Economía y vida plena: reflexiones en torno al día del trabajador | Por Nicolás Panotto

En el día del trabajador se recuerda un terrible hecho de la historia: los “Mártires de Chicago”, un grupo de obreros que a finales del siglo XIX fue ejecutado debido a su participación en diversas jornadas de protesta, en reclamo por una mejora en sus derechos laborales. Es un acontecimiento donde se conmemora la tragedia resultante de una tensión aún presente en nuestras sociedades: la injusticia que viven millones de personas a razón de la exclusión que crean mecanismos de producción, al igual que ciertas ideologías que fomentan el valor del consumo y la ganancia por sobre la vida y dignidad humanas.

¿Qué significa el trabajo para la sociedad actual? Una buena mayoría puede verlo como aquella tarea irremediable para “llegar a fin de mes” y cubrir los gastos cotidianos. Otros, como el camino para alcanzar distintas metas, sean una posición, un estatus social, la adquisición de ciertos bienes, etc. No nos olvidemos de aquel segmento mayoritario muy presente en nuestras sociedades que ve el trabajo como algo inalcanzable, como aquello lejano que sólo llega a algunos afortunados que están preparados o que poseen los contactos necesarios.

Chicago, Mayo 1886
Como decíamos al inicio, el trabajo suele ser visto como un espacio de tensión. La fuerte exigencia del mercado y su performance hace de los trabajadores piezas de una maquinaria que en muchas ocasiones olvida su cuerpo, sus sentimientos, su contexto y, por sobre todo, su humanidad y dignidad. Pasan a ser objetos fácilmente descartables al no responder como se espera, donde el presupuesto prioriza otros intereses “más rentables”. Ni hablar de las relaciones injustas que se producen entre patrones y empleados, cuyas demandas no tienen sentido más que el aprovechamiento de un espacio de poder.

No quiero ser pesimista, pero hoy día injusticia es un sinónimo de trabajo.
 
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