Navidad, la esperanza desafiante de una palabra encarnada | Por Pablo Rivera



Ortega y Gasset, (1883-1955) filósofo y ensayista español, escribió una vez que la “palabra es sólo aire”; en alguna medida tenía razón, ya que para que se emita alguna palabra, es necesaria la inspiración y expiración de este, sin embargo, existen una serie de otras variables que hacen de que se puedan escuchar las palabras. Les invito a reflexionar acerca de una Palabra especial y alguna de sus características desde el evangelio de Juan 1:1-4,14.

Comenzando a leer, el texto deja en evidencia la primera característica de esta Palabra especial. “La Palabra ya existía, estaba junto a Dios y era Dios”; aquí queda manifiesta su pre-existencia, siendo esta antes de la materia, del tiempo y de la historia, y no sólo existía, sino que estaba en comunión con la Deidad, en una profunda comunión, tan plena que le permite a Juan expresar que la Palaba y Dios son uno. Esta palabra es una, pre-existente, comunitaria y divina.


Siguiendo con la lectura, encontramos a esta Palabra creadora que,“por medio de la cual todo fue hecho…”En Génesis podemos apreciar que por medio de la palabra de Dios fue creado todo lo que llegó a existir. No limitándose a una creación de materia inerte, ya que en “ella estaba la vida” y que se hace muy concreta en la imagen de Dios, la humanidad. Esta humanidad que a su vez creó su historia que siempre tendió a lo divino aspirando inconscientemente a la comunión y complementariedad no sólo entre sus similares humanos, sino junto (y no sobre) al cosmos; el hogar de todos y todas. La vida que crea esta Palabra no es sólo del aire que se respira, sino de una calidad de vida que se sonríe, se saborea, se escucha, se canta, se comparte, se celebra…

Continuando, encontramos a esta Palabra que ilumina, “…era la luz de los hombres”. Esta Palabra nos aclara el panorama y nos permite la toma de decisiones sin el temor de darlo en la oscuridad, nos da seguridad de dar pasos y vivir lo dinámico de nuestros días, es reveladora, nos muestra las salidas, la libertad, nos da belleza, después de la tormenta nos regala el arco iris, etc. Esta Palabra resplandece en medio de la oscuridad dejándola sin lugar, da existencia y belleza a la creación e ilumina la historia de la humanidad.

En cuarto y último lugar, se nos presenta una Palabra que no se queda en el concepto, no se pierde entre amplias definiciones, sino que es concreta, se encarna en Jesús. En occidente y especialmente en nuestra querida América Latina, la palabra cada día está más desvalorizada; si organizamos una cita de palabra, siempre esperaremos la confirmación un día antes de dicha cita, o en algunos círculos es necesario jurar una y otra vez por algún familiar o por tal o cual santo para que la palabra sea creída, o más de alguna vez hemos faltado a nuestra palabra, etc. Es por esto que algunas versiones de biblia traducen el término “palabra” del Evangelio de Juan como “verbo”, ya que para nuestra cultura, “verbo” denota una acción, y así nos acercamos un poco al verdadero significado que tiene la palabra para un lector del medio oriente donde la palabra siempre denota una acción, la palabra siempre se cumple, siempre se hace, es por esto que si el anuncio de un profeta no se cumplía, era sancionado hasta con la pérdida de su vida. De manera que, esta Palabra se hizo materia, se introdujo en la historia y comenzó a hacer su propia historia para influir comunitariamente en el cosmos.

En síntesis, estamos hablando de una Palabra pre-existente, comunitaria y divina. Una palabra creadora de todo lo que existe, especialmente de la vida, y una vida digna en plena comunión con todas y todos y con el cosmos. Una Palabra que ilumina la vida para su integridad y alegría. ¡Sin duda que esta es una Palabra de esperanza!, siempre y cuando se cumpla una condicionante, que esta palabra se encarne en nuestras vidas, sea concreta y una realidad en nuestro día a día.

El desafío a los que creemos en esta navidad, es a esperanzar al mundo encarnando la Palabra para que los que carecen de sus bondades, puedan ver en nosotros y vivir juntos, aunque sea un poco, su gloria, la gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y verdad. Esto es, fe en Jesús, vida comunitaria, digna, ecológica, íntegra y alegre.

Que me perdone el sociólogo, porque la Palabra no es sólo comunicación; que me perdone el psicólogo, porque la Palabra no es sólo una habilidad cognitiva, que me perdone el poeta, porque la Palabra no es sólo poesía; que me perdone Ortega y Gasset, porque la Palabra no es sólo aire, sino que en la vida del cristiano es un esperanza desafiante hacia una humanidad mejor.

Feliz Navidad

Sobre el autor:
Pablo Rivera es un joven pastor bautista chileno. Bachiller en teología del Seminario Teológico Bautista de Chile, Psicopedagogo y cursando una licenciatura en técnicas de manejo conductual para niños y adolescentes. Es Director de la Red Juvenil La TRIBU y miembro de la Red del Camino



 
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