Mensaje Dominical | Domingo 4 de Noviembre 2012

Fuente: CLAI y Servicios Koinonia

Marcos 10: 17-30:  Vende lo que tienes y sígueme

Sabiduría 7: 7-11:  En comparación de la sabiduría, tuve en nada la riqueza
Salmos 89:  Sácianos de tu misericordia, Señor, y toda nuestra vida será alegría y júbilo
Hebreos 4: 12 - 13: La palabra de Dios juzga los deseos e intenciones del corazón

La primera lectura, tomada del libro de la Sabiduría, expresa la preferencia de la Sabiduría frente a todos los bienes de la tierra. El sabio pone en la plegaria de Salomón la superioridad de los valores espirituales sobre los materiales, supeditándolos todos al don de la sabiduría y la prudencia para el gobierno de su pueblo.

En el texto de la carta a los hebreos, el autor, al describir la fuerza transformadora de la Palabra de Dios, se hace eco de hondas raíces veterotestamentarias. En efecto, ya Isaías 42,9 había comparado la Palabra de Dios con la espada, y Jeremías la había presentado como una realidad operante por sí misma. ( Jer 23,29).

La íntima acción salvadora de la Palabra en la persona oyente es descrita en el texto diciendo que es “penetrante hasta el punto donde se dividen alma y espíritu”. Allí, en el santuario de la intimidad del corazón de la persona, de la comunidad oyente activa de esa voz salvadora que le muestra caminos de liberación, allí, donde reside la voluntad y la decisión de aceptarla o de rechazarla, donde anida lo más denso del ser humano: sus intereses, sus afectos, su libertad, es hasta donde la Palabra llega cuestionante, incisiva, liberadora, transformante. Por eso, el autor de la carta coloca intencionadamente las palabras “corazón, deseos, intenciones”, como abarcando en estas categorías la integralidad humana. Dios y su Palabra, “más íntimo que yo mismo” en expresión de San Agustín, conoce hasta los secretos más recónditos del corazón. El más absoluto misterio humano está patente ante sus ojos. Por eso, la Palabra es juez densamente imparcial, que conoce amando lo que ocurre en la conducta humana y en el corazón de hombres y mujeres. 

La imagen del camino es central en el evangelio de Marcos (cf Mc 10, 17). Estamos ante el tema del seguimiento de Jesús. En ese sentido va la pregunta de aquel que únicamente Mateo llama "el joven rico" (19, 22); para Marcos (y Lucas) parece tratarse más bien de una persona mayor que pregunta: ¿cómo heredar la vida? (cf Mc 10,17). Jesús comienza por remitir a Dios; su bondad está al inicio de todo. Esto equivale a resumir la primera tabla de los mandamientos. En seguida enuncia explícitamente los correspondientes a la segunda tabla, con un añadido importante (que sólo se encuentra en Marcos): "no seas injusto" (v. 19). La frase es algo así como un sumario del listado que se recuerda. Se trata de la condición mínima que se plantea al creyente. Con sencillez el rico dice que todo eso lo ha observado (cf v. 20), no hay nada de arrogante en esta afirmación. Esa era la convicción de los sabios de la época: la ley puede ser cumplida plenamente.

Pero seguir a Jesús es algo más exigente. Con afecto lo invita Jesús a ser uno de los suyos. No sólo debe abandonar la riqueza, hay que entregarla a los pobres, a los necesitados. Esto lo pondrá en condiciones de seguirlo (cf v. 21). No basta respetar la justicia en nuestras actitudes personales, hay que ir a la raíz del mal, al fundamento de la injusticia: el ansia de acumular riqueza. Pero, dejar sus posesiones, le resultó una exigencia muy dura al preguntante; como muchos de nosotros prefirió una vida creyente resignada a una cómoda mediocridad (cf v. 22). «Creer sí, pero no tanto». Profesar la fe en Dios, aunque negándonos a poner en práctica su voluntad. Jesús aprovecha la ocasión para poner las cosas en claro con sus discípulos: el apego al dinero y al poder que él otorga es una dificultad mayor para entrar en el Reino (cf v. 23). La comparación que sigue es severa; algunos han querido suavizarla, pretendiendo -por ejemplo- que había en la ciudad unas puertas pequeñas llamadas "agujas"... Bastaba entonces al camello agacharse para poder entrar por el ojo de la aguja...

