LA FAMILIA HOY: Una interpretación psicoanalítica de la familia y de la iglesia




El título de este trabajo no afirma ser "la interpretación psicoanalítica", sino sólo "una interpretación", entre otras posibles. Es evidente que en tan poco espacio de tiempo no es posible hacer "la interpretación psicoanalítica de la familia y de la iglesia.

Debido a la diversidad de escuelas que surgen del tronco común freudiano, no me parece correcto referirse a "la interpretación psicolanalítica", ya que cualquiera podría preguntar: ¿Cuál? Se podría encarar el tema a partir de la pretendida ortodoxia freudiana de la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA); de la escuela inglesa, con Melanie Klein y otros; de la escuela francesa, con Lacan y otros, de la psicología del yo; de los  culturalistas, etc. Para delimitar mi campo de trabajo, tomaré a Freud como materia prima para las reflexiones sobre el título que me fue propuesto. Además incluiré algunos aportes lacanianos. 

La  iglesia

La única reflexión sistemática que realizó Freud, con relación a la Iglesia, se encuentra: Psicología de las masas y análisis del yo, obra aparecida en el año 1921. 1. Dicha obra está formada por varios ensayos, el quinto lleva por título: Dos masas artificiales: Iglesia y ejército. 2. Freud toma a la Iglesia Católica como paradigma y dice: "En la Iglesia, lo mismo que en el ejército, y por diferentes que ambos sean en lo  demás, rige idéntico espejismo (ilusión), a saber: hay un jefe --Cristo en la Iglesia católica, el general en el ejército-- que ama por igual a todos los individuos de la masa". 3. Enfatiza el concepto de ligazólesia, lo mismo que en el ejército, y por diferentes que ambos sean en n (bindung) en el sentido de que lo que liga al creyente con Cristo es también lo que liga a los creyentes entre sí. Se produce una doble ligazón libidinosa; por un lado con el conductor, Cristo, y por el otro con los otros individuos de la masa. Freud   afirma que el fenómeno del pánico proporciona un indicio de que la esencia de una masa consistirá en las ligazones libidinales existentes en ella. Reconoce que no es tan fácil de observar la descomposición de una masa religiosa como lo es en el ejército ante la pérdida de su jefe. Cita una novela inglesa: When it was Dark que se refiere a una conjura de enemigos de la fe cristiana que consiguen que se amañe un sepulcro en Jerusalén de tal manera que aparezca un testimonio de José de Arimatea donde confiesa que el había retirado, pidadosamente, el cuerpo de Cristo del sepulcro, invalidando así la resurrección. Dice Freud: "Lo que sale a la luz, a raiz de esta descomposición de la masa religiosa supuesta en la novela, no es angustia, para la cual no hay ocasión; son impulsos despiadados y hostiles hacia otras personas, a los que el amor de Cristo, igual para todos, había impedido exteriorizarse antes". 4.

Freud aclara que se refiere a la Iglesia Católica, la institución eclesiástica que lo protegió en Viena. 5. Pero, ¿No vale la pena que evaluemos sus dichos aplicándolos al mundo protestante? Yo no pretendo dar respuestas, sólo quiero plantear algunas preguntas: ¿Estamos  convencidos de que Jesucristo es el Señor o aceptamos secretamente que la fe en un Conductor Divino es sólo un espejismo o una ilusión que mantenemos porque nos hace bien? ¿Tenemos como experiencia personal la manifestación del amor divino en nuestra vida personal o sólo hacemos del amor de Dios un discurso elocuente? ¿Amamos realmente a los hermanos de nuestra congregación local o sólo esperamos de la Iglesia que nos conceda una mayor porción de poder? ¿Estamos satisfechos con la calidad de las ligazones libidinales que nos unen a Cristo y a los hermanos o debemos reforzarlarlas?

