¿Cómo podemos entender pasajes tan chocantes? | Por Juan Stam

Estudiemos el Apocalipsis con Juan

Quizá en todo el Apocalipsis, las trompetas son lo que más han asustado y despistado a los lectores. ¿Cómo puede un Dios de amor enviar tales azotes sobre el universo y la humanidad? En realidad las seis primeras trompetas (junto con las siete copas, que son igualmente espantosas pero un poco menos detalladas y dramáticas) proyectan toda una película de terror digno de Alfred Hitchcock:

1) una extraña lluvia de granizo y fuego mezclados con sangre quema la tercera parte de la tierra y su vegetación (8:7);

2) una enorme masa flameante es lanzada al mar, una tercera parte del mar se convierte en sangre, una tercera parte de la vida marítima muere y una tercera parte de las naves del mar son destruidas (8:8-9);

3) un inmenso bólido de fuego cae sobre una tercera parte de los ríos y fuentes y los vuelve amargos (8:10-11);

4) un agente no nombrado hiere una tercera parte del sol, la luna y las estrellas y debilita su luz en un tercio (8:12);
4b) en esos mismos cielos ya heridos, aparece una ominosa águila para anunciar que ahora seguirán tres “ayes” espantosos (8:13);

5) del abismo surge, envuelto en densa humareda, un incontable enjambre de anormales langostas carnívoras que se dedican a torturar a los humanos comiendo, como escorpiones, su carne sin nunca llevarlos hasta la muerte aliviadora (9:1-11);

6) Como si todo eso fuera poco, por el Eufrates entra al mundo civilizado una caballería montada sobre 200 millones de dragones que soplan fuego mortífero y cuyas colas terminan en culebras (9:13-21);

6b) el profeta tiene que comer un libro agridulce (10:8-11);

6c) Dos testigos del Señor, que también soplan fuego y carbonizan a sus enemigos (11:5), son a su vez muertos por la bestia. Sus cadáveres quedan insepultos en la plaza central, objetos del escarnio y la fiesta
de sus enemigos hasta que de repente resucitan (11:7-13). En seguida un violento terremoto derrumba la décima parte de la ciudad y mueren siete mil personas (11:13);

7) Con la séptima trompeta se inicia el Reino de Dios y se realiza el juicio definitivo de los impíos (11:15-19).

¡No es recomendable leer estos capítulos justo antes de dormirse, a menos que a uno le gustan las pesadillas! Para algunos, no sin razones justificadas, éste y otros pasajes parecidos provocan serios problemas de fe. Además del problema menor (común también al sexto sello) de cómo entender tales fenómenos y cómo creer cosas tan fantasmagóricas, surgen aquí peores problemas teológicos y éticos. ¿Cómo puede Dios destruir su propia creación en forma tan aparentemente anti-ecológica? ¿No sería terrorista un Dios que enviara tales catástrofes sobre seres humanos?

No es fácil responder a estas preguntas, ni desearíamos suavizar lo que las mismas escrituras plantean tan drásticamente. No son las únicas enseñanzas chocantes en la Biblia; para comenzar, la misma cruz es un escándalo. Dios es amor, pero su amor es justo y santo. Si Dios hiciera la vista gorda al pecado, o si lo perdonara por mero decreto con una amnistía general a pesar de tanta injusticia, Dios no sería justo y el universo no tendría fundamento ético. Con todo, unos sanos principios hermenéuticos nos ayudarán a entender mejor estos pasajes difíciles del Apocalipsis:

