En el Camino con Jesús | Día 7: La confesión, tan necesaria como siempre | Por Harold Segura

"Perdónanos el mal que hacemos, como también nosotros perdonamos a los que nos hacen mal"
Mateo 6:12
(La Palabra, Sociedad Bíblica de España, 2010)
Imagen: Pixabay
Disculparnos no está de moda; mucho menos pedir perdón a Dios por nuestros pecados. ¿Pecados? Estas son épocas para otras cosas. La sola idea de pensar en la confesión de nuestras faltas nos hace sentir incómodos, cuando no retrógrados.

La confesión y el arrepentimiento como prácticas espirituales parecen haber quedado relegadas para los siglos en los que el cilicio y las penitencias formaban parte habitual de la fe. Épocas de beatas, monjas y monjes atormentados por la culpa de sus pecados.

Hoy, en cambio, la fe tiene otras urgencias. La fe pareciera estar al servicio de la comodidad psicológica, de la superación profesional y de la realización económica. Y, claro, examinar la conciencia y pedir perdón a Dios por el mal que hacemos pudiera resultar contrario a esos fines.

Pero el Padrenuestro está vigente y nos enseña que la confesión es necesaria, además de conveniente y sanadora. Su práctica es señal de madurez humana, sobre todo cuando procede de un corazón consciente de la falibilidad humana y que confronta con humildad la realidad del mal, connatural a la existencia humana.

Pedir perdón a Dios por los pecados limpia el alma, descansa el cuerpo y sana la mente (Salmo 32:1-3). La confesión de pecados es una práctica liberadora, que nos redime de la arrogancia de creer que somos perfectos, o de la insensatez de pensar que el pecado ya no existe. Basta mirar nuestro propio corazón para encontrar en él la necesidad de repetir: "Perdónanos el mal que hacemos".

Para seguir pensando:
"Cuando descubrimos nuestras faltas, Dios las cubre. Cuando escondemos nuestras faltas, Dios las descubre. Cuando las reconocemos, Dios las olvida"
Agustín de Hipona (354-430)

Vale que nos preguntemos:
¿En qué circunstancias o ante qué personas he actuado en forma equivocada? ¿Qué pasó?
¿Qué haré?

Oración:
Vengo a ti, Señor, reconociendo mis limitaciones y pecados, acogiéndome a tu misericordia y rogando tu perdón. Dame el don de perdonar a los demás como tú me perdonas a mí. Acepto tu perdón y otorgo el perdón a quienes me han hecho mal.
Amén



Sobre el autor:
El pastor y teólogo Harold Segura es colombiano, radicado en Costa Rica. Director de Relaciones Eclesiásticas de World Vision International y autor de varios libros. Anteriormente fue Rector del Seminario Teológico Bautista Internacional de Colombia.




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