Al final de Psicología de las masas y análisis del yo, en el apéndice, Freud dice: "Aun quienes no lamentan la desaparición de las ilusiones religiosas en el mundo culto de nuestros días admitirán que, en la medida en que conservaban vigencia plena, ofrecían a los coligados por ellas la más poderosa protección contra la neurosis". 6. Este texto es una clara expresión de la dialéctica interna de Freud con relación a la fe religiosa. En una de sus obras dice: "La religión sería la neurosis obsesiva humana universal". 7. Por el contrario, en este texto afirma que la fe es: "la más poderosa protección contra la neurosis". 6. Independientemente de que aceptemos que todos los seres humanos, con suerte, somos neuróticos, hay en Freud una contradicción, porque la fe cristiana no puede ser una neurosis y al mismo tiempo: "la mas poderosa protección contra la neurosis". Esta contradicción pertence al aparato psíquico de Freud, contradicción que el pastor Oskar Pfister quiso encarar cuando le dice, en su carta de fecha 29 de Octubre de 1918: "..no es usted ateo, ya que quien vive para la verdad, vive en Dios, y quien lucha por la liberación del amor está en Dios, según I Juan 4:16" 8. El texto completo, que el pastor Pfister le regaló a Freud dice así: "Y nosotros hemos llegado a conocer y hemos creido el amor que Dios tiene para nosotros. Dios es amor, y el que permanece en amor permanece en Dios y Dios permanece en él".

Freud, quien interpretó las contradicciones de sus pacientes no pudo comprender las propias. Se refirió a la negación como un mecanismo inconsciente de defensa, afirmó que la negación insistente representa una afirmación inconsciente. Estas son sus palabras en el artículo publicado en 1925 titulado: La negación: "O bien: 'Usted pregunta quién puede ser la persona del sueño. Mi madre no es'. Nosotros rectificamos: Entonces es su madre". 9. Si la Iglesia es una masa artificial y si Dios no existe, ¿por qué menciona a Dios y a la religión en más de veinte de sus obras? La negación es afirmación, el mismo lo dice: "No hay mejor prueba de que se ha logrado descubrir lo inconsciente que esta frase del analizado, pronunciada por reacción: 'No me parece' o 'No (nunca) se me ha pasado por la cabeza'" 10. No, nunca se le pasó por la cabeza, a Freud, pedir el bautismo, pero su insistente negación de la existencia de Dios pone en evidencia al creyente que residía en su inconsciente.

Volvamos a Psicología de las masas y análisis del yo. En esta obra Freud se refirió a la Iglesia y al ejército como masas artificiales. Aún cuando aceptemos como válida esa afirmación, todavía nos preguntamos, ¿No tienen algo más en común la Iglesia y el ejército? Si lo tienen, ¿por qué guardo silencio Freud? Cuando se trabaja psicoanalíticamente sobre un texto se trata de leer entre líneas. Es decir, se parte del contenido manifiesto para intentar llegar a lo latente. No pudiendo contar con las asociaciones del autor se corre el riesgo de que no arribemos más allá de una exégesis. Por otro lado, en todo trabajo psicoanalítico sobre un texto se corre el riesgo de que el producto del trabajo no sea más que un nuevo texto desvinculado del original. Estoy dispuesto a correr los riesgos en mi intento de leer entre líneas. En ambas masas se puede expresar el amor, pero, estructuralmente se pone de manifiesto, en ambas masas, el mal uso del poder. A "subordinación y valor" muchas veces se puede añadir "para soportar lo insoportable". Aún cuando mi texto estuviera desvinculado del original, creo que vale la pena compartirlo, porque yo leo entre líneas el mal uso del poder.

No me voy a ocupar de los militares porque no forma parte de los objetivos de este encuentro. Pero me voy a hacer eco de las reflexiones de dos teólogos; uno protestante, noruego y fundamentalista; otro católico romano, brasileño y teólogo de la liberación.

Edin Lövas ha producido un libro que tiene por título, en español, Dictadores espirituales, y como subtítulo, El abuso de poder en la iglesia. 11. Lövas diagnostica a los que abusan del poder en la iglesia como psicópatas. En una nota al pie, el traductor afirma: "El autor utiliza los conceptos de psicópata y dictador espiritual como sinónimos para describir a este tipo de persona". 12. Al comienzo de su obra Lövas dice: "Después de trabajar cuarenta años como guía espiritual, me aterrorizan los enormes sufrimientos que causan los dictadores espirituales a personas, grupos y congregaciones cristianas. Al mismo tiempo, me causa consternación el hecho de que rara vez se habla con claridad acerca de esto, aún entre los cristianos y los especialistas en este campo". 13. La obra de Lövas apareció en Oslo en 1987.