A) Primero, debemos recordar que estos pasajes se presentan como visiones que Juan vio, no explícitamente como predicciones de acontecimientos futuros específicos. Aunque las visiones pueden revelar eventos venideros, muchas veces son más bien descriptivas del sentido teológico de alguna realidad, en este caso del juicio divino sobre los impíos rebeldes. Ninguna frase en los relatos de las siete trompetas sugiere explícitamente que estuviera narrando sucesos literales del futuro. Llama la atención que los verbos de estos pasajes vienen en pasado (aoristo), no en futuro.. Muchos detalles resultan literalmente imposibles, p.ej. mezclar granizo y fuego (8:7), que una sola estrella cayera sobre una tercera parte de todos los rios y fuentes del mundo (y menos como se entendían los astros antiguamente), o que una montaña ardiente convirtiera la tercera parte del mar en sangre (¿cómo se dividiría de las otras dos terceras partes?). Tampoco tendría sentido preguntar cuáles continentes del globo terraqueo sufrirán los fatales incendios forrestales de la primera trompeta. Tomando en cuenta todos los datos exegéticos, parece improbable que las trompetas pretendieran vaticinar daños literales a lugares específicos de la tierra.

B) Como señalamos antes bajo la exposición del sexto sello (6:12), casi todos los detalles de estas descripciones eran ya muy familiares entre los judíos. Una vasta literatura de descripciones similares componía todo un género literario bien conocido, derivado en primer lugar de las teofanías*, especialmente del éxodo y del Sinaí. En esa medida, los detalles mismos no constituyen una revelación nueva, directa y explícita, por medio de Juan. La revelación específica viene, más bien, en la forma en que Juan escoge, organiza y sobre todo reinterpreta todos estos recursos simbólicos.

C) Mientras los sellos muestran una impresionante correlación con el sermón apocalíptico de Jesús (Mr 13 y paralelos), las trompetas y las copas se basan claramente en el éxodo y especialmente las plagas contra Egipto. La referencia sistemática al éxodo es una importante clave al sentido de las trompetas y las copas. El aporte específico de Juan era de reestructurar esos datos bíblicos ya conocidos en el formato de trompetas y copas, intensificarlos, y marcar su carácter progresivo (una cuarta parte con los sellos 6:8, a la tercera parte con las trompetas 8:7, hasta el todo con algunas copas 16:3).

El significado especial de estos pasajes se verá en la relectura contextual que Juan hace, para el primer siglo (y el nuestro), de estos relatos antiguos que eran patrimonio del pueblo judío. La re-interpretación de Juan presupone una serie de correlaciones: ahora la iglesia es el nuevo Israel de Dios, Roma corresponde al antiguo Egipto, Jesucristo es el Moisés escatológico de nuestra salvación, el mar rojo reaparece como el cristalino mar (Ap 15:2-3). El sentido básico del paralelismo era que Dios todavía actúa en la historia para salvar a su pueblo. Como las plagas de Egipto conducían hacia el éxodo de Egipto, así también las trompetas y las copas conducen a una liberación definitiva. Eso tiene que haber sido un mensaje de gran esperanza para los cristianos de Asia Menor.

D) Aunque los azotes que traen estas trompetas son espantosos, un aspecto importante de su significado es que siguen siendo parciales. Esto parece tener la finalidad de dejarles a los impíos nuevos espacios para el arrepentimiento. La amonestación de Dios, como toda su enseñanza, es progresiva; si los pecadores no responden, Dios “levanta el tono”, como cuando uno tiene que corregir a un niño. Dios primero susurra suave, despues sube el volumen un poco, y al final hasta “grita” para que le hagamos caso. Esto parece ser el sentido más natural del repetido refrán, “Y sin embargo, no se arrepintieron” (9:20-21; 16:9,11), es que debían haberlo hecho pero, como faraón, endurecieron sus corazones. Según Wilcock (1976:95), en las trompetas Dios está ofreciendo su misericordia al pecador. Así las trompetas revelan la ira de Dios (6:16) pero también su paciencia y compasión.

Aun más enfáticamente, Sabiduría 10-16, en una larga relectura del éxodo, insiste repetidas veces en que Dios amaba también a los egipcios y cananeos y con las plagas, en su desarrollo gradual, los llamaba al arrepentimiento (Sab 11:23-26; 12:2, 9-10, 19-20-21, 26-27). Al ver que el castigo de ellos era bendición para los israelitas, los egipcios reconocieron al Señor y admiraron al pueblo que antes despreciaron con escarnio (11:13-14). Para este autor, el propósito de Dios en tocar a Egipto y Canaán por una serie de castigos progresivamente severos era precisamente llamarlos al arrepentimiento:

No porque no pudieses en batalla campal entregar a los impíos en manos de los justos, o aniquilarlos de una vez con feroces fieras o con una palabra inexorable, sino que los concedías, con un castigo gradual, una ocasión de arrepentirse (12:9-10; cf. 11:23-26; 12:1-2 BJ).

