¡Música Maestro!: Una experiencia ecuménica | Por Alexander Cabezas

La última semana de noviembre se realizó el Segundo Encuentro del Foro Cristiano Mundial (Global Christian Forum) en San José, Costa Rica. Unos 40 líderes de 19 países de América Latina y el Caribe y de la iglesia ortodoxa rusa, católica, anglicana, evangélicas, entre otras, nos reunimos para profundizar el compromiso con la Palabra de Dios y la misión cristiana.

Particiopantes II Encuentro Latinoamericano Foro Cristiano Mundial
Tuvimos un tiempo muy especial gracias al programa, a los cantos, a las oraciones y las ponencias que reforzaron los objetivos de esta iniciativa. Fue una experiencia que enriqueció y nutrió mi compromiso de fe a favor de la unidad. De hecho, ahora tengo nuevos amigos que nacieron de este encuentro.

Casi al cierre del congreso, durante el último receso, algunos participantes con buena voz y guitarra en mano, comenzaron a entonar tangos, rancheras, boleros y otro repertorio de música contemporánea latinoamericana. Poco a poco de forma espontánea, los presentes nos fuimos agrupando seducidos por el calor de la chimenea y la música que dio sabor y color al momento.

Fue algo memorable e impactante. Me atrevería a afirmar que en ese lugar y en ese instante, donde voces y cantos se entrelazaban tocando nuestras almas y sentimientos ¡nos reconocimos como un solo cuerpo! ¿Acaso no fue esto una visitación de Dios?

Algo que he aprendido en mí caminar cristiano es que cuando Dios visita, es él quien escoge el día, la hora, el lugar y las condiciones para presentarse y no nosotros. De nuestro lado lo único que podemos aportar es la obediencia al mandato de Cristo: -reunirnos en su nombre- (Mateo 18:20).

Ese encuentro “irreverente” de unidad, gracias a la música de Julio Jaramillo, Gardel, los Panchos y a otros seglares, nos hizo valorarnos y considerarnos como seres humanos que compartimos experiencias en común, tales como las historias de fe, las luchas y las esperanzas, más allá de nuestros títulos, posiciones, denominación o envestiduras. Lo vivido tocó las fibras más recónditas de nuestro ser y nos produjo un dulce sabor de la presencia divina. Sin duda alguna ¡Dios nos visitó!

La experiencia me llevó a concluir que aún tenemos una gran tarea por tender puentes para el diálogo y la comunicación. Y que la oración de Jesús: “Para que todos sean uno. Padre, así como tú estás en mí y yo en ti…” (Juan 17:21), sigue siendo su más ferviente anhelo para su Iglesia hoy y sigue siendo la tarea pendiente para nosotros como extensión de Su Cuerpo.

Me parece que el camino hacia la unidad se teje más allá de las discusiones acaloradas, los debates teológicos, o las diferencias dogmaticas que a veces nos dividen. Empieza por todos aquellos puntos en común que nos ayudan a vernos más humanos, más hermanos y hermanas y más urgidos de relaciones de amor, amistad y aquellas cosas que nos acerquen a vivir una espiritualidad genuina y comprometida con el reino de Dios y con nuestro prójimo más vulnerable.

Si cantar boleros, colabora en el proceso de unidad y misión de la Iglesia, entonces… ¡Música Maestro!


Sobre el autor:
Alexander Cabezas es de Costa Rica.  Profesor del Seminario ESEPA, Coordinador de Relaciones  Eclesiásticas de Viva y miembro del equipo coordinador del núcleo de la FTL en Costa Rica.
 
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