Seis años antes de la aparición del libro de Lövas, en 1981, se editó en Brasil la obra de Leonardo Boff: Igreja, carisma e poder. 14. En esta obra el capítulo cinco es fundamental, se titula: ¿Pueden transformarse en la iglesia el poder y la institución? Dice Leonardo Boff: "La institución siempre tiene algo que ver con el poder. Como excelentemente afirma Lord Acton, todo poder tiende a corromperse, el poder absoluto tiende a corromperse absolutamente". 15. El autor hace un importante análisis histórico, criticando a su iglesia desde adentro, lo cual no impidió que fuera sancionado por el poder que criticó. La entrada del poder secular en la institución eclesiástica ocurrió para Boff de la siguiente manera: "Todo sucedió demasiado rápido. La Iglesia, a pesar de las persecusiones, parece que no estaba preparada para afrontar evangélicamente los desafíos propios del poder. No abolió el orden preexistente y se adaptó a él, ofreciéndole al Imperio una ideología que apoyaba el orden vigente y sacralizaba el cosmos pagano....Con la entrada en la Iglesia de los funcionarios del Imperio, que debían asumir la nueva ideología estatal, lo que se verificó fue antes una paganización del cristianismo que una cristianización del paganismo. La Iglesia, que hasta el año 312 había sido más movimiento que institución, pasó a ser la gran heredera de las instituciones del Imperio...." 16.

El libro de Boff no está cargado de amargura, ni resentimiento. El es un hombre de fe, un hombre de la Iglesia. Por lo tanto, nos deja un mensaje de esperanza: "¿Es que hay algo extraordinario para Yahveh? (Génesis 18:13-14). Sonríe, Sara, porque de estéril te has convertido en fecunda, de vieja has sido transformada en nueva. Sara ya ha concebido. Ya han comenzado a aparecer, en el seno de la vieja Sara, los signos de la nueva vida: una Iglesia nueva esta naciendo en las entrañas de la humanidad".  17.

Freud hizo un primer planteo, compara a la Iglesia con el ejército. Dos teólogos que representan polos opuestos arriban a conclusiones muy parecidas. Nos hemos reunido asumiendo nuestra identidad de psicólogos y psiquiatras cristianos. Seguramente por nuestros consultorios han circulado y continúan circulando las víctimas del poder eclesiástico. Estoy convencido de que cada uno de nosotros conoce personas que han sido muy bendecidas por el ministerio de quienes buscan el poder de Dios para hacer el bien y no el poder eclesiástico para someter al prójimo. A partir de nuestras experiencias personales, ¿tenemos algo que decir, como grupo, a la teología pastoral?

La  familia

Freud no realizó ningún estudio sistemático sobre la familia. Pero hay un hilo de Ariadna que conduce a través de los laberintos de la teoría psicoanalítica. Una certeza que nos libera de un monstruoso minotauro asegurándonos el camino hacia la salud mental. Un núcleo que puede mantener unida a la familia o destrozarla, que da cuenta mediante el sentimiento de culpa, del surgimiento de la conciencia moral, y da acceso a la cultura; me refiero al complejo de Edipo.

Freud descubrió el complejo de Edipo en sí mismo, mediante la interpretación de un sueño propio. En una carta que escribió al Dr. Fliess con fecha 15 de Octubre de 1897 dice: "También en mi comprobé el amor por la madre y los celos contra el padre. 18. En esta carta, conocida por el número 71, compara la tragedia Edipo Rey, de Sófocles con el Hamlet, de Shakespeare. Treinta años más tarde añadió una tercera obra correlativa: "Difícilmente se debe al azar que las tres obras maestras de la literatura de todos los tiempos traten del mismo tema, el del parricidio: Edipo Rey, de Sófocles; Hamlet de Shakespeare; y Los hermanos Karamazov de Dostoievsky. Además, en las tres queda al descubierto como motivo del crimen la rivalidad sexual por la madre". 19. En esta última obra afirma que que no es necesario matar al padre, con desear su muerte es suficiente para crear culpa. 20.

El  complejo  de  Edipo  y  el  acceso  a  la  cultura:

Un mito siempre da cuenta de un origen. A ningún psicoanalista le importa saber si Edipo o Narciso tuvieron, o no, existencia histórica. Los mitos que estos nombres representan dan cuenta de una realidad cotidiana, la presencia en todos los seres humanos del complejo de Edipo y del narcisimo. El mito del padre de la horda primitiva, en Totem y Tabú, 21, no es más que otra versión del mito edípico. La diferencia está en que en este caso no se apunta a la singularidad del sujeto humano, sino a  las implicancias sociales del drama edípico. Este nuevo mito, que tiene su primera exposición en Carlos Darwin, da cuenta del surgimiento de la cultura por medio del sentimiento de culpa, el arrepentimiento, el amor y la ley moral.

