Carta abierta a la directiva de la asamblea general de la Iglesia Nacional Presbiteriana de México (INPM) #apoyoaEdesio

Gracias al poder de viralización de las redes sociales, esta carta llegó a nosotros. Nos indigna en gran manera la actitud de la Iglesia Nacional Presbiteriana de México (INPM) hacia el reconocido biblista Edesio Sánchez Cetina, uno de nuestros amigos y autores en el Blog de Bernabé.
Ante estos hechos, nos sumamos a la petición de esta carta y nos hemos tomado la libertad de firmarla y seguirla difundiendo
Carta abierta a la directiva de la asamblea general de la Iglesia Nacional Presbiteriana de México (INPM)

Por este conducto nos dirigimos a ustedes para expresar la más profunda indignación y sorpresa por la determinación que han tomado el 16 de enero pasado en el sentido de que el Doctor en Antiguo Testamento Edesio Sánchez Cetina, pastor presbiteriano mexicano, cuya contratación como profesor de tiempo completo en el Seminario Teológico Presbiteriano de México (STPM) se anunció hace algunas semanas, finalmente no ejercerá la labor docente debido a que se han considerado “algunos testimonios negativos en contra”, acerca de una ponencia presentada por el Dr. Sánchez Cetina, y que “algunos de sus pensamientos teológicos no son acordes con el pensamiento teológico reformado de la Iglesia Nacional Presbiteriana de México”. Además, el acuerdo agrega que esta contratación “es riesgosa para la vida y marcha del Seminario… al presentarse una polémica” y que ni siquiera se le considerará como maestro de tiempo parcial, concluyendo con que, dado que el Dr. Sánchez Cetina se encuentra ya en la Ciudad de México [procedente de Costa Rica, en donde residía], se le proporcionará “hospedaje por el presente semestre y sólo podrá ser invitado eventualmente por las autoridades del Seminario, [sic] para impartir algún módulo en el área de maestría”, siempre bajo la supervisión del “Ministerio de Educación de la R. asamblea General [sic]”, el cual evaluará su posición teológica y tomará un nuevo acuerdo más adelante.

Rebeldes, cismáticos y violentos: categorías del antagonismo presbiteriano | Por Ariel Corpus

Manifiesto de los alumnos del Seminario Teológico Presbiteriano de México 4 de junio de 1973 (Documento de Ariel Corpus)
En las últimas décadas la población en México ha diversificado sus creencias. Esta proliferación de credos es más amplia en cada censo desde 1950. La pluralidad no sólo es numérica, también complejiza los procesos sociales y crea nuevos escenarios que nunca antes se habían presentado, de modo que pone a prueba muchos aspectos necesarios para la sana convivencia social, algunos de ellos son la tolerancia y el respeto hacia diversas formas de manifestar lo religioso. Lamentablemente la diversidad religiosa no corresponde necesariamente a la tolerancia ya que se acentúan formas de exclusión al estar frente a otros que no creen como nosotros. De igual modo, al interior de las instancias religiosas, las formas de pensar la religión se han diversificado y no siempre obeceden el cauce institucional que rige la manera convencional de la fe.

Con ello, los grandes discursos que habían logrado mantener cierta homogeneidad en las iglesias se fragmentan. Estas formas de pensar diferente las podemos llamar disidencias, y se encuentran cada vez más presentes en las iglesias ya que los creyentes están inmersos en espacios más amplios a los muros religiosos. Frente a las pugnas internas emergen nuevos proyectos eclesiales que compiten entre sí; por un lado quienes descubren nuevas pistas para comprender la Revelación, por otro quienes luchan para que sus proyectos vetustos sobrevivan en una sociedad más diversificada. Sin embargo, la competencia no siempre se da en igualdad de condiciones, ya que hay grupos que ostentan el poder institucional y marcan las pautas a seguir en la comunidad eclesial. Para que ello pueda continuar, a falta de diálogo y acompañamiento mutuo, optan por excluir a quienes no piensan como ellos.

