Divergencias juveniles en el protestantismo indígena de los Altos de Chiapas | Por Ariel Corpus

El presente texto se presentó dentro XIII Encuentro de la Red de Investigadores del Fenómeno Religioso en México, que se llevó a cabo en Monterrey en mayo del 2010. La ponencia, sintetiza el artículo: "Jóvenes tseltales presbiterianos y sus prácticas divergentes. El caso de los Mensajeros de Cristo en la Iglesia Gólgota de El Corralito, Oxchuc", en Anuario, CESMECA-UNICACH, México, 2009.

A modo de introducción

Uno de los rostros poco estudiados del protestantismo en la región sureste de México y en particular en el estado de Chiapas, es la cara joven de él. Con ello me refiero a la nueva generación de jóvenes quienes son parte de la institución religiosa y que han sido socializados desde pequeños en esa instancia. En México la vinculación jóvenes-religión, especialmente con las minorías religiosas como los protestantismos, han sido abarcados en pocos estudios. Siendo así, el presente texto pretende aportar al respecto sobre la participación de los jóvenes en una iglesia protestante de la localidad tseltal de El Corralito, municipio de Oxchuc.
Cabe destacar que la mayoría de los estudios sobre el protestantismo en Chiapas han tomado otros ejes de interés. Rosalba Aída Hernández (1993) trabajó un breve y añejo estado de la cuestión señalando las vetas por dónde ha ido la discusión al respecto del fenómeno religioso en Chiapas. Ahora es tiempo de proponer uno más, como lo representa el tema de los jóvenes en las instituciones religiosas protestantes, buscando con ello contribuir a la construcción de un objeto de investigación en la antropología de la religión que se empieza a trabajar (Vázquez Palacios, 2000; Vázquez Mendoza, 2005; Garma, 2007; Corpus, 2008).
La mayoría de los trabajos que han antecedido al presente texto se han enfocado en grupos pentecostales y neopentecostales. Por ello, considero significativo ofrecer una mirada a otra denominación protestante que tiene una larga tradición en los Altos de Chiapas, en este caso, será el presbiterianismo. De igual modo resulta importante señalar que se trata de una iglesia en un contexto indígena. Así, el trabajo se centra en visibilizar etnográficamente las prácticas juveniles que están irrumpiendo en la iglesia a la cual se adscriben algunos jóvenes indígenas.

El texto se divide en dos secciones; en la primera, desarrollo un marco conceptual que permite generar la categoría principal que dio pie al registro etnográfico, señalando lo que se entiende por prácticas divergentes y de qué modo ayudan al análisis de la relación jóvenes-religión. Posteriormente, me centraré en las prácticas que divergen de lo establecido institucionalmente, situación que también ha generado una relación tensa entre los jóvenes y los líderes adultos. Finalmente, concluyo indicando algunos aportes importantes del presente tema de estudio.

Praxis divergente como concepto clave

Junto a los múltiples cambios sociales en los espacios indígenas, surge una visión sobre los jóvenes que se mediatiza por diversas instituciones como la escuela y la iglesia entre otras. El antropólogo Carles Feixa señala que la relación de los jóvenes con una cultura dominante está mediatizada por estas instancias ya que es ahí donde se trasmite, negocia y se establecen relaciones de integración y conflicto cambiantes en la medida del tiempo (Feixa, 1999: 85-86). Estas instituciones, imponen una «verdad» sobre los jóvenes desde la mirada adulta. El sociólogo chileno Klaudio Duarte denomina a esto como adultocentrismo, debido a que subyace una matriz de racionalidad de lo que «debe ser» la juventud, situando lo adulto como el punto de referencia para ser considerado pleno en una sociedad, ya que se privilegian características como la madurez, responsabilidad, integración al mercado, participación cívica, etc. (Duarte, 2000: 63).

