Hacia una teología práctica en búsqueda de cerrar brechas | Por Alexander Cabezas

Tiempo atrás me encontraba en un congreso de líderes cristianos y uno de los expositores hizo la siguiente afirmación: “Reconozco que los estudios teológicos de nada me han servido ante el nuevo mover que Dios está trayendo a nuestra congregación…”

La declaración levantó no pocos aplausos entre la mayoría de las personas de corte evangélico que se encontraban en el recinto. Pero para otros (me incluyo), causó asombro; nos quedamos perplejos tratando de entender que estaba tratando de decir este líder reconocido en mi país y presidente denominacional, quien seguía creciendo con las ovaciones que recibía de los allí presentes, por haber hecho semejante declaración (según él), desafiante.

Algo es cierto y aunque nos cueste reconocerlo, en muchos espacios se percibe a la teología como un instrumento seco, estéril y arcaico que tiende a “estorbar” el accionar de Dios, aunque por supuesto, no lo comparto. No obstante, cierta vez hice el ejercicio de preguntarle a una jovencita congregante de 16 años sobre lo que ella entendía por teología. No había terminado de formular mi pregunta cuando su reacción fue arrugar la cara mientras respondía: ¡Eso suena aburrido!

Es lamentable que esta sea la imagen de lo que algunos perciben sobre algo que en teoría debería ser nuestro mejor móvil para presentar con dinamismo, entusiasmo y claridad las Buenas Nuevas del Reino. Más la culpa sin duda es nuestra. En ocasiones no hacemos una buena representación y en nuestros discursos complicamos y elevamos el lenguaje con tal de sonar elocuentes y eruditos, a pesar de que nadie nos entienda.

Cierta vez un pastor me compartía que cuando un líder de su congregación tenía el llamado para el servicio, él le recomendaba prepararse académicamente. Al poco tiempo notaba que algunos lejos de utilizar lo aprendido para servir con mayor compromiso y pasión, se volvían engreídos, arrogantes y creían que por manejar algunos conceptos y herramientas, estaban por encima del cristiano promedio.

Por supuesto, jamás será este el fin que esperan las instituciones teológicas de sus estudiantes. Adquirir una formación teológica tiene que producir humildad para reconocer los neófitos e ignorante que somos y lo mucho que necesitamos de la guía e iluminación del Señor.

Por otro lado, algunos líderes se les reconocen por ser grandes movilizadores de grupos con elocuentes discursos, pero tristemente no tienen profundidad ni conocimiento sólido bíblico, aún así son los que más están ganando a las masas gracias a que sus falencias las saben ocultar con la magia de sus shows, las luces de colores y los chistes que hacen vibrar a las congregaciones.

En otras partes, miembros de las iglesias se conforman con el mensaje ya digerido y elaborado desde un púlpito u otro escenario y no se esfuerzan por confirmar si lo que se predica y enseña tiene sus bases y principios bíblicos.

Me pregunto ¿Será que de esta disyuntiva algunos han aprovechado para introducir ideas y pensamientos, cuyas conclusiones provienen de líderes irresponsables e inescrupulosos que, de los principios que se desprenden de las Escrituras? Sin duda la respuesta es afirmativa.

La iglesia requiere de creyentes con amplia formación conectados con sus comunidades de fe y con la sencillez que hablaba Jesús, de lo contrario corremos el riesgo de desencarnar la teología de la vida práctica para amar, entender, trabajar y acompañar a la iglesia del Señor.

Otro concepto erróneo es creer que la teología es un ejercicio para algunos intelectuales o un grupo elite de personas. Se critica a los teólogos (as), quienes se quedan en la reflexión y no aterrizan. Se argumenta que los evangelistas, misioneros, pastores, ¡esos si son los hombres y mujeres de acción! Mientras los teólogos (as) y escritores (as), son los “pensadores abstractos”.

Si bien no todos han sido llamados a adquirir una vocación teológica formal, lo cierto es que como creyentes tenemos un serio compromiso de sustentar nuestras reflexiones en las Escrituras (1 Pedro 3:15), y todos los ministerios eclesiásticos se nutren de la teología, porque desde el momento que interpretamos el mensaje de Dios para la humanidad, allí estamos haciendo uso de la teología.

La teología no está en crisis si la entendemos como la herramienta que orienta y provee dirección para aquellas grandes interrogantes que surgen de muchas problemáticas sociales, éticas, políticas y culturales, entre otras. La teología es un valioso instrumento como filtro para la interpretación de nuestro contexto. Aunque esta se refuerza en otras disciplinas, el punto primordial de partida seguirá siendo, el mensaje revelado de Dios.

Si un mover no produce un genuino arrepentimiento, vidas transformadas, un compromiso radical entre sus miembros y la comunidad que ministra; entonces dicho mover es cuestionable, pues es como las efímeras olas del mar que se disipan tan pronto tocan lo solido de la tierra firme.

Emilio Antonio Núñez (1996), reconoce que la labor del teólogo, del pensador, o del cristiano que se atreve a profundizar su conocimiento bíblico y teólogo, no siempre será popular:
Mientras otros van tras el aplauso de las multitudes, él (creyente), se consagra a su labor silenciosa de pensador cristiano. Sabe que cuando los aplausos no se escuchen más, las ideas seguirán triunfantes, porque la Palabra del Señor permanece para siempre 1 Pedro 1:25” (Pág. 149)1.
Que Dios nos encuentre construyendo teológica, pero de la buena, esa que se necesita hoy en día para seguir anunciando el mensaje del Reino, pues es de esta forma como cerramos las brechas entre la reflexión y la acción, rumbo a una teología práctica.

Notas:

1. Núñez, A. Emilio. Teología y Misión Perspectivas desde América Latina. Publicado por la Oficina Regional para América Latina y el Caribe de Visión Mundial Internacional. 1996.


Sobre el autor:
Alexander Cabezas es de Costa Rica.  Profesor del Seminario ESEPA, Coordinador de Relaciones  Eclesiásticas de Viva y miembro del equipo coordinador del núcleo de la FTL en Costa Rica.

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