Mas tu con todas las cosas eres indulgente, porque son tuyas, Señor que amas la vida... Por eso mismo gradualmente castigas a los que caen, les amonestas recordándoles en qué pecan para que, apartándose del mal, creen en tí, Señor (11:26 -- 12:2; cf. 12:26-27 BJ).

El paralelo con los septenarios del Apocalipsis, con su sistemática progresion en severidad y en la proporción afectada por los azotes, es evidente. Con tanto más razón podemos entender que las trompetas y las copas son llamados amorosos al arrepentimiento en el sentido de su simbolismo.

E) Es necesario aclarar, también, que estos azotes son “la ira de Dios y del Cordero” (6:16-17) y como tal van contra los impíos y no contra los fieles. En los relatos del éxodo, prototipo para las trompetas y las copas, se repite frecuentemente que las plagas no tocaban a los israelitas (Ex 8:22-23; 9:4, 6, 26; 10:23; 11:6-7). Filón (VitMos 1.26) insiste en que

..ni uno solo [de las plagas] tocó a los hebreos, aunque moraban en las mismas ciudades y aldeas , y aun casas, que los egipcios...Y lo más extraordinario y casi increíble es que por el mismísimo evento, ocurriendo en el mismo lugar y a un mismo tiempo, un pueblo fue destruido y otro pueblo fue preservado. El río se cambió en sangre, pero no para los hebreos, pues cuando ellos fueron a sacar agua del río, ésa pasó por otra transformación que la hizo de nuevo potable.

Ranas subieron del agua a la tierra y llenaron los mercados, los establos y las casas, pero se retiraron ante los hebreos, como si hubieran podido distinguir entre las dos naciones...Ni piojos ni moscas, ni langostas, que tanto dañaron las plantas, las frutas, los animales y las personas, nunca dcscendieron sobre los hebreos...Cuando aquella densa oscuridad descendió sobre los demás, los hebreos vivían en plena luz del día. Cuando de los egipcios murieron todos los primogénitos, no murió ni uno de los hebreos...Cualquier observador hubiera pensado que los hebreos estaban presentes como espectadores de las miserias que las demás naciones sufrían.

Nuevamente el libro de Sabiduría nos ayuda a entender esta perspectiva. “Lo mismo que fue para sus enemigos un castigo, fue para elllos [Israel] en su apuro un benefiicio” (11:5-7, cf. 11:13). Para los egipcios el “río enturbiado por una mezcla de sangre y barro” fue castigo por el sangriento infanticido que habían cometido, pero Dios dio agua abundante a Israel en el desierto. Comentando a Exodo 9:24 (cf. Ap. 8:7) dice:

lo más extrano era que con el agua, que todo lo apaga, el fuego cobraba una violencia mayor. El universo, en efecto, combate en favor de los justos. Las llamas unas veces se amansaban para no consumir a los animales enviados contra los impíos (16:17-18) ... Destruiste la tierra de un pueblo inicuo. A tu pueblo, por el contrario, le alimentaste con manjar de ángeles (16:19-20, cf. 22-23)...

Porque la creación, sirviéndote a tí, su Hacedor,
se embravece para castigo de los inicuos
y se amansa en favor de los que en tí confían (16:24).

Ocurre un fenómeno similar con las trompetas y copas del Apocalipsis. A las langostas de la quinta trompeta “se les ordenó que no dañaran la hierba...sino sólo a las personas que no llevaran en la frente el sello de Dios” (9:4), y la primera copa tocó “a toda la gente que tenían la marca de la bestia”(16:2). Eso era de esperarse, tanto por el paralelo de las trompetas y las copas con el éxodo, y también por la visión de sellamiento de los fieles contra los vientos de ira (7:1-8). Farrer (1964:114) muestra también el paralelo con Ezequiel: en la misma secuencia del Apocalipsis, los fieles son sellados (Ez 9:4,6), brazas ardientes son tiradas del cielo (Ez 10:2; Ap 8:5) y el sello protege al pueblo de los juicios divinos sobre su ciudad (Ez 9:6).