El pecado original, para Freud, es el asesinato del padre primordial. Sobre este crimen dice Lacan: "lo importante de Totem y Tabú es ser un mito y, se lo ha dicho, quizás el único mito del cual haya sido capaz la época moderna. Y es Freud quien lo inventó". 22.

Según este mito moderno, en la horda primitiva había una gran tirantez entre el padre y los hijos por la posesión de las mujeres. Los hijos mataron al padre, y para heredar su virilidad, se lo comieron. Después de cometido el crimen, el sentimiento de culpa les obligá a renunciar a los beneficios de la victoria, y al mismo tiempo mantuvieron vivo el recuerdo del padre, lo cual les condujo a que creyeran en su retorno. Freud afirmó que no hay que rastrear mucho en la religión para encontrar vestigios de ese parricidio e incesto. Por ejemplo: el sentimiento de culpa, la tendencia ascética y al celibato, la creencia en Dios como Padre, la creencia en el retorno de éste y el deseo de seguir comiéndoselo (la Santa Cena). La culpa conduce al terror ante el incesto y a la exogamia, posibilitando las relaciones entre clanes, abriendo así la puerta al intercambio, a la cultura.

El  complejo  de  Edipo  y  el  acceso  a  la  conciencia  moral:

Freud afirma: "La vida ética es un interés práctico de la humanidad".  23. Por lo general se suele creer lo contrario, que el psicoanálisis no tiene moral ni ética. Fui testigo de una situación muy desagradable. En un encuentro eclesiástico, donde participé, en Buenos Aires, junto con varios psicólogos cristianos, el pastor de la congregación local dijo en su exposición: "A los psicólogos no les importa la moral, a nosotros los pastores sí". Además del enojo de los psicólogos presentes, se puso en evidencia la ignorancia de este pastor ilustrado quien, además de sus estudios teológicos, es egresado de una universidad.

El malestar en la cultura es una obra esencial para la comprensión del pensamiento freudiano. El 28% de su contenido se ocupa del sentimiento de culpa, los capítulos VII y VIII. En ella nos declara Freud su "propósito de situar al sentimiento de culpa como el problema más importante del desarrollo cultural". 24.

La conciencia moral es un subsistema del sistema superyoico de la segunda tópica del aparato psíquico. El superyo es una instancia que encarna la ley moral y prohibe las transgresiones. Para Freud, la formación del superyo va paralela a la declinación del complejo de Edipo. El niño, al renunciar a la satisfacción de sus deseos edípicos, los amorosos hacia su madre y los agresivos hacia su padre, se identifica con ellos e internaliza la prohibición. Es por eso que Freud define al superyo como el heredero del complejo de Edipo. Luego, la renuncia a los deseos edípicos, forma el núcleo del superyo.

Cada una de las instancias del aparato psíquico reacciona en una manera particular con respecto a la moral. Freud expresa esa realidad en los siguientes términos: "Desde el punto de vista de la limitación de las pulsiones, esto es, de la moralidad, uno puede decir: El ello es totalmente amoral, el yo se empeña por ser moral, el superyo puede ser hipermoral y, entonces, volverse tan cruel como únicamente puede serlo el ello". 25.

Como lo saben hacer los padres, el superyo pone en marcha sus recompensas y sus castigos mediante la conciencia moral. Estos se otorgan al yo, porque éste a causa de su control sobre la motilidad, es considerado responsable por los actos morales o inmorales. Sólo el yo puede mantener contacto con el mundo externo en las personas llamadas normales. Por lo tanto, el superyo no hace diferencia entre el hecho consumado y el deseo de consumarlo. Freud, en su reflexión sobre los tipos libidinales puros, con relación al tipo compulsivo, es decir, al que está dominado por el superyo, dice: "No es gobernado por la angustia frente a la pérdida del amor, sino por la angustia de la conciencia moral; muestra por así decir una dependencia interna en lugar de la externa, despliega un alto grado de autonomía, y en lo social pasa a ser el genuino portador de la cultura, preferentemente convervador". 26.