La «verdad» del adultocentrismo se filtra por las instituciones (escuela, ejército, iglesias, etc.) y construye lo que se espera de los jóvenes, siempre en vías de inserción al mundo adulto, pues los jóvenes son juzgados por medio de este lente. Los jóvenes internalizan las imágenes y los discursos sobre ellos (Ibid: 65). La visión adultocéntrica impuesta en la nueva generación de protestantes es útil para abordar la construcción del argumento, pues como población joven se adhieren a una instancia que configura sus prácticas, buscando con ello la conformación de buenos creyentes, de modo que puedan seguir trasmitiendo a posteriores generaciones las creencias y las prácticas, situando lo adulto como punto de llegada (Ibid: 63).

La juventud, señala Brito Lemus, se circunscribe a partir de su diferenciación con el resto de la sociedad. A partir de esta diferencia adquiere valor y significación social por medio de su praxis, la cual es divergente; pues cuando los jóvenes marcan una brecha que les permite distinguirse de otros mediante un modo de actuar “logran rebasar el estrecho ámbito de significación del ‘relevo generacional de la fuerza del trabajo’ y es cuando se produce el proceso de apropiación existencial de su identidad colectiva” (Brito, 2002: 44). A partir de este concepto se puede analizar cómo se constituyen las identidades juveniles, mediante elementos como la discrepancia, la divergencia y la diferenciación, que permite un proceso de integración y afinidad entre los jóvenes, pero distinto al de los adultos:

La ‘praxis divergente’ contiene comportamientos sociales y culturales compartidos que dan sentido de pertenencia a un grupo, a una colectividad o a una generación. La identidad se produce cuando percibimos un ‘nosotros’ distinto por su praxis a los demás. A partir de su praxis discordante, los jóvenes han ido construyendo una estructura simbólica que ha operado como un ‘refugio existencial’ para la supervivencia juvenil (Idem).

El mismo Brito Lemus señala que aún dentro de los espacios integradores hay elementos que divergen de lo impuesto en búsqueda de nuevos modelos, ya que necesariamente hay un sentimiento de divergencia con el mundo adulto, pues “mientras más divergente es la praxis juvenil, mayor significación adquiere en la sociedad, mayor distinción alcanza” (Ibid: 45). La iglesia, como una institución de este tipo, no siempre puede contener las nuevas propuestas de los creyentes, pues estas nuevas generaciones tienen experiencias distintas a las de los primeros creyentes.

Por ello, encontramos en el seno de la agrupación juvenil, denominada Esfuerzo Cristiano, prácticas divergentes que son claves para comprender la relación de los jóvenes con la institución eclesial, pues ésta mediatiza las prácticas religiosas a seguir. Sin embargo, no siempre los jóvenes participan totalmente de esta «verdad», ya que tienen prácticas que divergen en algún modo, aunque no trastocan de fondo las estructuras, pero sí generan cambios al interior de ella.

Las divergencias juveniles

He considerado cuatro principales divergencias; la primera es la búsqueda de una relación más equitativa de género en medio de una institución donde el rol ministerial de las mujeres no existe; la segunda es el uso del español como el idioma con el cual se están realizando las prácticas cúlticas; la tercera, es el uso más recurrente de los cantos en español en una variada gama de géneros musicales; y la cuarta, se refiere al liderazgo juvenil como un punto nodal en la experiencia religiosa, debido a que los líderes eclesiales son varones adultos.

