Día 19: Mariología ecuménica | Jueves 20 de Diciembre | Por Harold Segura C.

Adviento, Esperanza que transforma

Magnificat - Mural de Cerezo Barredo, Pintor de la Liberación

«—Aquí tienes a la sierva del Señor —contestó María—. Que él haga conmigo como me has dicho. Con esto, el ángel la dejó». 
Lucas 1.38 -NVI

Los relatos del nacimiento de Jesús sientan las bases necesarias para una mariología ecuménica. María no debería seguir presentándose como excusa para los que en su nombre dividen la Iglesia, sino como aliento y modelo para los que proclaman el reino de su Hijo y gozan de la gracia de la redención que él ha provisto.

La base de esta mariología es la fidelidad de ella a Dios, y la manera en que acoge el mensaje del ángel y entrega su vida como instrumento del cumplimiento de la voluntad divina: «Que él haga conmigo como me has dicho».

El ecumenismo —bien entendido— es una disciplina espiritual que nos invita a buscar en unidad la voluntad de Dios y a someternos, también en unidad, solo a ella. ¡Y qué mejor ejemplo de sometimiento qué María! Ella renunció a sus intereses particulares y a sus planes personales para cumplir con el designio del Señor.

María es la bienaventurada de Nazaret, cuyo fruto de su vientre es bendito porque de él provino nuestra salvación. Obedeció su vocación de servicio (eso que a veces tanta falta le hace al ecumenismo institucional) y asumió ese papel con la alegría de saberse escogida entre todas las mujeres. Sus palabras ante el ángel lo dicen todo: «Aquí tienes a la sierva del Señor».

El Reino necesita servidores y servidoras, no reyes ni reinas. El rey y Señor es solo uno y Elizabet lo proclamó en su saludo a María (1.43).

Para seguir pensando:

«¿No te parece maravilloso el corazón de María?... ensalzada por todos los humanos, y a pesar de ello permanece tan tranquilamente sencilla, que no hubiera menospreciado a la más humilde criada. ¡Pobre de nosotros! Basta con que poseamos algún poder u honor… para que nuestro orgullo rompa todas las barreras».
- Martín Lutero (Reformador protestante, 1483–1546)

Oración:

Porque Dios nos dé a los que en él creemos la sencillez que nos lleve a renunciar a nuestros intereses particulares, a someternos a su voluntad y a procurar la unidad cristiana. Que entre las diferentes confesiones cristianas medien las relaciones respetuosas y la cooperación misionera.

Reflexiones de los días anteriores: 

Día 1:  Vivir la Espera 
Día 2:  Los presumidos fiduciarios de la fe
Día 3:  La perfecta y desconcertante voluntad de Dios 
Día 4:  Predicadores de otro estilo
Día 5:  Una fe que tiene sentido
Día 6:  Conforme a nuestra fe
Día 7:  Entre lo sencillo anda Dios
Día 8:  En la aridez de nuestro desierto
Día 9:  Creatividad solidaria
Día 10:  Dios compasivo y de rostro sonriente
Día 11:  Esperanza compartida, alegría segura
Día 12:  No es esperanza barata
Día 13:  Ni el uno, ni el otro
Día 14:  Opiniones que matan 
Día 15:  ¿Qué debemos hacer? 
Día 16:  Dios humanado
Día 17:  Hasta cuando apareció un ángel
Día 18:  El Señor se acordó 
 
Sobre el autor:

El pastor y teólogo Harold Segura es colombiano, radicado en Costa Rica. Director de Relaciones Eclesiásticas de World Vision International y autor de varios libros.
Anteriormente fue Rector del Seminario Teológico Bautista Internacional de Colombia.



 
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