El  complejo  de  Edipo  y  la  unidad  de  la  familia:

Ya en el año 1905, en su importante obra Tres ensayos de teoría sexual, 27, se refiere al amor como la conjunción de dos corrientes, una de ternura y la otra sensual o erótica. Una linda imagen del amor es la que nos presenta en esta obra como la creación de un tunel bajo una montaña. Dos equipos de perforación inician al mismo tiempo sus trabajos para encontrarse en el corazón de la montaña. Es en la conjunción de las dos corrientes que que se logra el amor. Sin amor no hay familia, es el amor quien la une. Por eso en la elección de la pareja, fundamento de la familia, uno debe procurar que nuestra media naranja se parezca lo suficiente a uno de nuestros progenitores como para que nos despierte   sentimientos de ternura, pero al mismo tiempo debe ser suficientemente diferente para poder hacerle el amor. En el trasfondo está el complejo de Edipo. Nos dice Freud: "La elección de objeto de la época de la pubertad tiene que renunciar a los objetos infantiles y empezar de nuevo como corriente sensual. La no confluencia de las dos corrientes tiene como efecto hartas veces que no pueda alcanzarse uno de los ideales de la vida sexual, la unificación de todos los anhelos en un objeto". 28.

El estudio más completo sobre estas dos corrientes que hacen posible la plenitud de la vida de la pareja y a la estabilidad de la familia lo realiza Freud en una de las tres obras que publicó juntas bajo el título general de Contribuciones a la psicología del amor. 29. La impotencia psíquica es para Freud la más generalizada degradación de la vida amorosa. Esta anomalía es causada por el complejo de Edipo no superado. Nos dice: "Hemos reducido la impotencia psíquica al desencuentro de la corriente tierna y la sensual en la vida amorosa, explicando a su vez esta inhibición del desarrollo mediante los influjos de las intensas fijaciones infantiles y la posterior frustración en la realidad, barrera del incesto mediante". 30. Es evidente que las disfunciones sexuales son una de las causas más frecuentes de tensión en la pareja y también de su disolución. Luego, una buena elaboración del complejo de Edipo es una condición fundamental para la estabilidad de la familia.

El  complejo  de  Edipo  y  la  salud  mental  en  la  familia  y  en  la  iglesia:

Lacan ha señalado con exactitud que: "lo primero que reveló el análisis del inconsciente es el complejo de Edipo: un accidente del Edipo provoca la neurosis". 31. Un accidente del Edipo puede también producir la perversión o la psicosis. Nadie puede evitar lo ineludible, lo que se puede intentar es evitar el accidente. Me animo a afirmar que el complejo de Edipo es un invento divino para hacer posible nuestra plena humanidad. Dice Lacan: "...el complejo de Edipo es esencial para que el ser humano pueda acceder a una estructura humanizada de lo real". 32.

La mayor contribución de Lacan a la comprensión del complejo de Edipo es sacarlo del cuentito, para enmarcarlo en una estructura. En el centro de la articulación edípica se encuentran varios conceptos fundamentales para la salud mental: El falo, la función del padre, la metáfora paterna y el significante Nombre del Padre. En el Seminario No. 5: Las formaciones del inconsciente, nos presenta los tres tiempos en que se estructura el Edipo. 33.

Los tres tiempos del Edipo, según Lacan, no son tiempos cronológicos sino tiempos lógicos. Estos tiempos lógicos forman una estructura por donde circula el falo, como atributo paterno. En el primer tiempo el falo está anclado en la relación madre-hijo. El hijo es el falo de la madre y éste tiene la ilusión de que él la completa. En el segundo el falo pasa al lugar del padre quien rompe lo que el Dr. Masota denominó celula narcisista-madre fálica. En el tercer tiempo el hijo toma al padre como modelo identificatorio y deja de ser el falo para tenerlo. En el tercer tiempo es que comienza a declinar el Edipo.

La metáfora paterna es producida por el significante Nombre del Padre. Significante que tiene cierto sentido religioso, parecería que falta "y del Hijo y del Espíritu Santo". Lacan trata de precisar que en la castración simbólica no se trata del padre en tanto persona, sino del significante que otorga a la función del padre un lugar importantísimo en la estructura del Edipo. No se trata del padre real, sino del padre simbólico. Se trata de la función paterna, que no es absolutamente necesario que sea cumplida por el progenitor, aunque sería lo más apropiado. Lacan afirma que no es necesario que haya un hombre para que haya un padre, la propia madre puede, en determinados casos, cumplir la función paterna.