Buscando la equidad de género

En otras minorías religiosas el papel de la mujer ya se ha estudiado (De la Torre, 2000; Garma, 2004; Juarez Cerdi, 2006). En el protestantismo indígena, las mujeres no pueden ocupar alguno de los principales puestos ministeriales pues hay una variable más que atraviesa su relación con la institución: el trasfondo étnico. Para los jóvenes, esto, que es llamado como la «costumbre», deja a la mujer relegada de toda participación eclesial. Una de las principales prácticas en la agrupación juvenil es involucrar a las mujeres no tan sólo en las actividades, sino en la toma de decisiones del grupo, pues por generaciones el papel de la mujer ha quedado restringido al ámbito privado, perdiéndose así las oportunidades para el desempeño de liderazgos eclesiásticos. Muchas de ellas están consientes de esta «costumbre», pero empiezan a cuestionarlo y considerarlo incorrecto:

A las mujeres a veces no nos permiten participar, así como la predicación, o dirigir, o subir en el púlpito, eso no nos permiten. Pero hay iglesias donde si permiten, pero cuando a veces escuchamos de que no nos permiten, nos sentimos mal, como que baja nuestra autoestima. Pensamos que todos tenemos derecho a participar con la obra de dios, porque por eso dios nos creó, porque él nos quiere usar, ya sea en una predicación o [para] dirigir un culto. También queremos servir a dios y participar (ML y FL: 22/11/2007).

A raíz del relevo generacional las jóvenes están buscando equidad al tratar de generar un esquema diferente al prefigurado para ellas. Es a partir de la formación del Esfuerzo Cristiano que una práctica divergente está surgiendo, pues cuestiona lo que tradicionalmente se pensaba de la mujer; que no puede dirigir un culto religioso, que no puede predicar, que no puede ser ordenada como Anciano de iglesia, diácono o pastora y, por lo tanto, que no puede tener un liderazgo eclesial.

Algunas piensan que es necesario aprovechar los diferentes dones y capacidades que tienen, ya que tanto mujeres como hombres pueden hacer tareas en común sin importar de qué labor se trate, aunque reconocen que el hábito en la comunidad sigue siendo que la mujer se quede en casa efectuando quehaceres domésticos mientras el hombre trabaja en el campo. Ellas, ven que algunos líderes son quienes están en contra de las iniciativas, incluyendo la aspiración de las mujeres por envolverse más en las prácticas religiosas:

Hay Ancianos que ya son casi viejitos [que] no les gusta nada de lo que hacen los jóvenes. Los jóvenes ahorita ya están cambiando porque tienen otra mentalidad, tienen otra visión, pero los viejitos, así como los Ancianos, no nos permiten, porque dicen que antes las mujeres no les dejaban participar. Dicen que es por costumbre de los antepasados; las mujeres no hablaban, no les daban permiso, pero ahorita ya están cambiando (ML y FL: 22/11/2007).

Las entrevistadas consideran que ellas pueden desempeñar los roles que se les han negado por décadas. Señalan que la iglesia tiene mucha culpa en la situación desventajosa donde se encuentran, pues a diferencia de otros lugares que han visitado, en su propia congregación no han encontrado espacios de participación, debido a que la costumbre las hace doblemente endebles: por ser mujeres y por ser jóvenes. Sin embargo, y cuesta arriba, reconocen que poco a poco van teniendo más participación.

En el grupo juvenil se ve con buenos ojos que las muchachas participen en la dirección de los cultos, incluso que ocupen puestos en la directiva o en los distintos ministerios de trabajo, abriéndose los espacios eclesiales que les son negados por la institución. Esto indica una manera de pensar que es diferente a la establecida, pues incluso para algunos muchachos el pastorado femenino es visto con buenos ojos. Los varones creen positivo que las muchachas estén atravesando una coyuntura que posibilite nuevas experiencias eclesiales para ellas. Por ello, es que en el grupo juvenil se busca la inclusión de más mujeres para propiciar al interior un ambiente en el que ellas tomen decisiones de importancia, para lo cual consideran necesario “romper esa mentalidad, hacer algo, porque a ellos [los adultos] les enseñaron otras cosas, pero creo que nuestros tiempos ya tenemos que ir cambiando, renovando algunas cosas también, pero sin salirnos de lo que la palabra de dios nos enseña” (BL: 7/12/2007).