Los fantasmas de la fe | Por Nicolás Panotto

Los fantasmas asustan. Vienen de otro mundo, de una realidad paralela desconocida, pero habitan entre nosotros y nosotras por diversas razones. Los mitos los describen de diversas maneras. Algunos tienen la total intención de asustar. Otros simplemente deambulan como almas perdidas en la nada, causando misterio y especulación. En cuanto a esto último, sin duda estos espectros levantan innumerables preguntas. ¿Quiénes son? ¿De dónde vienen? ¿Qué les sucedió? ¿Por qué actúan así? ¿Hacia dónde van? Preguntas que muchas veces quedan allí: en la sola interrogación. ¿Será que precisamente ese es el objetivo de estas incógnitas? ¿Dejarnos en esa duda sobre lo que hay más allá? El problema es el siguiente: los fantasmas asustan, dan miedo. Por ello, mejor quedarse allí y dejar que los ellos sigan su curso. A ver si…

Pero debo decir que este no es el sentido que me interesa indagar, aunque sin duda hay mucho de ello en nuestro imaginario al evocar tal palabra. El psicoanálisis (y de antemano pido disculpas a los/las psicólogos/as que lean esto por semejante intromisión, seguramente llena de errores) afirma que lo fantasmático es aquella realidad simbólica que atraviesa nuestra subjetividad, y que en el plano de lo imaginario crea un lugar donde habitar pero que a su vez nos aleja de lo que está “más allá”: lo Real. Ese “más allá” por supuesto que es inalcanzable, aunque representa aquella instancia que también nos atraviesa, y que abre (o podría abrir) nuestra existencia a una inmensidad de posibilidades de ser. Precisamente ese misterio que lo constituye, ese desplazamiento constante que lo mantiene lejos, hace de lo Real un universo que nos moviliza a la búsqueda constante.

Propongo una moratoria (1) | Por Juan Stam

Nuestra iglesia evangélica, igual que la católica, parece haberse obsesionado por los temas sexuales, como si ésos fuesen los únicos problemas críticos de nuestro tiempo y como si de ellos dependiera el futuro de la iglesia y de la civilización. Temas sexuales, especialmente la homosexualidad, dominan abrumadoramente el discurso de los políticos protestantes; entre la gran mayoría de los evangélicos, la sola mención de homosexuales y lesbianas les infunde pánico. Más que sólo principios bíblicos y teológicos, que por supuesto son cruciales, parece funcionar aquí un profundo prejuicio social.

Los evangélicos, junto con los católicos, salen en masa para unirse a las marchas contra los homosexuales. Manifestaciones multitudinarias se han realizado en Costa Rica, Argentina, Brasil, Chile (2) y muchos otros países. Es una causa popular, apoyada por el prejuicio de la sociedad misma.

Sin evangelización no hay misión integral | Por C. René Padilla

El Evangelio es lo más precioso que podemos ofrecer porque es lo mejor que tenemos. Toda la ayuda que podamos ofrecer a los necesitados es buena, pero nada es comparable a la posibilidad de apropiarse de los recursos que Dios quiere darle para una vida digna, llena de sentido – una vida en abundancia.

Evangelizar es anunciar las buenas noticias de Jesucristo en palabras y en acción, a quienes no lo conocen, con la intención de que, por la obra del Espíritu, se conviertan a Jesucristo, se dispongan a seguirlo como discípulos, se unan a su iglesia y colaboren con Dios en la realización de sus propósito de restaurar la relación con él, con el prójimo y con la creación. Así, la conversión es el comienzo de una transformación que abarca todo aspecto de la vida.

Por tanto, la evangelización requiere la participación de agentes humanos dispuestos a colaborar con el Espíritu Santo. Bryant Myers nos llama la atención a un patrón, un modelo de evangelización en el libro de los Hechos, que muestra que el anuncio del evangelio es a menudo “el segundo acto del relato” – la respuesta a preguntas suscitadas por algo que sucede, ej. Sermón de Pentecostés, Sermón a la puerta del templo de Jerusalén luego de la curación de un lisiado y Sermón de Esteban, respuesta a la acusación provocada por los milagros. En palabras de Myers “En cada caso se proclama el evangelio, no por intención o plan previo, sino en respuesta a una pregunta provocada por la actividad de Dios en la comunidad”. Hay una acción que exige explicación, y el evangelio es la explicación.