El Nombre del Padre es el fundamento de la ley moral. Se produce la psicosis cuando hay preclusión del significante del Nombre del Padre. De ahí la importancia de la función paterna para la salud mental del sujeto y de la familia. Dice Lacan: "Es en un accidente de este registro y de lo que en él se cumple, a saber la preclusión del Nombre del Padre en el lugar del Otro, y en el fracaso de la matáfora paterna, donde designamos el efecto que da a la psicosis su condición esencial, con la estructura que la separa de la neurosis". 34

El psicoanalista francés Joël Dor ha escrito una importante obra titulada: El Padre y su función en psicoanálisis. 35. Es una obra que recomiendo.

No se si en esta apretada síntesis he logrado despertar el interés, de los que no conocen a Lacan, de investigar sobre el aporte lacaniano a la comprensión del complejo de Edipo como estructura que determina el nivel de enfermedad de cada sujeto. La salud o la enfermedad se juegan en la manera en que vivimos y encaramos nuestro Edipo. La Iglesia puede ser una comunidad salutífera o alienante, casi tanto como la familia. Las personas se enferman en familia y es en familia que deberían curarse. La Iglesia debería ser la familia grande, la comunidad terapéutica por excelencia. Pero, ¿Ha tomado la familia y la Iglesia al complejo de Edipo en serio? ¿Se tiene en cuenta el concepto de Dios como Padre, como metáfora paterna por excelencia? ¿Prevalece el amor o la rivalidad en la familia y en la Iglesia?

El  complejo  de  Edipo  y  la  revelacion  general:

En este encuentro se ha privilegiado el concepto de misterio. Según la concepción bíblica, el misterio consiste en una verdad que Dios ha mantenido velada por algún tiempo, para darla a conocer en un momento determinado. Lo velado se transforma en re-velado. La revelación del misterio pertenece al campo de lo divino. Luego, cuando pensamos en Familia e Iglesia, misterios de Dios, estamos hablando de revelación.

Esta reflexión parece nueva. Sin embargo, en uno de los primeros libros de Psicología Pastoral aparecidos en lengua española, en 1947, el rabino J. L. Liebman dice: "La religión tiene ahora un aliado en lo que puede llamarse Psicología Revelada, una ciencia que desnuda las secretas enfermedades de la perturbada alma del hombre y proporciona una útil terapéutica para curarlas". 36.

¿Es válido hablar del completo de Edipo como un misterio que fue revelado a fines del siglo pasado? Afirmar que el Edipo es un invento de Freud sería equivalente a decir que Benjamín Franklyn invento la electricidad. Ambos ilustres hombres descubrieron energías que  existían desde la creación; una la encontramos en la naturaleza, la otra sólo en el ser humano. El hombre ha aprendido a construir usinas en los ríos para atrapar la electricidad; Freud nos legó el psicoanálisis como  útil herramienta para orientar y aprovechar sanamente la energía libidinal edípica.

No sólo el Edipo es invento divino, lo es toda la sexualidad. Dios no se avergonzó de crear aquello que, en nombre de la religión, muchos se averguenzan hasta de hablar. Dios creo el sexo y la sexualidad. El primero exclusivo para el animal, el segundo sólo para el ser humano, para el disfrute de la plena humanidad. La sexualidad como una fuerza o una energía humana constante; el sexo como una fuerza animal inconstante, utilizable sólo para la procreación. El sexo como un instinto animal, la sexualidad como una pulsión exclusivamente humana.

La revelación general es el conocimiento que podemos inferir, acerca de Dios, en la creación en general, y del ser humano en particular. La teología natural es el producto de esa inferencia. Pero si no se quiere tomar en cuenta la revelación originaria, podemos preguntarnos ¿cómo se relaciona el mito de Sófocles con el mito bíblico de la caida? Y al pensar en Freud, un ateo confeso, ¿acaso no llamó Dios a Ciro, un pagano, para convertirse en instrumento de su revelación? (Isaías 44:28-45:1). ¿Es válido hablar del misterio de la iglesia y de la familia en función del Edipo revelado divinamente?
 
