Doña Olivia | Por Juan Stam

Doña Olivia Silva de Guevara es una campesina nicaragüense de la comunidad contemplativa de Solentiname. Fines de los 70s ella y su familia vivían en los Cedros de Montes de Oca (Costa Rica), muy cerca de nuestra finquita y tuvimos el inmenso privilegio y la gran alegría de ser amigos de ella y su familia.

¡Y qué familia! Tengo entendido que en su larga vida doña Olivia engendró once hijos. Sus hijos e hijas, igual que ella, eran (y son) poetas, pintores y excelentes expositores bíblicos.[1] Sus nietos en esos años eran un encanto, llenos de chispa y alegría. En cualquier viaje que me tocaba, al aeropuerto o a los baños termales de Orosi etc, llenábamos nuestro Microbús de niños y niñas nicas. Todavía los oigo cantar, todas las estrofas de "Cristo ya nació en Palacaguina" o la misa campesina o el himno nacional de su patria.

Nosotros recién habíamos comprado nuestra finquita y repartíamos muchos racimos de bananos entre los refugiados. Un día, cuando les había dejado un racimo, doña Olivia me dijo, "Don Juan, ustedes no sólo nos traen bananos; nos traen esperanza". En otra ocasión dos de sus hijos estaban en la cárcel por andar indocumentados (y por sospecho de ser guerrilleros Sandinistas), y expresé mi pesimismo ante las posibilidades de la liberación de ellos, ella me exhortó: "Don Juan,, hay que confiar en Dios. Dios es muy grande".

Una vez ellos iban a visitarnos y nos llamaron a avisarnos que un camarógrafo europeo estaba completando un documental y necesitaba una escena de batalla. Nos preguntaron si podían realizar la filmación en nuestro cafetal. Dije que sí, con tal de que los fusiles no tuvieran balas. Al llegar llamaron a un compañero y le pidieron traer "cuatro lapiceros" escondidos en el piso de su jeep. Los hijos e hijas de Olivia, que estaban todos en la lucha, corrían arriba y abajo para simular un combate. Después el periodista los/las entrevistó. Recuerdo la entrevista con Nubia Arcia, acostada en nuestra hamaca, cuando ella explicó su actitud hacia la muerte: "No es que queremos matar, sino que estamos dispuestos a morir". Después, estando en Ginebra. por una feliz coincidencia, vi el documental en la televisión suiza.

Alejandro, el esposo de Nubia, estaba de sub-comandante con el Frente Sur en las montañas de Nicaragua. Ella estaba encinta y me tocó llevarla a la Clínica Bíblica para el alumbramiento, y después recibir con ella a la preciosa Alejandra (con el nombre de su padre (por si él muriera en combate) y decir una oración por la madre y la niña. Una enfermera, que me conocía pero no conocía a mi esposa Doris, me dijo, "¡Qué linda tu esposa, don Juan! No sabía que estabas casado con una nica". Le contesté que claro, mi esposa es bien bonita, pero no es nica. Después me tocó llevar a Nubia al Registro Civil y la Embajada para el certificado de nacimiento y demás trámites.

Los hijos e hijas de doña Olivia estaban en las montañas, menos los dos hijos menores. Iván, el "cumiche" de la familia, insistía con su madre en que él también tenía que estar en la montaña, con los compas, y se fue también a luchar por su patria. En una de sus primeras cartas, que trajo Ernesto Cardenal desde la montaña, Ivan dijo a su madre, "Diga a Juan y Doris que leemos la Biblia cada día y no dejamos de escribir poesía". Después del triunfo Iván fue el encargado militar de todo el occidente de la frontera con Costa Rica. A veces, cuando nos tocaba cruzar la frontera, pasábamos bellos ratos con Iván en la base militar, escuchando sus últimos versos.

A doña Olivia le llevábamos a muchos lugares en Costa Rica para hablar con misioneros, estudiantes, profesores y otros grupos. Después del triunfo, llevábamos a muchas delegaciones a su casa en las afueras de Managua. Muchas veces eran profesores o estudiantes universitarios, y sus preguntas no eran siempre sencillas, pero doña Olivia siempre tenía una respuesta coherente. Cuando alguien le preguntó que pensaba de Karl Marx, ella respondió: "Me han dicho que Marx es importante, y traté de leer algo de sus escritos, pero no entendí nada. Pero para mi fe yo tengo a Jesucristo, y para mi política tengo a Augusto César Sandino, ¡y creo que eso es mucho!"

"Antes de llegar el Poeta con la Palabra", solía decir, "vivíamos casi igual que los animales, y no nos dábamos cuenta. La Palabra nos hizo humanos".

[1] Ver el artículo anterior sobre "Solentiname"

Sobre el autor:

Juan Stam se nacionalizó costarricense como parte de un proceso de identificación con América Latina .  Es Dr. en Teología por la Universidad de Basilea.  Docente y escritor de libros, artículos y del Comentario Bíblico Iberoamericano del Apocalipsis de Editorial Kairós.

Sitio web de Juan: Juan Stam 

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