Una meta para el 2012: Estudiar la Palabra con mayor profundidad | Por Juan Stam


¡Qué bueno sería que este año fuera tu inicio en el estudio de la Palabra de Dios más a fondo!
Es importante darnos cuenta de que hay diferentes tipos de "lectura" de cualquier libro. Leo una novela o un libro de poesía, por ejemplo, por el simple placer de su lectura. De muy otra manera leo un texto de química o de teología, y de una manera parecida, pero con importantes diferencias, un libro de historia. Esos tipos de lectura requieren más cuidado, más atención y más análisis.

Hay también diferentes niveles de lectura de la Biblia. Sin duda, el nivel más común, y con el que todo cristiano comienza su experiencia bíblica, es la lectura devocional o inspiracional. En este nivel, leemos la Biblia en busca de alimento espiritual personal, de frases y promesas que nos animan y textos que nos fortalecen. Un segundo nivel, en que queremos entender mejor nuestra fe, es el de la lectura doctrinal de la Biblia. Aquí buscamos versículos, o mucho mejor, pasajes, que aclaran las verdades de nuestra fe. Otra lectura, poco atendida pero de hecho muy importante, es la lectura histórica, que descubre a través de toda la Bibla la larga historia de la acción de Dios para nuestra salvación. Idealmente, todas estos niveles de lectura deben regirse por el enfoque exegético, que busca en todo momento, hasta dónde sea posible, descubrir el mensaje original que el autor inspirado comunicaba a los receptores de la Palabra.

«Yo no soy» | Cuarto domingo de adviento | Por Harold Segura

« Este es el testimonio de Juan, cuando las autoridades judías enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle a Juan quién era él. y él confesó claramente:
–Yo no soy el Mesías. Le volvieron a preguntar: –¿Quién eres, pues? ¿El profeta Elías? Juan dijo: –No lo soy.» Juan 1: 19-21 (Versión Popular Dios Habla Hoy)

Juan el Bautista sabe quién es (identidad) y sabe también para qué tarea ha sido enviado (vocación). Igual observación podemos hacer de Jesús: sabe que es Hijo Amado de Dios y que ha sido enviado para anunciar la llegada del Reino. Estos dos aspectos, identidad y vocación, contribuyen a la formación saludable del sentido de vida de toda persona.

Nuestra identidad se define por aquello que hacemos, por lo que tenemos, por lo que soñamos, pero de manera particular y sobresaliente por aquello que somos ante Dios. Ya desde el libro del Génesis, Adán y Eva definen su identidad a partir de su relación con el Creador; son su imagen y semejanza.

Juan el Bautista sabe quién es, pero sabe también aquello que no es. Esto último es tan importante como lo primero. Juan expresa abiertamente: «Yo no soy el Mesías»; tampoco el profeta Elías. Y cuando le preguntan con insistencia: «¿Quién eres, pues?», el responde que es «una voz que grita en el desierto».

Vivir a Dios | Tercer domingo de adviento | Por Harold Segura

«Jesús les contestó: Vayan y díganle a Juan lo que están viendo y oyendo. Cuéntenle que los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios de su enfermedad, los sordos oyen, los muertos vuelven a la vida y a los pobres se les anuncia la buena noticia» Mateo 11:4-5 (Versión Popular Dios Habla Hoy)

Las dudas asaltan a los predicadores, por muy radicales y seguros que estos sean. Este fue el caso de Juan el Bautista. Cuando estaba en la cárcel, envió una delegación de sus discípulos para que fueran donde Jesús y le preguntaran si realmente era el Mesías que había de venir… o si debía esperar a otro.

Jesús, en lugar de molestarse por las dudas de Juan, se aseguró de enviarle una respuesta que le garantizara su tranquilidad. La prueba fueron sus obras. No le envió agudos argumentos teológicos de esos que suelen hacer los teólogos cuando se trata de demostrar la verdad de Dios. Nada de eso.

La prueba de su verdad era práctica: díganle a Juan que «los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios de su enfermedad, los sordón oyen, los muertos vuelven a la vida y a los pobres se les anuncia la buena noticia».

Comida, vestido y palabra | Segundo domingo de Adviento | Por Harold Segura

«Juan era aquel de quien Dios había dicho por medio del profeta Isaías: "Una voz grita en el desierto: 'Preparen el camino del Señor; ábranle un camino recto.'» Mateo 3:3 (Versión Popular Dios Habla Hoy)

Juan, llamado el Bautista, recibió el encargo de anunciar la venida de Jesús. Cumplió con su vocación en medio del rechazo y la persecución. Al final, fue asesinado por Herodes, a quien denunció por haber tomado como mujer a Herodías, esposa de su hermano Felipe. Su osadía le costó la vida.

Fue una voz que gritó en el desierto y que preparó el camino del Señor pidiendo rectitud en la vida. La rectitud de la que muchos reniegan, porque prefieren caminos de conveniencia personal o sectaria.

Juan, vestido con piel de camello, con cinturón de cuero y acostumbrado a alimentarse con langostas y miel del monte, fue a quien Dios escogió para anunciar la venida de su Hijo. A cada mensaje, su personaje (ó, «el medio es el mensaje», como enseñaba el filósofo canadiense Marshall MacLuhan). Esas eran las condiciones y calidades del predicador que el Señor necesitaba para aquel anuncio excepcional.
 
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