Del tseltal al español

El Instituto Lingüístico de Verano y la Iglesia Reformada de América desde que avocaron su trabajo misionero en Chiapas privilegiaron el idioma materno de los indígenas como la principal herramienta de evangelización. De modo que, donde se estableció el presbiterianismo, la recuperación de la lengua indígena para el desarrollo de la evangelización fue sumamente importante, pues a la par de las políticas públicas de castellanización, en algunas zonas, el movimiento presbiteriano dio preferencia a los idiomas indígenas (Hernández Castillo, 2005).

Pese a esto, las instituciones religiosas no son inmutables, porque los sujetos que las conforman tampoco lo son. En el municipio de Oxchuc, lugar donde se situó el presente estudio, los múltiples cambios han generado que el tseltal no sea el único idioma con el cual se interactúa, ya que los espacios en donde los jóvenes se vinculan obliga a recurrir a otro idioma además del materno. Si bien aún dentro del hogar la lengua de socialización primaria es el tseltal, en las instituciones educativas se privilegia el español. De igual modo, hay que señalar que los procesos migratorios han obligado a las nuevas generaciones a desprenderse de su idioma materno para poder comunicarse apropiadamente.

Actualmente, los jóvenes se desenvuelven en un contexto en donde el español se ha convertido en una necesidad cada vez más recurrente que ha traspasado el ámbito eclesial. Por ello, es que representa otra práctica con la cual la agrupación juvenil está siendo divergente, ya que es muy usado en sus actividades, con todo y que los jóvenes son hablantes de tseltal. Hay dos momentos importantes en los cuales los jóvenes están empezando a privilegiar el español por encima del tseltal; el primero son los cultos, puesto que la mayoría de ellos se realizan en español cruzando ocasionalmente palabras en tseltal. El segundo son los cantos, pues a diferencia de los himnos congregacionales clásicos en la tradición del protestantismo, los jóvenes prefieren estribillos cortos y fáciles de aprender.

Hablar en español, ha sido motivo de disputa entre los jóvenes y los líderes eclesiales quienes consideran esto como un enfrentamiento contra las tradiciones. Desde luego, esta problemática ha generado la estigmatización del grupo juvenil que ha sido visto como un propiciador de cambios negativos para la iglesia. Los jóvenes aceptan que el uso del español ocasiona un conflicto recurrente con los líderes y señalan que: “no nos permiten cantar en español”, diciéndoles que: “no deben cantar en español porque aquí somos tseltales […] tampoco en oración” (ML y FL: 22/11/2007). Discursos como estos, que bajo la mirada adulta y de la costumbre privilegian a la lengua materna en un espacio de transformaciones, ocasionan continuas rencillas.

Sin embargo, los muchachos no consideran que están rompiendo la costumbre de la iglesia, tan sólo ven la necesidad de recurrir a nuevas prácticas más útiles. Algunos argumentan que los jóvenes usan el español porque lo requieren y lo necesitan practicar, si no fuera así, tendrían problemas para relacionarse fuera de la localidad. Esta idea la comparten algunos adultos, pues para ellos hablar español en las prácticas cúlticas juveniles tiene sus ventajas, reconociendo que ya no se vive como antes, dado que los jóvenes tienen otras expectativas, fuera y dentro de la localidad, ya que salen a trabajar o a estudiar en zonas urbanas. De igual modo, reconocen el problema de la confrontación generacional por el uso del idioma, pues ven constantemente la tensión que provoca una práctica que es diferente a lo establecido, en este caso el idioma, pues han escuchado exponer a los líderes que: “quieren que [los jóvenes] seamos como los viejitos, no quieren que hablemos el español, que si hablamos español nosotros somos muy creídos, que hablamos en español, que oramos en español, hasta que predicamos en el español” (DS: 24/09/2007).