El concepto "política" desde el cristianismo | Por Juan Pablo Espinoza



En estas líneas queremos esbozar la relación o el diálogo que se puede establecer entre la política, su concepto, su praxis y la fe cristiana. Los parámetros que tendremos en consideración al momento de realizar nuestro desarrollo se concentran en los siguientes puntos:

1.      El sentido histórico de la actividad política desde la Encarnación. 
2.      La propuesta profética del anuncio de las buenas noticia y de la denuncia de las estructuras que van en contra de la libertad y de la igualdad. 
3.      La actitud escatológica desde la praxis histórica y política que se realiza desde el Reino en la dialéctica del ‘ya’ y del ‘todavía no’.

Un punto de partida sobre la homosexualidad | Por Abel García

Nadie lo habla. Nadie ha sabido de ningún caso en sus congregaciones. Si juego un poco con algunas estadísticas, en el Perú hay la misma cantidad de homosexuales y de evangélicos, y son subconjuntos con escasa intersección. Por supuesto, si la opinión generalizada de las autoridades eclesiales apunta a condenar la práctica, a arrinconar al homosexual al celibato obligado, a colocarle más candados a su closet, es evidente el por qué son pocos los homosexuales evangélicos. No parece ser una alternativa razonable de un espacio de desarrollo de su espiritualidad.

Yo anduve muchos años en una congregación de corte conservador, de mediano tamaño. Nunca supe de alguien que tuviera inclinaciones homosexuales. Es curioso, porque sin importar que la iglesia considerase como un pecado a la homosexualidad, a la manera del alcoholismo o la drogadicción, sí conocí a través de los años a algunos alcohólicos o drogadictos en recuperación. Por ahí se sabía de alguien que peleaba con la ludopatía u otro que sufría de algún otro problema importante, pero de homosexualidad, nada. O no había ninguno, o simplemente los pastores no querían que la congregación sepa o la presión era tan fuerte que los homosexuales cristianos ni siquiera se atrevían a hablar del asunto. Con los años me di cuenta que la respuesta iba por el segundo lado o tercer lado.

La iglesia es ser inmadura y no puede aceptar a homosexuales “convertidos”, podían decir algunos, pero la propia teología armada de unos cuantos versículos bíblicos, algunos muy antiguos y de etapas que rayan con la mitología, es endeble y sumamente ofensiva; por eso algunos, toman de manera cuidadosa los textos para su interpretación, y encuentran otros significados, incluso distintos a los de los teólogos homosexuales. Otros cristianos refuerzan su postura en lo que escribió el apóstol Pablo y desde allí tienen argumentos para rechazar a los homosexuales de manera radical. Concluyen que son depravados y llenos de pecado. Por ello el afán por curarlos y los risibles métodos que a veces se utilizan en ciertos entornos. Hay testimonios que en internet se pueden leer con facilidad, pero siempre dan la impresión de que son excepciones y no reglas. Es curioso, pero normalmente los que conocen de manera cercana a un homosexual son menos radicales en sus conclusiones que aquellos cristianos que nunca han tratado cercanamente a uno.

Fe | Por Nicolás Panotto

“… la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” - Hebreos 11.1

“No nos enojamos con personas o estructuras, sino con aquellas formas en que construimos la fe”, escuché decir. Quedé meditando. Recordé el clásico pasaje de Hebreos 11. Emergió la pregunta: si la fe tiene que ver con aquello que aún no hace presencia, ¿por qué sus formas nos abruman? El pasaje muestra la paradoja de la fe. Un lugar aun no presente. Una seguridad sobre lo ausente.

Pero no es éste el énfasis que siempre damos a tales palabras. Nos detenemos más en las certezas y las convicciones, que en las esperas y las negaciones. Nos olvidamos que la fe tiene que ver con esa tensión entre las cosas que son y las que serán. Más aún, se relaciona con la inestabilidad de los caminos que poseen una inherente capacidad de ser más de lo que son. Lo que se espera y lo que no se ve minan lo que es, lo presente, nuestros lugares y convicciones, desde el alma misma de las cosas que existen, que tienen lugar, que se hacen presentes. Misterio y realidad son elementos constitutivos de la vida, elementos mezclados en un mismo cuerpo.

