Los sabios de Oriente (Mateo 2: 1 - 12) | Por Alfredo Tepox Varela


¿Cuántas veces hemos leído, o escuchado leer, este pasaje? Más de una vez, con toda seguridad. Año con año, al llegar la celebración de la Navidad, nos regocijamos con la lectura de estas palabras, que nos recuerdan el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo. Y la tradición nos hace evocar a estos tres personajes, que en nuestra infancia significaban la misteriosa llegada del juguete anhelado.

Pero hay en este pasaje mucho más que lo que la tradición ha ido imponiendo en nuestra mente. Porque estos “magos” no hacían aparecer ni desaparecer nada. Aunque es verdad que la palabra griega es mágoi, y que ha pasado a nuestra lengua como “magos”, en realidad se trataba de gente estudiosa de aquellos tiempos, lo que explica que algunas versiones traduzcan esta palabra como “sabios”. Tal vez sería mejor llamarlos astrólogos, ya que era proverbial la dedicación de la gente de Oriente al estudio de las estrellas.

Qué es, en efecto, de lo que nos habla el pasaje.

Hay, sin embargo, otro personaje que solemos pasar por alto. Y es el rey Herodes. La dinastía herodiana incluye a varios reyes con este nombre; sin embargo, tal vez aquí se trate de Herodes el Grande, cuyo reinado se extendió por muchos años, probablemente hasta el nacimiento de Jesús.

Resulta evidente que, en su conversación con los astrólogos, Herodes recurre a las artimañas que le valieron mantenerse en el trono tanto tiempo. Con un historial de intrigas, traiciones y asesinatos, era natural que se sintiera amenazado al enterarse de que el Rey prometido por Dios ya había nacido. Casi podemos escuchar sus melosas palabras: “Vayan a Belén y averigüen todo lo que puedan acerca del niño. Cuando lo encuentren, avísenme. Yo también quiero ir a adorarlo” (2.8).

Estos sabios pudieron detectar el nacimiento del Mesías por medio de la continua observación de las estrellas; también pudieron detectar las malas intenciones que escondían las zalameras palabras de Herodes. Pero lo más significativo es que sabiamente respondieron a la advertencia de Dios, de no volver al palacio de Herodes. Y ésta es la verdadera sabiduría, como bien lo expresa el Proverbista:
Todo el que quiera ser sabio 
Debe empezar por obedecer a Dios. (Pr 1.7, TLA)

Pidamos a Dios que nos dé, como a los sabios de Oriente,  la sabiduría de intuir la maldad y evitarla, y a la vez de buscar al Niño Jesús y de seguir fielmente sus enseñanzas.

Sobre el autor:
Alfredo Tepox Varela (Shlomoh Barzel) es mexicano. Antropólogo, lingüista, sociólogo y teólogo es un apasionado de los pueblos latinoamericanos; muestra de ello es el hecho que por muchos años ha estado tras la búsqueda continua de las raíces de los idiomas indígenas.  El Dr. Tepox es consultor y traductor de Sociedades Bíblicas Unidas y ha sido parte de las traducciones bíblicas Dios Habla Hoy, la reciente Reina Valera Contemporánea, entre otras.
 
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