Del himnario a la música en español

Dentro de la liturgia protestante la música ocupa un lugar importante. En la historia del protestantismo mexicano los himnos se han destacado como la expresión musical por excelencia dentro de la institución (Ruiz, 1992; Arellano, s/a; Vázquez, 1985; Corpus, 2006). Las iglesias protestantes de México, incluidas las indígenas, han tenido el gusto y la afinidad por el canto de himnos. Los creyentes más viejos de la localidad de El Corralito apoyaron la traducción al tseltal de muchos himnos para generar un himnario que hasta el día de hoy, jóvenes y viejos, mujeres y hombres, llevan a culto cada domingo. De igual modo, se dedicaron a formar coros, grupos y conjuntos musicales entonando en diferentes ritmos los himnos clásicos.

Actualmente, los jóvenes han ido ensayando himnos en tseltal, pero también estribillos en español. Al principio, buscaron que los muchachos aprendieran a interpretar con algún instrumento cantos diferentes a los usados en los cultos dominicales, de modo que parte del tiempo de las actividades juveniles se dedicaban a aprender y practicar estribillos en español con la intención de que los jóvenes que sabían tocar guitarra enseñaran a otros. Por ello, a la par de conocer los nuevos cantos se dieron a la tarea de aprender a interpretar musicalmente tanto himnos como estribillos. Unos lo hicieron por cuenta propia, otros con ayuda de sus familiares quienes habían formado grupos musicales, lo cual incentivó la participación y el gusto por la música. No obstante, para otros jóvenes, el gusto musical no sólo se expresa en conjuntos o grupos, pues hay quienes participan en las actividades religiosas cantando con una pista de fondo.

Sin embargo, más allá de los instrumentos y del himnario, entre los jóvenes del Esfuerzo Cristiano hay una variedad de gustos con respecto a la música. Es claro que los himnos en tseltal son exclusivos para los cultos religiosos, pero fuera del templo, la música con mensaje evangélico en español es lo cotidiano y cada joven tiene sus respectivos gustos. Algunos prefieren la música de rondalla mientras que otros optan por las melodías de cumbia, balada y grupera, pero en su mayoría con letras cristianas. El entonces líder de la agrupación señaló en reiteradas ocasiones su preocupación por la música que actualmente escuchan los jóvenes, pues indica que hay muchos estilos de música cristiana pero no todos le parecen correctos. Con respecto al rock cristiano, opina que ese género sólo atrae a los jóvenes para satisfacerse carnalmente al gritar de emoción, pero sin ser una alabanza seria.

Factor importante para el consumo musical, que difiere del himnario, es la creación y el inicio trasmisiones en el 2007 de la radiodifusora evangélica Kadosh en el municipio de Oxchuc. Esta apertura es significativa pues con su cobertura ofrece una amplia gama de estilos musicales, lo que ha permitido que los jóvenes escuchen música producida en otros lugares de México y de Guatemala, ampliando la oferta musical en las nuevas generaciones y ofreciendo una alternativa diferente al himnario en tseltal.

Cabe resaltar que para Carlos Garma, la música es de suma importancia en el ritual pentecostal, pues “tiene gran importancia para entender la conversión entre sectores juveniles. El uso de elementos musicales acentúa como un poderoso aliciente para atraer a las personas jóvenes que buscan expresarse espiritualmente” (Garma, 2002: 206). Para los jóvenes protestantes, los cantos en español se han constituido como una práctica divergente, ya que dentro de la institución religiosa se privilegia el himnario en tseltal. En los cultos de jóvenes, se está substituyendo por estribillos en español, cortos y fáciles de aprender por su carácter repetitivo. A diferencia de los primeros convertidos, actualmente los jóvenes participan de un mercado musical, en donde el gusto de algunos miembros va más allá de los himnos que se cantan congregacionalmente.