Sobre cómo y por qué evangelizar | Por Samuel Escobar

Se ha despertado en el mundo una nueva sensibilidad hacia las realidades espirituales. Una nota de la cultura postmoderna es el renacer de la religiosidad. El racionalismo que se cerraba a la posibilidad de una vida espiritual o de un milagro ha caído en descrédito. Un creciente número de seres humanos hoy, especialmente jóvenes, no tienen vergüenza de creer y de aceptar que viven por la fe. En este nuevo siglo veintiuno la experiencia religiosa se vive sin inhibiciones.

En algunos casos esta nueva sensibilidad es manipulada, y se abusa de ella para dominar a las personas y explotarlas. A muchos nos quedan todavía en la memoria las imágenes de predicadores que se decían cristianos, como Jim Jones en Guayana, David Koresh en Texas, que llevaron a cientos de sus seguidores al suicidio colectivo. Los escándalos de predicadores de la televisión en países como Estados Unidos y Brasil son vergonzosos. Estos ejemplos dramáticos deben hacer reflexionar a todo cristiano. Resulta entendible la incomodidad que sienten algunos ante la idea de evangelizar. Sin embargo no debemos dejar que nos paralicen. Porque como discípulos de Jesucristo creemos en un Dios que está buscando a los seres humanos. El Espíritu de Dios es quien sensibiliza a las personas y las atrae hacia Jesucristo. Se cumple lo que él mismo anunció: Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos a mí.

«La infancia de Jesús»… y la adultez de Ratzinger | Por Harold Segura C.



El libro de Joseph Ratzinger La infancia de Jesús[1], se publicó a finales del 2012. Ya sabíamos de  los dos tomos anteriores titulados Jesús de Nazaret. En el proemio se aclara que  «No se trata de un tercer volumen, sino de algo así como una antesala a los dos volúmenes precedentes sobre la figura y el mensaje de Jesús de Nazaret». 

Lo leí con avidez, sobre todo por mi interés en la infancia (de Jesús y en general de la infancia en la Biblia), en la teología de la niñez y por el respeto que me inspira Ratzinger como escritor y teólogo. Las diferencias que pueda tener con algunos de sus planteamientos prefiero tratarlas de otra forma que no sea desconociendo la altura de su carrera teológica.

Es un libro corto, de 136 páginas, escrito en un lenguaje que se adecúa muy bien a públicos no especializados. Se divide en cuatro capítulos siguiendo el orden cronológico de las narraciones bíblicas, desde las genealogías de Jesús, el anuncio del nacimiento de Juan el Bautista hasta la visita de los Magos de Oriente y la huída a Egipto. 

Desde las primeras líneas del texto se anuncia que es un trabajo de interpretación de los principales textos bíblicos de la infancia de Jesús.  Por cierto, una interpretación ceñida a criterios ortodoxos en los que el exégeta se pregunta primero qué quiso decir el autor sagrado en su momento histórico y, después, indaga por el significado pastoral o espiritual del texto para nuestro momento. Según el autor, la forma correcta de hacer exégesis bíblica requiere esos dos pasos. Así, lee los textos en forma literal y defiende la historicidad de cada una de las narraciones expuestas. Poco o ningún lugar le concede a las lecturas sociológicas o a las llamadas hermenéuticas de la apropiación (H.G. Gadamer y P. Ricoeur) y menos aún a las exégesis posmodernas que se preguntan, entre otros asuntos,  por el potencial trasformador de los textos y los efectos que ejercen los textos sobre su auditorio.

Espiritualidades de Plástico | Por Leonardo Álvarez


Foto Plastic Pollution Flickr.com (1)
En el mes de Junio del 2010 tuve el privilegio de participar junto con un grupo de amigos de distintos países de América Latina en una serie de actividades de servicio realizadas en Santo Domingo, República Dominicana. Una de esas actividades consistió en un programa de limpieza en una de las playas en el malecón que da al sector de la zona colonial de Santo Domingo. Un pedazo de playa de unos cien metros de ancho y donde se podía ver desde lejos una tremenda cantidad de plásticos de toda especie, como aparecen en la foto. El mar cada día deposita en esa playa los desechos provenientes de los ríos que desembocan en el sector, los cuales a su vez reciben estos envases de los grupos humanos que viven en la rivera.

