Comida, vestido y palabra | Segundo domingo de Adviento | Por Harold Segura

«Juan era aquel de quien Dios había dicho por medio del profeta Isaías: "Una voz grita en el desierto: 'Preparen el camino del Señor; ábranle un camino recto.'» Mateo 3:3 (Versión Popular Dios Habla Hoy)

Juan, llamado el Bautista, recibió el encargo de anunciar la venida de Jesús. Cumplió con su vocación en medio del rechazo y la persecución. Al final, fue asesinado por Herodes, a quien denunció por haber tomado como mujer a Herodías, esposa de su hermano Felipe. Su osadía le costó la vida.

Fue una voz que gritó en el desierto y que preparó el camino del Señor pidiendo rectitud en la vida. La rectitud de la que muchos reniegan, porque prefieren caminos de conveniencia personal o sectaria.

Juan, vestido con piel de camello, con cinturón de cuero y acostumbrado a alimentarse con langostas y miel del monte, fue a quien Dios escogió para anunciar la venida de su Hijo. A cada mensaje, su personaje (ó, «el medio es el mensaje», como enseñaba el filósofo canadiense Marshall MacLuhan). Esas eran las condiciones y calidades del predicador que el Señor necesitaba para aquel anuncio excepcional.

Juan preparó el camino del Señor con su propia vida. Hizo de su vida el mensaje: desde sus excentricidades en la forma de vestir y de alimentarse, hasta su radicalidad en la forma de predicar contra los religiosos de su tiempo y contra los gobernantes de turno (los llamaba «raza de víboras»). Comida, vestido y palabra, fueron los recursos oratorios del Bautista.

Ningún sermón cala tan hondo como el que se acompaña con gestos de vida concretos. No hay otro camino para prepararle el camino al Señor que viene.

Para seguir meditando:
«Lo que haces habla tan fuerte, que no puedo escuchar lo que dices»
Ralph Waldo Emerson (1803-1882)
Oración:

Te doy las gracias, buen Señor, por enviarme a preparar tu camino. Dame la capacidad de integrar el mensaje al mensajero; que mi vida, señor, sea una expresión de tu amor.
En medio del desierto, dame fuerzas para ser testigo tuyo. Amén.

Lectura bíblica: Mateo 3:1-12

1 Por aquel tiempo se presentó Juan el Bautista en el desierto de Judea.
2 En su proclamación decía: "¡Vuélvanse a Dios, porque el reino de los cielos está cerca!"
3 Juan era aquel de quien Dios había dicho por medio del profeta Isaías: "Una voz grita en el desierto: 'Preparen el camino del Señor; ábranle un camino recto.' "
4 La ropa de Juan estaba hecha de pelo de camello, y se la sujetaba al cuerpo con un cinturón de cuero; su comida era langostas y miel del monte.
5 La gente de Jerusalén y todos los de la región de Judea y de la región cercana al Jordán salían a oírle.
6 Confesaban sus pecados y Juan los bautizaba en el río Jordán.
7 Pero cuando Juan vio que muchos fariseos y saduceos iban a que los bautizara, les dijo: "¡Raza de víboras! ¿Quién les ha dicho a ustedes que van a librarse del terrible castigo que se acerca? 8 Pórtense de tal modo que se vea claramente que se han vuelto al Señor,
9 y no presuman diciéndose a sí mismos: 'Nosotros somos descendientes de Abraham'; porque les aseguro que incluso a estas piedras Dios puede convertirlas en descendientes de Abraham.
10 El hacha ya está lista para cortar los árboles de raíz. Todo árbol que no da buen fruto, se corta y se echa al fuego.
11 Yo, en verdad, los bautizo con agua para invitarlos a que se vuelvan a Dios; pero el que viene después de mí los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego. Él es más poderoso que yo, que ni siquiera merezco llevarle sus sandalias.
12 Trae su pala en la mano y limpiará el trigo y lo separará de la paja. Guardará su trigo en el granero, pero quemará la paja en un fuego que nunca se apagará."

Sobre el autor:

El pastor y teólogo Harold Segura es colombiano, radicado en Costa Rica. Director de Relaciones Eclesiásticas de World Vision International y autor de varios libros.
Anteriormente fue Rector del Seminario Teológico Bautista Internacional de Colombia.

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