El liderazgo juvenil

La concepción adultocéntrica de la iglesia consensa que los dirigentes tienen que ser sujetos capaces, maduros, comprometidos y responsables: imágenes de lo adulto. Sin embargo, lo que se ha denominado como liderazgo juvenil es una búsqueda por involucrar a los jóvenes en la dirección del Esfuerzo Cristiano. Las representaciones que se crean de ellos como sujetos «inmaduros» o «irresponsables» bajo el lente adultocéntrico (Duarte, 2000), hace que los jóvenes, tanto hombres como mujeres, no sean tomados en cuenta para el liderazgo a nivel eclesial.

La organización del Esfuerzo Cristiano ha permitido un corpus dirigente que se conforma por una mesa directiva (presidente, secretario y tesorero) y cuatro ministerios (evangelismo, recursos, educación y relaciones). Cada uno de estos es tutelado por un joven sin importar el género. La oportunidad de ocupar un puesto dentro de la agrupación es equitativa y novedosa para esta generación de jóvenes, pues a pesar de que muchos de los participantes son asistentes a la iglesia desde pequeños, no habían tenido la oportunidad de involucrarse más a fondo en las prácticas religiosas, ni mucho menos estar al frente de una organización eclesial que socializara a la juventud protestante en una región indígena.

Para algunos pastores los recientes papeles protagónicos que tienen los jóvenes son de importancia porque ahora tienen la posibilidad de participar abiertamente en el trabajo eclesial, ya que son ellos mismos quienes seleccionan temas y objetivos para una determinada actividad, se reúnen y se mantienen en comunicación para llevarla a cabo. La coyuntura que brinda el Esfuerzo Cristiano ayuda a la participación en aspectos negados en la estructura adulta:

Antes no se permitía a un muchacho dirigir, ahorita ya no, al formar la Sociedad de Esfuerzo Cristiano el muchacho o la muchacha predica, ya puede dirigir, ya puede predicar y dirige alabanzas. Antes no era así, solamente los Ancianos podían predicar y dirigir, no hay otra persona que pueda ministrar, que pueda predicar o dirigir alabanzas (JN: 21/11/ 2007).

De este modo el Esfuerzo Cristiano se ha constituido como una puerta que permite a los jóvenes entrar a experiencias eclesiales como las que tiene un dirigente eclesial, pues puede visitar, orar por los enfermos, elaborar y dirigir los cultos, tomar decisiones y predicar. Otros jóvenes han planteado que para llegar a ser líder hay que ser «santo», mas no en un sentido de perfección, sino de esfuerzo constante en los ideales y el «deber ser» de un cristiano, de tal modo que sea ejemplo para otros, pues la agrupación juvenil es vista como un espacio en donde los muchachos pueden desarrollar sus aptitudes y ponerlas en práctica. Fue gracias a la emergencia de la agrupación juvenil que se vislumbró la necesidad de un liderazgo conformado propiamente por población joven:

Surge a través de la agrupación, si no hay jóvenes no puede haber un líder, porque sinceramente no sé cómo sucedió, yo creo que el primer día que se fundó esto [el Esfuerzo Cristiano] pues se tuvo que buscar un líder que tenía que representar, que tenía que estar delante de los jóvenes. Sin que ellos tuvieran experiencia, pues tenían que quedar ahí porque no podía ir así simplemente y, a base de eso se fue formando más líderes: con los estudios, las enseñanzas, las participaciones, tanto en la Iglesia como dentro de los jóvenes, así se iba perdiendo el miedo, el temor a participar frente del grupo (BL: 7/12/2007).

Respecto a la «costumbre» de restringir el liderazgo femenino, piensan que la agrupación es un buen lugar para superar eso, ya que no existe barrera alguna para la participación equitativa, pues: “estamos por romper por completo esa idea, de que la mujer tiene que estar acá y los hombres acá, ya hay esa confianza, esa amistad, ya no hay una barrera que los detiene en cierta relación de amistad entre hombre y mujer, todos somos iguales” (BL: 7/12/2007).