La actividad fue organizada por los jóvenes de una iglesia del sector y debo decir que ha sido una de las experiencias que me ha marcado profundamente. No solo por el hecho mismo de retirar esos desechos contaminantes de un sector tan hermoso en su geografía, sino también por las causas humanas involucradas para que esto haya terminado así.

En defensa de la mediación | Por Manfred Svensson

Artículo publicado originalmente en Lupa Protestante

Si oímos hoy la palabra “mediación”, nos hace pensar en una persona dedicada a la mediación familiar –tal vez el único campo en que existe programas de postgrado en mediación. Pero dichos programas parecen un singular monumento a una práctica que en realidad está ausente, o a la defensiva, en el resto de nuestra vida. Piénsese, por lo pronto, en los diversos movimientos ciudadanos de los últimos tiempos. Trátese de la educación o del medioambiente, y al margen de cuán positiva o negativamente evaluemos cada uno de los puntos defendidos por los movimientos en cuestión, tienen como factor común el responder a o anhelar cierto modelo de democracia directa, inmediata; y las instancias de mediación, cuando las hay, tienen a venirse abajo con rapidez y a ser desprestigiadas por constituir escenarios en que se está cediendo.

Esto no es extraño si se piensa, por ejemplo, en el papel desempeñado por los medios sociales en la política contemporánea: puedo poner una encuesta en Facebook, y en pocos días lograr que miles de personas manifiesten su adhesión a una posición, con un inmediato “me gusta”, sin pasar por las arduas y muchas veces oscuras negociaciones de pasillo de la vieja política: lo inmediato parece no sólo más eficiente, sino incluso más transparente. A quienes han crecido con eso les debe parecer intolerable que, al margen de su encuesta de Facebook, haya que esperar uno o dos años más para tener una elección regular, y que dicha elección regular esté contaminada por todos los otros elementos de la política clásica, en lugar del carácter inmediato de una asamblea popular. No tarda así en que las posiciones se extremen, y acabamos pronto encontrándonos con el curioso fenómeno de que las iglesias se ofrezcan como mediadoras. Ahora bien, no es extraño ni está fuera de lugar que las iglesias se ofrezcan como mediadoras, como pacificadoras en situaciones extremas. Lo curioso es que esto aparezca como medida extraordinaria y como algo proveniente de fuera del campo político; y no para volver a unir a un país tras una guerra civil, sino para solucionar las más cotidianas tareas de la política. Que en el corazón de la actividad política estén los esfuerzos por mediar parece así completamente olvidado.

El método del bombardeo: ¡Leer bien es hacerle preguntas al texto! | Por Juan Stam

Pensar es hacer preguntas, y definitivamente, leer bien es interrogar vigorosa y rigurosamente al texto. La lectura pasiva poco aprovecha; la buena lectura es agresiva y lucha con el texto, como Jacob con el ángel, hasta que el texto rinda su sentido y nos dé su bendición. Estudiar bien un texto bíblico es bombardearlo con cuánta pregunta que sea posible.

El primer paso en el estudio de un pasaje debe ser consultar el texto y leerlo con cuidado, ojalá en dos o tres traducciones distintas. Entonces el segundo paso es comenzar a hacerle preguntas al texto, como un conjunto y en cada una de sus palabras. Es indispensable formular todas esas preguntas por escrito. Y por el momento, en este primer paso, no se debe excluir ninguna pregunta para interrogar al texto. Después quedará suficientemente claro cuáles preguntas son realmente fecundas para aclarar el mensaje.

¡Así tratas a tus amigos! La oración en términos vivenciales | Por Alexander Cabezas

Teresa de Ávila (1515-1582), fue una gran monja española. Se caracterizó por su profunda vida de oración y servicio en el siglo XVI. Se cuenta que cierto día viajando en una carreta tirada por bueyes, se cayó en un arroyo lodoso. Esta mujer devota y gentil, fundadora de la orden de las carmelitas descalzas, ¡toda una institución!; se levantó del suelo mientras amenazaba a Dios con el puño y a la vez exclamaba: ! Si así tratas a tus amigos, con razón no tienes muchos...!

¿Nos escandaliza la libertad que se atribuye esta monja? En dado caso también debería chocarnos las palabras desafiantes de Moisés (Éxodo 32:32). O ¿más bien nos recuerda las luchas que hemos tenido con Dios en algún determinado momento en nuestras vidas?