Los discípulos, en cambio, entendieron bien el mensaje. El asunto se les presenta poco menos que imposible. Pasar por el ojo de la aguja significa poner su confianza en Dios y no en las riquezas. No es fácil ni personalmente ni como Iglesia aceptar este planteamiento, siguiendo a los discípulos nos preguntamos -con pretendido realismo-: “entonces, ¿quién se podrá salvar?" (cf v. 26). El dinero da seguridad, nos permite ser eficaces, decimos. El Señor recuerda que nuestra capacidad de creer solamente en Dios es una gracia (cf v. 27). 

Como comunidad de discípulos, como Iglesia, debemos renunciar a la seguridad que da el dinero y el poder. Eso es tener el "espíritu de sabiduría" (Sab 7,7), aceptar que ella sea nuestra luz (cf v. 10). A la sabiduría nos lleva la palabra de Dios, cuyo filo corta nuestras ataduras a todo prestigio mundano. Ante ella nada queda oculto, todas nuestras complicidades aparecen con claridad (cf Heb 4,12-13). Como creyentes, como Iglesia, ¿seremos capaces de pasar por el ojo de una aguja?

Una lectura ecológica del evangelio de hoy

El mundo, la humanidad, se encuentra hoy, también, ante el desafío de tener pasar «por el ojo de una aguja» si quiere conseguir... no ya la vida eterna celestial, sino simplemente la supervivencia terrestre.

Es un «ojo de aguja» nuevo. Nunca nos habíamos visto en esta situación. Siempre, desde siempre
 -es decir, desde hace varios millones de años, desde que el homo et mulier sapientes son lo que son-, el ser humano percibió la tierra como ilimitada, inagotable, cuasi infinita, capaz de absorber impasible nuestro proyecto de desarrollo continuo, infinito. 

Pero hace sólo cinco siglos (Magallanes, 1522) se dio cuenta de que la tierra no era una superficie plana infinita, sino una superficie esférica, cerrada sobre sí misma, y por tanto, limitada. Y ha sido sólo al final del pasado siglo XX cuando ha descubierto que su proyecto humano de desarrollo podría topar con los límites de la Tierra. Así lo proclamó proféticamente, en solitario, el famoso libro del Club de Roma «Los límites del crecimiento», 1972, que no fue escuchado. Pero su profecía fue confirmada y ratificada al filo del cambio del siglo («Más allá de los límites del crecimiento», 1992), al denunciar que estábamos en peligro de sobrepasarnos («overshot») más allá de la capacidad del planeta para absorber y regenerar los recursos que consumimos. Ese peligro ya se hizo realidad oficialmente el 23 de septiembre de 2008: los científicos que siguen el estado del Planeta, especialmente la Global Foot Print Network han hablado del «Día del sobrepasamiento», el «Earth Overshoot Day», día en el que calculan que hemos sobrepasado en un 30% su capacidad de reposición de los recursos necesarios para las demandas humanas. En este momento necesitamos más de una Tierra para atender a nuestra subsistencia...

El Informe de Desarrollo Humano del PNUD 2007-2008 confirmó la denuncia, y, de otra manera y con otros datos, confirmó que si toda la humanidad adoptara un nivel de vida como el de EEUU o Europa, necesitaríamos 9 planetas (pág. 48 de la edición en español). 

Despidámonos pues de la «vida eterna» para la Humanidad. El planeta seguirá, sí, pues ha pasado crisis semejantes, pero seguirá... sin nosotros. Ésta en la que estamos ya hace tiempo es la «sexta extinción». La anterior, la quinta, hace 65 millones de años, por efecto de un meteorito según las actuales hipótesis, causó la desaparición de los dinosaurios. La sexta, la presente, actualmente en curso acelerado, está causada por una especie biológica concreta, la única que ha llegado a convertirse en fuerza geológica, y parece que va a ser profunda, y que se llevará consigo a dos tercios de las especies actuales (entre ellas la causante). Nada de «vida eterna», pues, sino la condena a «una muerte anunciada», y con inminencia. 

Pero... «sólo una cosa tienes que hacer si quieres todavía alcanzar»... una prolongación de la vida: abandona el «sistema» que te lleva a la muerte, centrado obsesivamente en el enriquecimiento material, ciego a los costes ecológicos, y pasa a adoptar un nuevo estilo de vida, un nuevo paradigma, una nueva forma de mirar al planeta, comprendiendo que eres Tierra y dependes de ella, y que en vez de vivir de espaldas a ella y en guerra contra ella, debes vivir en amistad y en relación cariñosa y simbiótica con ella.

