Día 15: ¿Qué debemos hacer? | Domingo 16 de Diciembre | Por Harold Segura C.

Adviento, Esperanza que transforma
Dibujo de Cerezo Barredo, Pintor de la Liberación

«—¿Entonces qué debemos hacer? —le preguntaba la gente. —El que tiene dos camisas debe compartir con el que no tiene ninguna —les contestó Juan—, y el que tiene comida debe hacer lo mismo. Llegaron también unos recaudadores de impuestos para que los bautizara.—Maestro, ¿qué debemos hacer nosotros? —le preguntaron. —No cobren más de lo debido —les respondió. —Y nosotros, ¿qué debemos hacer? —le preguntaron unos soldados. —No extorsionen a nadie ni hagan denuncias falsas; más bien confórmense con lo que les pagan. La gente estaba a la expectativa, y todos se preguntaban si acaso Juan sería el Cristo». 
Lucas 3.10–15 - NVI

La predicación de Juan es un preanuncio de las buenas nuevas que proclamará Jesús. Entre los dos discursos existen diferencias en la forma, más no en el fondo. Esto es claro, sobre todo cuando predican acerca de lo que Dios espera de nosotros.

Al profeta Miqueas le preguntan ¿qué pide Dios?, y él responde: «Practicar la justicia, amar la misericordia, y humillarte ante tu Dios» (v. 6.8).

Ni los ritos pomposos, ni los conocimientos abstractos, ni las afiliaciones formales a determinada religión o iglesia, ni los sacrificios ascéticos; nada de eso que tanto hemos oído y predicado contienen el deseo primordial del Señor. Lo que él espera es muy práctico y concreto: que actuemos con justicia, amemos sin reservas y practiquemos la misericordia. Miqueas añade: «y humillarte ante tu Dios».

Por eso el seguimiento de Jesús es difícil. Más fácil resulta cumplir con los ritos del Templo. Pero el verdadero seguimiento exige, como enseña Juan, que los recaudadores de impuestos no cobren más de lo debido, y que los soldados no practiquen la corrupción ni extorsionen a nadie.

¿Qué debemos hacer hoy? ¿Qué respondería Juan a nuestros dirigentes políticos, a los militares, a los banqueros, a los economistas, a los dueños de los grandes conglomerados empresariales, a los que ostentan la propiedad de los medios de comunicación, a los líderes religiosos? ¿Qué nos exigiría a nosotros?

Para seguir pensando:

«Hay que cambiar los corazones y las mentes de los hombres […] y ofrecerles una visión de una sociedad en la que les sea más fácil ser buenos». 
- Dorothy Day

Oración:

Según el último informe (2012) de Transparencia Internacional, el grado de corrupción en América Latina siguen levantando tanta preocupación como la suscitó en las últimas décadas. El avance hacia la integridad ha sido casi nulo. Pidamos porque cada personaje que se confiesa seguidor de Jesucristo, con vínculos políticos y administrativos en instituciones públicas, decida vivir con coherencia entre su fe personal y su vida laboral y social. ¿Acaso no se nos considera el continente más cristiano del planeta? 

Reflexiones de los días anteriores: 

Día 1:  Vivir la Espera 
Día 2:  Los presumidos fiduciarios de la fe
Día 3:  La perfecta y desconcertante voluntad de Dios 
Día 4:  Predicadores de otro estilo
Día 5:  Una fe que tiene sentido
Día 6:  Conforme a nuestra fe
Día 7:  Entre lo sencillo anda Dios
Día 8:  En la aridez de nuestro desierto
Día 9:  Creatividad solidaria
Día 10:  Dios compasivo y de rostro sonriente
Día 11:  Esperanza compartida, alegría segura
Día 12:  No es esperanza barata
Día 13:  Ni el uno, ni el otro
Día 14:  Opiniones que matan
 
Sobre el autor:

El pastor y teólogo Harold Segura es colombiano, radicado en Costa Rica. Director de Relaciones Eclesiásticas de World Vision International y autor de varios libros.
Anteriormente fue Rector del Seminario Teológico Bautista Internacional de Colombia.



 
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