Es importante distinguir dos vetas de conflicto o calamidades que corren por esta parte central del Apocalipsis. La primera es la ira justiciera de Dios (6:16-17), simbolizado especialmente por las trompetas y las copas. Esto va específicamente contra los impíos, castigando su rebeldía y llamándolos al arrepentimiento. Por otra parte está la furia del dragón (12:12) y su aliado la bestia (13:6-7) en su embestida contra los santos, que no aceptan la marca de la bestia y no la adoran. Lógica y necesariamente, ese odio se dirige contra los que siguen al Cordero en vez de la bestia.

F) La clave más importante al sentido de las trompetas y las copas es la teología bíblica y judía de la creación, como indica nuestra anterior cita de Sabiduría 16:24. Ya la hemos visto también en nuestra exposición de Apocalipsis 4-5, que subraya doxológicamente la bondad de la creación. En las bellas palabras de Oráculos Sibilinos:

La noche oscura, el día y el sol, las estrellas y la luna, el mar de peces poblado, la tierra, los ríos, la boca de las fuentes eternas son creaciones suyas para la vida; y también las lluvias, que engendran el fruto de la tierra, los árboles y la viña, así como el olivo (OrSib 4:13-17).

La creación, como revelación divina, es el lenguaje de Dios para manifestar tanto su gloria (Sal 19:1-6) como su justicia y su juicio (Rm 1:18-19). Así las trompetas y las copas son la voz de Dios llamando a los impíos al arrepentimiento.

Pero es más. En contraste con nuestra idea moderna de las leyes de la naturaleza, los hebreos lo concebían como el pacto fiel de Dios con su creación. Después del diluvio, Dios confirmó su pacto de fidelidad con “todo ser viviente” y con la tierra (Gn 9:9-13; Is 54:9-10, “mi pacto de paz” con la creación). Las “leyes delante de mí” de Jeremías 31:35-36 son precisamente “”mi pacto con el día y mi pacto con la noche” (Jer 33:20,25; cf. Sal 74:16; 89:35-37; 148:3-6) y eso está coordinado directamente con “mi pacto con mi siervo David” (33:21,26; cf. 31:36; Sal 89:36-37).

Pensar en la creación como pacto, en lugar de como leyes naturales, afecta profundamente la manera de ver los fenómenos cósmicos que llamamos “naturales”. El pacto trae sus condiciones éticas y espirituales. Dios creó el mundo para Israel (4 Esd 6:55; 2 Bar 14:17-19; TMoi 1:12), y si Israel no guardara la Torá se habría cancelado el propósito del universo y las condiciones del pacto de la creación. Entonces Dios reduciría el cosmos a su caos original (Midr.Rab. Ex 47:4; Midr.Ps. 20; b.Abadoth Zarah 3a). Como el mundo fue creada por la agencia de la Torá (Midr.Rab. Ex 47.4; Midr.Rab. Lev.35:4; cf. b.Shabbath 88a), la Torá entonces es el “pilar” que sostiene el universo (Midr.RabNum. 10:1) y la existencia de éste depende de que Israel cumpla la Torá conforme al pacto (Midr.Ps 6:1; cf b. Pesahim 68b; B.Shabbath 137b; b.Megillah 31b; b.Nedarim 31b-32a; b.Sanhedrim 99b).

