Inevitable obsolescencia | Por Abel García

Supongamos la existencia de una realidad “R”. “R” está afectada por una serie de variables “X” en una relación de causalidad directa. Imaginemos que son tres mil las variables “X” que determinan la realidad “R”. Es decir:
No tenemos idea de la ecuación exacta que relaciona las tres mil variables “X” con la realidad “R”. Jamás lo sabremos porque es imposible de determinar. Sin embargo, tenemos la necesidad de interpretar a “R”, de explicarla, de entenderla. Por eso, podemos hacer simplificaciones y tomar, en lugar de las tres mil variables “X”, solo tres o cuatro de ellas -cantidad de variables más manejable para nuestro intelecto limitado-, las más importantes a nuestro parecer, y con ellas establecer relaciones de causalidad. Por ejemplo, tendríamos lo siguiente:
Son miles de posibilidades, y cada analista de la realidad puede tomar diferentes alternativas. La combinatoria es grande, y aunque es un número que puede calcularse, no es relevante para el propósito de este pequeño post. Lo que debemos tener en cuenta es que relacionamos a “R” con dos sets distintos pero limitados de
variables “X”, ya no con las enormes tres mil variables apabullantes. Sin embargo, aparece un problema: yo no sé cómo se determina la relación entre las limitadas variables “X” y la realidad “R”. Se me ocurren las siguientes maneras a manera de ejemplo:
Tendré miles posibles ecuaciones que intentan explicar “R”. Cada una de ellas es un modelo, esto es, una aproximación de la realidad. Dicho de una manera un poquito diferente, el resultado de mis ecuaciones será una simplificación, un modelo que tratará de explicar el funcionamiento de la realidad “R” de manera aproximada. Mis modelos jamás lograrán explicar a plenitud “R”, y esto es así porque no considero todas las variables. Siempre será lo siguiente, para cualquier modelo:
Existirá una tendencia del modelo a la realidad, pero no llegaremos a ella. Ahora, imaginemos que nuestro set de variables es el siguiente:
Las cuales son modelizadas de la siguiente manera:
Supongamos que este modelo explica muy bien la realidad. Digamos que en un 95%. Somos felices con nuestro nivel de interpretación de “R”. Ahora imaginemos que la realidad “R” es dinámica, esto es, que las tres mil variables cambian en el tiempo, que las que eran importantes antes ya no lo son ahora, que las que antes eran despreciables ahora son relevantes, o que variables desconocidas aparezcan por modificaciones en el entorno. Digamos que estos cambios afectan a nuestro modelo, y dos de nuestras tres variables se hacen irrelevantes, y una de ellas sirve poco en el nuevo escenario. El poder de explicación del modelo ha bajado, digamos que a un 20%. El modelo ya no sirve, y debe ser reemplazado completamente, o quizá solo ajustado. Esto quiere decir que los modelos se hacen obsoletos, y tienen que ser cambiados cuando las variables “X” que explican a la realidad “R” son dinámicas, y cambian continuamente. Creo que no vale la pena explicar el hecho de que nuestro mundo es ferozmente dinámico.

En resumen, podemos decir que:

(1) Para explicar la realidad “R”, hago simplificaciones y solo tomo algunos aspectos relevantes de ella, descartando los demás.

(2) Mis explicaciones, dependiendo de su nivel de complejidad, pueden ser simples opiniones o puntos de vista, pero pueden llegar a ser modelos o doctrinas sumamente elaboradas.

(3) Estas explicaciones serán siempre aproximaciones a la realidad “R”. No pueden pretender abarcarlo todo por su origen simplicador. Nunca una explicación toma todas las variables. Pretender abarcarlo todo, explicando toda la realidad “R” con un modelo o doctrina, es un error serio.

(4)La realidad es dinámica. Lo que antes era significativo, ahora no importa. Lo que hoy es fundamental, ayer no existía.

(5) El hecho de que la realidad sea dinámica, significa que nuestras opiniones o puntos de vista, o nuestros modelos o doctrinas, se hacen obsoletos. Por lo tanto, deben formarse nuevas opiniones y puntos de vista, y deben hacerse nuevos modelos y doctrinas. Insistir con un modelo que puede ser caduco, es un error serio.

“R” puede ser múltiples cosas. Puede ser, por ejemplo, las relaciones económicas. Las aproximaciones pueden ser, por ejemplo, teorías económicas como el neo-keynesianismo, la teoría neoclásica, el monetarismo, el marginalismo, el liberalismo o el marxismo. Todas, aproximaciones particulares de la realidad, todas simplificaciones, todas sujetas a la obsolescencia inevitable. “R” también puede ser la realidad teológica, y encontraremos la misma lógica: aproximaciones a la Divinidad que, inevitablemente, se harán obsoletas. Por eso, y como lección final, no se puede asumir un modelo o doctrina expuesta a la obsolescencia como un gemelo, un equivalente a una realidad dinámica. Mucho menos endiosarla. Eso ya es casi irracional, aunque, tristemente, es un mal generalizado.


Sobre el autor:
Abel García García, es peruano. Estudió Ingeniería Económica en la UNI y Misiología en el Centro Evangélico de Misiología Andino-Amazónica.
Es editor de la Revista Integralidad del CEMAA.
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Sitio Web de Abel: Teonomía

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