Notas:

1.- S. Freud, Obras Completas, Vol. 18, Psicología de las masas y análisis del yo, (Buenos Aires, 1986, Amorrortu editores), pp. 63-136.
2.- Ibid., pp. 89-94.
3.- Ibid., pp. 89-90.
4.- Ibid., pp. 93-94.
5.- S. Freud, O. C. Vol 23, Moisés y la religión monoteista, pp. 53-55.
6.- S. Freud, O. C. Vol. 18, Psicología de las masas, pp. 134-135.
7.- S. Freud, O.C. Vol. 21, El porvenir de una ilusión, p. 43.
8.- S. Freud y O. Pfister, Correspondencia 1909-1939, (México, - Buenos Aires, 1966, Fondo de Cultura Económica), p. 60.
9.- S. Freud, O. C. Vol. 19, La negación, p. 253.
10.- Ibid., p. 257.
11.- E. Lövas, Dictadores espirituales, El abuso de poder en la iglesia, (Barcelona, 1991, Libros Clie).
12.- Ibid., p. 13.
13.- Ibid., p. 11.
14.- L. Boff, (versión castellana) Iglesia: carisma y poder, (Santader, España, 1982, Sal Terrae).
15.- Ibid., p. 94.
16.- Ibid., pp.  98-99.
17.- Ibid., p. 123.
18.- S. Freud, O. C., Vol 1, Fragmentos de la correspondencia con Fliess (1892-1899), p. 307.
19.- S. Freud, O. C., Vol. 21, Dostoievsky y el parricidio, p. 185.
20.- Ibid., p. 187.
21.- S. Freud, O. C. Vol. 13, Totem y Tabú, pp. 3-162.
22.- J. Lacan, La ética del picoanálisis, Seminario No. 7 (Buenos Aires, 1988, Paidós), p. 214.
23.- S. Freud, O. C. Vol. 21, Dostoievsky y el parricidio, p. 175.
24.- S. Freud, O. C. Vol. 21, El malestar en la cultura, p. 130.
25.- S. Freud, O. C. Vol. 19, El yo y el ello, pp. 54-55.
26.- S. Freud, O. C. Vol. 21, Tipos libidinales, p. 220. 
27.- S. Freud, O. C. Vol. 7, Tres ensayos de teoría sexual, pp.112-224.
28.- Ibid., p. 182. 
29.- Las tres obras aparecen en el volumen 11 de las obras completas de Freud. El primero lleva por título: Sobre un tipo particular de elección de objeto en el hombre, donde presenta la incidencia del complejo de Edipo en algunas malas elecciones amorosas. Esta obra apareció en 1910. La segunda obra se titula: Sobre la más generalizada degradación de la vida amorosa, 1912. Aquí se ocupa principalmente de la impotencia psíquica causada por el complejo de Edipo. La última: El tabú de la virginidad,  apareció en 1918.
30.- S. Freud, O. C. Vol. 11, Sobre la más generalizada degradación de la vida amorosa, p. 177.
31.- J. Lacan, Seminario No. 5, Las formaciones del inconsciente. (Este Seminario circulana fotocopiado en las escuelas psicoanalíticas lacanianas. La Editorial Nueva Visión, Buenos Aires, ha impreso un resumen realizado por J. Pontalis del cual hacemos las citas en este trabajo), p. 84.
32.- J. Lacan, Seminario No. 3, Las psicosis, (Buenos Aires-México-Barcelona, 1984, Paidós), p. 283.
33.- J. Lacan, Las formaciones del inconsciente, Op. Cit., pp. 84-91.
34.- J. Lacan, Escritos 2, De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis, (Buenos Aires, 1985, Siglo veintiuno editores), p. 556.
35.- J. Dor, El padre y su función en psicoanálisis, (Buenos Aires, 1991, Nueva Visión).
36.- J. L. Liebman, Paz del Espíritu, (Buenos Aires, 1947, Santiago Rueda Editor), p. 27.

Sobre el autor:
Jorge A. León es cubano de origen y radicado en Argentina, doctorado en Filosofía en la Universidad de La Habana (en la especialidad de Psicología) y doctorado en Teología en la Facultad Protestante de Teología de Montpellier, Francia.  Tiene un posgrado en psicoanálisis en la Universidad Argentina John F. Kennedy, en Buenos Aires.  Miembro de la Fraternidad Teológica Latinoamericana.  El Dr. León es autor de numerosos libros de Psicología Pastoral y ha sido reconocido como el "Padre de la Psicoloía Pastoral en América Latina"
Sitio Web de Jorge A. León:  Psicopastoral

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