco más detenidamente el verso 12, y propongo esta paráfrasis: “con el propósito de que através de un proceso de ajuste esto resulte en una preparación completa, equipar a los apartados para Dios para la tarea del servicio para animar al cuerpo viviente de Cristo…”  Entonces, esto nos recuerda que la función de los dones es capacitar, equipar y animar a la iglesia, el cuerpo de Cristo, los santos, para una función específica: ¡Servir!

Veamos la palabra que hace referencia a ministerio; esta proviene de diakoni,aj diakonias.  La palabra servicio y sus derivados, se designa una actividad impuesta por otra persona (esclavo) o voluntariamente aceptada, cuyo provecho o utilidad redunda total o predominantemente en beneficio de la persona o cosa a la que se sirve. El servir se opone al dominar, mientras que la actitud que le corresponde es la humildad del inferior, que se contrapone a la soberbia. El que sirve está en una relación de dependencia y su libertad queda limitada.[4]

En el griego antiguo el diakonos (diacono) es en primer lugar el que sirve a la mesa, esta labor se considera muy humilde y nunca es realizada por personas libres, solamente eran los esclavos quienes ejercían esta labor, la idea implícita de la diakonía. Es inevitablemente la acción de servir como un esclavo, entonces cuando hablamos de nuestro ministerio ¿de qué estamos hablando? ¿De nuestro servicio? ¿Vemos el ministerio como la posición que Dios nos ha dado? Y tomamos la lista dada por Efesios como una jerarquía del servicio, como muchos han querido hacerlo, dando la idea de que los apóstoles están por encima de todos los demás, dejando como un rango menor a los pastores y maestros. ¿Es este el real sentido de lo que el autor de Efesios nos enseña?

Este servicio tiene también un objetivo, que lleguemos a la unidad de la fe. Pregunto; ¿están los “ministros” actuales caminando y dirigiendo a la iglesia hacia ese objetivo?, desgraciadamente me parece que no, pareciera que cada quien está jalando para su propia cosecha, porque cada vez se dan más divisiones y diferencias en cuanto a la fe y esto lo digo en términos generales, porque no se puede negar que hay siervos de Dios que si están tratando de hacer aquello que Dios les ha llamado a hacer.

Tengo un amigo que profesa ser católico y en una conversación que tuve con él me indicó lo siguiente: “si ustedes los evangélicos dicen que tienen la verdad porqué hay tantas clases de evangélicos, nosotros por los menos somos católicos que nos regimos por lo ordenado por el Papa y todos somos iguales” y saben, de alguna manera tuve que darle la razón, porque es increíble que nosotros los que decimos que tenemos la revelación de Jesucristo nos separamos unos de otros por diferentes criterios interpretativos de La Palabra.

Es interesante como los ministros o “servidores” actuales están pensando en qué clase de hotel van a estar y cuál es el carro que los recogerá, es también interesante como los “ministros” cobran cuotas para cobertura espiritual, es interesante saber de “ministros” que si no se les paga cierta cantidad de dinero no pueden servir a la comunidad, “ministros” de alabanza que piden camerinos y el ser atendidos como estrellas del espectáculo. Yo pienso que es justo que el obrero sea digno de su salario y que los encargados de ministrar hemos de vivir honrosamente, pero cuando eso implica dejar de servir porque no se cubren los honorarios suficientes para andar el carro de último modelo o para pagar la casa de lujo, me suena que ya no se está cumpliendo con el objetivo de ser un diakonos, un servidor.
Edificar el cuerpo de Cristo es otra función del servicio provocado por el ejercicio de los dones dados por Dios, el edificar es básicamente según el diccionario de la Real Academia: Fabricar, hacer un edificio o mandarlo construir, aunque esta es la palabra con la que se traduce oivkodomh.n (oikodomen) me gustaría traducirla con otra posible palabra “animar o alentar”, me gusta más, o sea, que una de las funciones del servicio es la de animar al cuerpo de Cristo, a su iglesia. Esta es una función primordial hoy día, muchos se cansan y desgraciadamente se alejan del Señor, se necesitan animadores, gente que aliente a los más débiles, a seguir adelante en pos de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable.

Y cuándo se va a tener que dejar de hacer estas cosas, como señalé anteriormente y como señala Pablo en Efesios 4:13 hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo, cuando alcancemos eso, ya podemos decir que hemos hecho lo que el Señor estaba pensando cuando nos convirtió en albaceas de su gracia.

Mi intención con este artículo, amados, es que ¡pongamos nuestras barbas en remojo!, que nos evaluemos a nosotros mismos y pensemos cómo estamos usando los dones que el Espíritu nos ha conferido.  Evaluemos lo que estamos alcanzando con el uso de esos dones, que valoremos la clase de servicio que estamos dando al Señor y como lo estamos haciendo.  El mejor ministerio que podemos tener es el citado en 2 Corintios 5.18-19 “Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación: Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.”


[1] Coenen, Beyreuther, Bietrnhard, Diccionario Teológico del Nuevo Testamento, Vol.I, Edic. Sigueme, 1998
[2] Vine, W.E., Vine Diccionario Expositivo de Palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento Exhaustivo, (Nashville: Editorial Caribe) 2000, c1999.
[3] Bible Works for Windows, 2001, version.5.0.02
[4] Coenen, Beyreuther, Bietrnhard, Diccionario Teológico del Nuevo Testamento, Vol.II, Edic. Sigueme, 1998

Sobre el autor:

Oscar Fernández es de Costa Rica.  Estudió en UNELA, donde obtuvo una maestría en Teología con mención en Orientación de la Familia, con énfasis en Terapia Familiar Sistémica. Su segunda maestría la realizó en Administración de Proyectos y en la actualidad cursa una tercera maestría en Liderazgo Organizacional en Eastern (Philadelphia)


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