En el camino con Jesús | Día 34: ¿Quién dice que estoy en lo correcto? | Por Harold Segura

"Jesús respondió: Si yo me alabara a mí mismo, mi alabanza carecería de valor. Pero el que me alaba es mi Padre; el mismo que vosotros decís que es vuestro Dios. En realidad no le conocéis; yo, en cambio, lo conozco…"
Juan 8:54-55
(La Palabra, Sociedad Bíblica de España, 2010)
Imagen: Pixabay
Alabarse a uno mismo puede verse como algo normal, y hasta saludable para la autoestima. Sin embargo, y conociendo nuestra subjetividad, la autoalabanza corre siempre el riesgo del autoengaño. Creer en nuestra bondad, inteligencia, paciencia, justicia y santidad, no es suficiente; se necesita alguien externo que lo reconozca o lo confirme.

¡Podemos estar equivocados y no darnos cuenta! Un buen ejemplo de esto es el grupo que está conversando con Jesús en esta ocasión. Él los conoce mejor de lo que ellos se conocen a sí mismos. Ellos ni idea tenían de lo que estaban diciendo. Creen tener fe, pero no la tienen; dicen conocer a Dios, pero no lo conocen. ¡Hasta dijeron que Jesús estaba endemoniado! (Juan 8:58).

Entonces, ¿Quién nos juzga? ¿De parte de quiénes viene el elogio verdadero? Viene de Dios quien pesa los corazones: "A uno le puede parecer intachable su conducta, pero el Señor juzga las intenciones" (Proverbios 16:2). Y viene también de la gente a la que nos debemos. La comunidad a la que servimos y que nos sirve, en la iglesia, en el barrio, en el lugar de estudio o de trabajo… en la familia. Para Jesús, la comunidad que avaló su ministerio fueron los ciegos, los leprosos, los sordos, los muertos que había resucitado; los niños y las niñas, las viudas y los empobrecidos.

Hay que creer en los elogios que vienen de Dios (Mateo 7:37) y de la comunidad (Lucas 7:22). ¡Esos son los que más valen!

Para seguir pensando:
"Todo el arte consiste en no engañarse a sí mismo: mínimas islas de rocas en todo un mar de autoengaños. Lo que más puede lograr un hombre es aferrarse a ellas y no ahogarse"
Elías Canetti (Premio Nobel de Literatura, 1981)

Vale que nos preguntemos:
¿Cuento con una persona de confianza que me ayude a ver mis propios errores? ¿Estoy dispuesto a hablar con otras personas acerca de mis actuaciones?

Oración:
Tú, Señor, me conoces. Nada está oculto ante ti. Conoces la intimidad de mi corazón y la juzgas. Quiero escuchar tu voz y aprender a caminar en humildad. Escuchar también la voz de la comunidad y aprender a vivir sirviendo.
Amén.



Sobre el autor:
El pastor y teólogo Harold Segura es colombiano, radicado en Costa Rica. Director de Relaciones Eclesiásticas de World Vision International y autor de varios libros. Anteriormente fue Rector del Seminario Teológico Bautista Internacional de Colombia.




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