Lo cierto es que no son las amenazas insensatas de una persona que se declara atea. Es la oración sincera y transparente de alguien que ha llegado a conocer a Dios a través de una relación personal y se atreve a llamarle: Amigo.

La propuesta teológica de la Teología de la Liberación[1] | Por Juan Stam

Mural de Cerezo Barredo, Pintor de la Liberación
En una video-entrevista sobre Teología de la Liberacion, don Dayton Roberts le preguntó a René Padilla: "Si un discípulo tuyo se matriculara en algún seminario donde enseñan la teología de la liberación, ¿qué consejo le darías?". Don René contestó con mucha seguridad: "Lo mismo de San Pablo: Examinadlo todo, retened lo bueno" (I Tes.5.23; cf. I Cor 3.21-23, 9.19-22, II Tm.1.7).

Si nos sentimos firmes en nuestra teología evangélica y bíblica, realmente no tenemos por qué temerle a la T.L., ni obsesionarnos con ella, como tampoco "enamorarnos" ciegamente de ella. Creo que los evangélicos (aparte honrosas excepciones como René Padilla y Orlando Costas) no han sabido responder seriamente a esta nueva corriente teológica latinoamericana. Dos reacciones erradas han predominado casi exclusivamente entre nosotros: el "sí ciego" de algunos pocos que se han apasionado por la T.L. y poco lo han confrontado con la tradición evangélica; y por otro lado, el "no sordo" de muchos que ven en la T.L. una amenaza diabólica y la denuncian sin haberla escuchado ni entendido. Éstos se dedican a atacar como "herejías" supuestos errores que en realidad no enseñan los teólogos de la liberación (cuando se analiza objetivamente, con seriedad teológica), y no han sabido entender y apreciar evangélicamente los valores, como también los defectos, de esta importante corriente teológica. Sería mucho más evangélico, exegético y paulino examinar la T.L. honesta y serenamente, retener lo bueno, y abstenernos de todo lo que, entendido con claridad, no parece ser bueno.

El ministerio que Dios nos ha dado | Por Oscar Fernández



En los últimos tiempos se ha dado un debate respecto a la existencia del controversial ministerio apostólico, y sobre el orden jerárquico que ostentan quienes pretenden utilizar este título dentro del liderazgo.  Incluso, he escuchado que al parecer, ahora encontramos una nueva figura ministerial llamado: “Padre Espiritual”.  Estos creen que pueden estar por encima de los apóstoles. En otras palabras, brindan cobertura y son los “apóstoles de apóstoles”. Sin embargo, no es mi intención unirme a ese debate (aunque ganas me sobran), si no animar la reflexión basado en lo que encontramos en Dios y en su Palabra.

Normalmente cuando se analizan estos temas, nos dirigimos a los pasajes de Efesios 4 ó 1 Corintios 12, que nos muestra una lista de dones y ministerios. Podemos afirmar que estos ministerios existen desde la perspectiva divina, pero me parece que estamos olvidando el propósito por el cuál fueron dados y nos hemos apropiado de estos como si fueran de nuestra posesión. 

¿Qué nos espera el 2013? Jóvenes Evangélicos y Sociedad Chilena | Por Josaphat Jarpa

Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que lleguen los días malos y vengan los años en que digas: «No encuentro en ellos placer alguno»; antes que dejen de brillar el sol y la luz, la luna y las estrellas, y vuelvan las nubes después de la lluvia”. (Eclesiastés 12:1)


Ser joven e identificarse como evangélico puede ser un completo suicidio para cualquier tipo de relación social fuera de nuestras Iglesias, al parecer no hay nada más pasado de moda e iluso que decir “soy Evangélico”, basta que en los medios de comunicación hagan alusión a la Iglesia Evangélica para que empiece un mar de “Trolleos”, que somos conservadores, homofóbicos, ignorantes, dualistas, machistas y todos los “atributos” que puede tener un creyente que le exigían pagar indulgencias en la edad media. En fin, estamos lejos de ser criticados por ser buscadores y hacedores de justicia, nos critican por ser una Iglesia indolente a lo que pasa por frente de nuestras narices.

 
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