El tema sería mucho más largo, porque es también muy hondo. Es mucho más que el tema del “cuidado” para con la naturaleza... Es eso, sí, pero es mucho más. La Agenda Latinoamericana’2010 ya disponible en unos veinte países (latinoamericana.org) plantea la necesidad de afrontar a fondo el tema de nuestra «conversión ecológica», y el de la «re-conversión ecológica» del cristianismo (incluida nuestra teología, nuestras creencias y nuestra espiritualidad). Todos los cristianos/as deberíamos insistir en nuestras comunidades en tocar, en hacer presente, en estudiar este tema, el tema «planetariamente más urgente»... La Agenda Latinoamericana 2010 ofrece también sugerencias para organizar grupos de estudio, materiales para la educación popular, textos y reflexiones para organizar en nuestras comunidades una reflexión profunda sobre el tema.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 92, «Por el ojo de una aguja», de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí
Puede ser escuchado aquí
 
Para la revisión de vida
 
Aunque creamos en la Providencia, Dios nos ha encomendado procurarnos la materialidad de nuestra vida y debemos preocuparnos por todo lo económico. ¿Qué lugar ocupa el dinero en el "ranking" de mis valores y preocupaciones? ¿Un lugar adecuado, sometido a los valores? 

Para la reunión de grupo

- Comentar/discernir sobre la propuesta de lectura ecológica que se propone para este evangelio en el comentario bíblico-pastoral. ¿Está fundamentada la propuesta? ¿Qué aplicaciones tiene en nuestro contexto social? ¿Qué podemos/debemos hacer en nuestra comunidad cristiana?
- Leer el libro de Tim FLANNERY, «El clima está en nuestras manos», de Taurus, colección minor, México y Madrid 2007, 291 pp. Absolutamente convincente. Encarecidamente recomentable. Comprar un ejemplar en el grupo y pasarlo de mano en mano, y organizar al final un ciclo de reuniones para tomar decisiones en los planos personal, comunitario, barrial, social...
- "¡Qué difícilmente entrarán los ricos en el Reino de Dios!". ¿Captan los ricos ese mensaje en la Iglesia oficial, como conjunto? A pesar de las críticas al "capitalismo salvaje", de hecho, en el nivel de la práctica, el capitalismo occidental se siente enjuiciado por la Iglesia o más bien apoyado? ¿Por qué? ¿En qué? Sea cual sea la respuesta, ¿qué corresponde hacer?
- "Vende todo lo que tienes, repártelo entre los pobres... ven y sígueme". Si esto no se hace materialmente, ¿cómo puede realizarlo de alguna manera un creyente que desee ser radical con el evangelio?
- "El camello que no entra / por el ojo de una aguja/ entra en cualquier catedral" (Pedro Casaldáliga). Comentar. 

Para la oración de los fieles

- Por la Iglesia, para que dé testimonio del desprendimiento generoso que todos desean ver en ella, roguemos al Señor.
- Para que comprendamos que el mensaje del evangelio de hoy no es para algunos "profesionales de la santidad" sino para todos los cristianos, y que todos debemos dar al dinero el lugar que le corresponde en nuestra vida...
- Para que no falten también entre los cristianos figuras emblemáticas que testimonien y nos recuerden a todos la urgencia de cambiar nuestro actual sistema de civilización en favor de un sistema sostenible, no enemigo de la naturaleza...
- Por los religiosos y religiosas, para que afronten la grave falta actual de vocaciones a la vida religiosa como un mensaje, una interpelación que algo o alguien o la sociedad o Dios mismo les está haciendo...
- Por tantos hombres y mujeres que viven la pobreza de un modo obligado, tratando sólo de salir de ella, sin hacer opción por luchar por la transformación del mundo y por la superación de la situación de exclusión actual de los pobres...
- Por los que utilizan el argumento del desprendimiento espiritual respecto de las riquezas como el pretexto para acallar su conciencia ante lo crecido de sus riquezas, para que entiendan que Dios no quiere de nosotros sólo desprendimientos interiores sino actitudes exteriormente comprobables... 

Oración comunitaria

Oh Dios, Padre nuestro, que nos has hecho responsables del sustento de nuestra propia vida y de la de nuestros hijos. Ayúdanos a tener una sana relación con lo económico, que evite tanto un romanticismo idealista o espiritualista, como el materialismo romo y sin ideales. Y líbranos sobre todo de poner lo económico por encima de la justicia y del amor. Por Jesucristo N.S.

Oh Dios que a través de los avances científicos actuales nos «revelas» de forma nueva la divinidad del cosmos y de la Tierra, así como lo descaminado de nuestro modelo actual de civilización... Abre nuestras mentes a la captación de esta nueva «revelación», y haznos sentir experiencialmente la «divinidad», el carácter divino de la realidad. Con Jesús de Nazaret y todos tus testigos. Amén.

¿QUÉ TE DICE LA PALABRA DE DIOS HOY?

 
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