Llevar un estilo de vida sencillo | Por Alejandra Ortiz

En los últimos días releí el Pacto de Lausana y entre las muchas cosas con las que fui confrontada, desafiada, animada y reafirmada, me siguen dando muchas vueltas algunas frases del punto 9. Claro que podría hablar extensamente sobre todos los puntos, pero en especial, quiero hacer una reflexión personal de lo que esto significa para mí:
...La meta debe ser, por todos los medios disponibles y en el más corto plazo posible, que toda persona tenga la oportunidad de escuchar, entender y recibir la Buena Nueva. No podemos esperar alcanzar esta meta sin sacrificio. Todos nos sentimos sacudidos por la pobreza de millones de personas y perturbados por las injusticias que la causan. Los que vivimos en situaciones de riqueza aceptamos nuestro deber de desarrollar un estilo de vida simple a fin de contribuir más generosamente tanto a la ayuda material como a la evangelización.
Hace algunos días platicaba con una estudiante, quien es amiga y lider estudiantil en Compa. Ella ha estado reflexionando mucho sobre la importancia de que la iniciativa estudiantil se vea también con la participación del sosten económico del movimiento y sus obreros. Ella lo ha compartido con otros estudiantes y han planeado una actividad durante una de las noches del campamento. Es un punto importante, que necesita hablarse responsablemente y que por tratarse de dineros, en nuestra cultura, siempre puede prestarse a malas interpretaciones.

Pero por mi parte, yo también he estado reflexionando sobre este punto. La misión a la que Jesús nos llama pide todo lo que somos y tenemos. Y de la misma manera, nuestros recursos monetarios deben usarse para este fin. No es fácil hablarlo, y quiero tener cuidado de articular bien mis palabras. Porque en muchas iglesias casi se obliga a los feligreses a dar ciertas cantidades de dinero y se les promete bendiciones (parece un intercambio moderno de indulgencias) mientras que en otros grupos, las personas se conforman con dar el 10% de su salario, sin preocuparse si ese dinero se usa para el extendimiento del reino y el otro 90% lo gastan irresponsablemente. Mi intención no es juzgar, porque yo misma soy culpable de malos usos en los recursos que el Señor me presta y creo que no lo he entregado todo...

Pero el punto aqui es pensar, considerar mis motivaciones y mis caminos en este tema, que es esencial al discipulado. No dejan de maravillarme los relatos en Hechos donde los seguidores de Jesús vendían sus posesiones para compartir con otros que no tenían. Un despojo completo, como el de su Maestro. Y también pienso en las palabras de Jesús, que claramente denuncian la imposibilidad de vivir para obtener dinero y vivir para Dios. No es malo tenerlo, pero es malo vivir movido por lo que tienes, con tu confianza en él e ignorando las necesidades de otros, sobre todo de aquellos que también son hijos de Dios.

Somos culpables. De tener mucho y no valorarlo, y aun viviendo en México (un país de 3er mundo, dirian los vecinos del norte) tengo más de lo suficiente. Entonces:

¿Cómo desarrollar un estilo de vida simple para así ser más generosa con mis contribuciones al proyecto que Dios está llevando a cabo en su mundo? Más fácil, ¿qué debo sacrificar, confiando en que Dios sabe todo lo que necesito, para que otros puedan conocerle aquí y en los lugares más remotos?

Debo seguir pensando, pero hay algunas cosas que comienzo a hacer y otras que me he propuesto, con la ayuda de Dios:

1. Decidí aportar dinero mensualmente a dos causas cristianas este año pasado, y ahora estoy buscando una tercera. Si en mi iglesia local no están inviertiendo en misioneros, misiones y proyectos de servicio y evangelismo, entonces hay que buscar que eso suceda... Creo que el diezmo a veces nos limita, porque a nuestro Dios le pertenece todo...

2. Cada quincena planeo la forma en que usaré el dinero y lo destino para eso en cuanto lo tengo en la mano. (lo que doy, recibos, comida, transporte, teléfono, ahorro...)

3. Participar de alguna forma con el ministerio que mi iglesia tiene hacia los migrantes, esto me permite estar en contacto directo con la gente en necesidad y dejan de ser una imagen (entre miles) que veo en la tv o el internet.

4. Evitar las tiendas departamentales para comprar ropa, este año comencé a comprar en "sobre ruedas" en Tijuana. Y sólo aquellas cosas que no encuentro, las busco en otras tiendas a un bajo costo.

5. Comer en casa lo más posible, o llevar lonche si estaré fuera de casa todo el día.

6. Caminar cuando se puede, en lugar de usar el carro o el transporte público.

7. Revisar el closet seguido para sacar la ropa, zapatos y accesorios que no esté usando y donarla a quienes puedan sacarle provecho.

8. En lugar de siempre ir a restaurantes o cafés, invitar a los estudiantes a mi casa a comer: cocinar para ellos y hacerles café, chai, cocoa caliente, etc... Esto personalmente lo disfruto mucho y a veces lo prefiero a ir un café o restaurante.

9. No adquirir deudas, en la medidad que esto sea posible.

10. Rendir cuentas sobre el uso de mis recursos (dinero, tiempo...)

...lo leo y me doy cuenta que son cosas muy muy simples, pero que de alguna manera me llevan a la conciencia y el deseo de vivir una vida sencilla y no pretensiosa. Y también es un compromiso a que si el Señor me diera más, no por eso buscaría gastar más o cambiar mi estilo de vida.

Esto tampoco significa que jamás me pararía en una tienda departamental o iria a un restaurante recomendado, pues Dios presenta oportunidades para disfrutar de esto y otras cosas. Pero quiero hacerlo siempre consciente de que son bendiciones de Dios y por esa razón soy responsable de compartir lo que recibo y de recordar a los que menos tienen.

¿Qué cosas puedes hacer tú si tienes convicciones similares?

Sobre la autora:
Alejandra Ortiz es de Tijuana, México y participa de la Iglesia Metodista. Es Licenciada en  Historia.  En la actualidad trabaja como obrera estudiantil a tiempo completo en Compa, México.
Sitio web de Alejandra: Relatos de Esperanza
 
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