Por eso, la creación es el buen don de gracia que Dios nos concede, bajo las estipulaciones del pacto. Dios no nos debe el buen orden del universo, ni nosotros lo merecemos. Cuando caemos en desobediencia en vez de agradecerle al Creador su buena creación (Gn 1), Dios puede comenzar a privarnos poco a poco de las mismas bendiciones de esa creación. Aun peor, cuando las criaturas comienzan a adorar a la creación y no al Creador, entonces la creación se convierte en ídolo que Dios comienza a quitar. Entonces, el aparentemente seguro “hogar” de los “habitantes de la tierra” (6:10; 8:13) comienza a temblar. Ahora ellos no hallan seguridad ni en tierra, ni cielo ni mar (Peterson 1988:98). Esos son los juicios que corresponden al mismo pacto de la creación y en ese sentido debemos entender las trompetas y las copas del Apocalipsis.

Notas:

) Este pasaje del comentario Apocalipsis: Tomo II (Bs.As: Kairós 2003), fue escrito para ayudar al lector a entender mejor los pasajes chocantes del libro, especialmente las trompetas y las copas de ira. Cf. Boring (1989:112-119), “Cómo interpretar las imágenes violentas del Apocalipsis”.
) 1Co 1:23; Gal 5:11. Alberto Camus rechazó el cristianismo porque su “mito central”, la cruz, era para él la injusticia más grande de la historia humana. Según George Bernard Shaw, ningún caballero (ningún “gentleman” inglés) podría aprobar lo que Dios hizo a su hijo. Recientemente, John Dominic Crossan ha calificado la crucifixión de Cristo por voluntad del Padre como un caso de abuso de niños (“transcendental child abuse”, The Birth of Christianity 1998, citado en Christian Century 6 de enero, 1999 p.22).
) Interesantemente, esto lo confirman filósofos como Platón, Kant, y en cierto sentido Sartre. Ver Stam, fEscatología bíblica y misión de la iglesia (Guatemala: Semilla 2000).
) Sólo 9:6, curiosamente, utiliza el futuro (quizá por la alusión indirecta a Os 10:8). Por otra parte, aunque la sépetima trompeta es futura y en algún sentido literal, no se podría deducir eso del lenguaje del pasaje, que igual que las demás trompetas viene en aoristo (del pasado, cuando Juan vio la visión). El uso de los tiempos verbales en Juan es muy irregular; podría ser precisamente porque Juan quiere alertarnos a no sacar demasiadas conculsions temporales de su lenguaje.
) Mounce (1998:178) observa con razon que tomar estas fracciones literalmente daría resultados absurdos.
) Secundariamente, remiten también a la historia de Sodoma. Foulkes (1989:102) señala además ciertos ecos de las endechas burlescas del AT (ver también Ap 18), y Ap 8:7 alude al juicio contra Gog, Ez 38:22.
) Beale (1999:465-467; 483-6): argumenta tenazmente que el propósito principal de las trompetas no es el arrpentimiento sino el castigo; al otro extremo, Bauckham (1993A:238-281 “La conversión de las naciones”) afirma que las trompetas buscan y logran el arrepentimiento de las naciones. Según Mounce (1998:176), la finalidad es más un llamado al arrepentimiento que el castigo. También Wilcock (1976:95) y la mayoría de comentaristas reconocen aquí un llamado divino al arrepentimiento. Cf. Alegría (1995:231).
) Kiddle (1940:150) y otros señalan el paralelo con Rom 1:18-32: ante la rebeldía creciente de los pecadores, Dios les entrega cada vez más a las consecuencias de su propia impiedad.
) Sobre este tema la exposición de Beale (1999:483-486; 402-404) es especialmente valiosa.
) Todas las citas rabínicas de este párrafo son de Beale (1999:483).
) A veces esto se describe como un des-hacer de la creación en orden inverso del original. Esta de-creación a su vez prepara el camino para la nueva creación, bajo un nuevo pacto (Contreras 1990:191; Ellul 1977:74; Beale 1999:486).

Sobre el autor:
Juan Stam se nacionalizó costarricense como parte de un proceso de identificación con América Latina .  Es Dr. en Teología por la Universidad de Basilea.  Docente y escritor de libros, artículos y del Comentario Bíblico Iberoamericano del Apocalipsis de Editorial Kairós.
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Sitio web de Juan: Juan Stam 
 
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