Es importante entender que el liderazgo juvenil emerge en una sociedad en donde lo adulto es el punto de referencia. La «costumbre» se institucionaliza como la única forma de hacer las cosas y cualquier intento de modificarla es una confrontación. En este caso hay un doble juego de hegemonía impuesta por la racionalidad adulta, dado que encontramos lo social y lo eclesial vinculados. En ambos, el liderazgo adulto está significado como «madurez» y «estabilidad», todo aquello que se piensa que los jóvenes no son. Empero, ahora los jóvenes son quienes toman la agencia dentro de un grupo juvenil que, a pesar de estar «integrado» a una institución y bajo la consejería de un líder eclesial varón y adulto, está dirigido por jóvenes mujeres y hombres.

Consideraciones finales

En la región de los Altos de Chiapas, el Esfuerzo Cristiano ha sido un medio dentro del campo social donde interactúan los jóvenes en el cual se están gestando nuevas acciones dentro de una institución religiosa que, por cincuenta años, no los había visibilizado. Los estudios antropológicos sobre el protestantismo indígena no habían centrado su mirada en los actores jóvenes que conforman de la feligresía. En parte, porque eran invisibilizados en las prácticas adultas de la institución, ya que al no surgir un espacio de socialización religiosa juvenil, no existían jóvenes protestantes.

Los jóvenes no contaban con espacio de socialización e identificación juvenil, a raíz de esto, se percibió un quiebre con los esquemas habituales de la institución. La racionalidad adulta busca por diversos medios imponer «su verdad», enfatizando la visión adultocéntrica que concibe a los jóvenes como sujetos «en formación» e «imnaduros» (Duarte, 2000). De igual modo, lucha por integrarlos a la institución que es la encargada de mediatizar estos discursos. Como señala Brito Lemus: “en los sectores juveniles, hasta en los más convergentes hay un sentimiento de divergencia hacia el mundo adulto” (Brito, 2002: 45). Por ello, y en contra de los adultos, los jóvenes están discrepando de las formas institucionales de las iglesias protestantes. En el caso del presbiterianismo en la zona tseltal de Chiapas lo hace dentro de los límites y la permisividad que el liderazgo eclesial, como grupo hegemónico y adulto, otorga.

Finalmente, habrá que prefigurar varias opciones al menos para el presbiterianismo en la región tseltal de Oxchuc. Una de ellas es una lucha constante para que los cambios generados a raíz de su práctica juvenil se institucionalicen y con ello las expresiones indígenas del presbiterianismo mexicano creen nuevos paradigmas. Otro, posiblemente el más frustrante para la utopía juvenil, es que el Esfuerzo Cristiano representé sólo y concretamente un espacio donde se generen prácticas juveniles y por donde los sujetos que se adscriben a este discurso transiten hasta llegar a un estado adulto, reproduciendo el mecanismo de un reloj de un arena, donde al terminar de vaciarse por completo los granos, se da la vuelta y el ciclo comienza una vez más.

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Entrevistas

JN
2007 Entrevistado por el autor, 21 de noviembre, en Buenos Aires, Ocosingo.

BL
2007 Entrevistado por el autor, 7 de diciembre, El Corralito, Oxchuc.

FL
2007 Entrevistado por el autor, 22 de noviembre, El Corralito, Oxchuc.

ML
2007 Entrevistado por el autor, 22 de noviembre, El Corralito, Oxchuc.

DS
2007 Entrevistado por el autor, 24 de septiembre, El Corralito, Oxchuc

Sobre el autor:

Ariel Corpus es mexicano, Licenciado en Ciencias Históricas; Maestro en Antropología Social por el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social-Sureste (Chiapas, México). Sus líneas de interés se circunscriben a los estudios históricos y antropológicos del protestantismo, sociología de la religión, el vínculo jóvenes-religión, la emergencia de las juventudes indígenas, y la relación entre teología y ciencias sociales.  
Sitio web de Ariel: De Historia, Antropología y Ciencias Sociales 
 
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