La propaganda es un arma predilecta del dragón | Por Juan Stam

Estudiemos el Apocalipsis con Juan

¡Satanás es el dueño de muchos medios
de comunicación masiva!
(Relectura contextual de Apocalipsis 13)


Después vi que de la tierra subía otra bestia.
Tenía dos cuernos como de cordero,
pero su voz era la voz del dragón.
Ejercía toda la autoridad de la primera bestia
en presencia de ella,
y hacía que la tierra y sus habitantes adoraran a la primera bestia...
(Apocalipsis 13:11-12)

La interpretación del falso profeta como ministro de propaganda, y del dragón como especialista en engaño (12:9; 13:14; 18:23; 19:20; 20:3,8,10; cf. 2:20), toca un tema muy central al argumento del Apocalipsis. El falso profeta, en servicio al dragón y la bestia, es el encargado de las mentiras del Sistema. Y eso, para Juan, es diabólico.

En la visión del milenio, el dragón fue encadenado y echado al abismo "para que no engañara más a las naciones" (20:3; ¡censura de la propaganda engañosa!), pero apenas termina su sentencia en la prisión y "saldrá para engañar a las naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra" y conducirlos a una nueva guerra (20:8). Eso, en lenguaje moderno, se llama propaganda de guerra, montada sobre el caballo rojo en sus maquinaciones belicistas para quitar la paz de la tierra (6:4).

El cuarto evangelio afirma también que el diablo "ha sido asesino desde el principio, y no se mantiene en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando miente, expresa su propia naturaleza, porque es un mentiroso. ¡Es el padre de la mentira!" (Jn 8:44-45). Para Juan de Patmos, lo diabólico es engañoso y todo engaño tiene algo de diabólico. Por eso arremete contra la falsedad de "los que dicen que son, pero no lo son" (seudoapóstoles 2:2; seudojudíos 2:9; 3:9; seudoprofetisa 2:20; seudosabiduría 2:24; seudoprosperidad 3:17). Todo eso apunta hacia la inautenticidad de los nicolaítas, que dicen ser cristianos pero no lo son, sino que son cobardes y mentirosos (21:8). Jesucristo, "el Verdadero" (3:7), el testigo fiel y veraz y el Amén de Dios (1:5; 3:14), exige también de nosotros veracidad, autenticidad y valiente fidelidad.

Para Juan, el diablo y la bestia son especialistas en engaño. Según su análisis profético, el imperio romano era un sistema de mentira inspirado por Satanás. Se promovía por un falso profeta (13:11-18) y engañaba al mundo entero por la hechicería de sus lujos (18:23). Por eso F.F. Bruce describe al falso profeta como el "ministro de relaciones públicas" de la primera bestia (1965:137) y Stauffer (1956: 263) lo llama el "Jefe de Propaganda" del culto imperial. Con milagros engañosos promovía la religión imperialista, y en las famosas "estatuas hablantes" de la época encontró su "micrófono" para su medio de comunicación masiva. El imperio, que tenía el monopolio total de acuñar monedas de oro y un control general del sistema monetario del mundo civilizado, aprovechaba también ese derecho exclusivo para realizar su propaganda. Muy parecido a las estampillas de correo de hoy, las monedas de entonces servían para honrar a los personajes que se destacaban en servicio al imperio, para anunciar grandes eventos (coronación de un nuevo emperador, sus cumpleaños, nacimiento de un heredero, o aniversario de su reinado), y para expresar la deidad de los emperadores. Estas monedas, que circulaban en todas las manos por lo ancho y lo largo del imperio, servían poderosamente para promover el culto al emperador, desde que en 44 a.C. el Senado mandó grabar en las monedas la imagen de un emperador que aún vivía.

Queda claro que el imperialismo romano se sostenía por todo un sistema de propaganda engañosa, detrás del cual estaba el dragón mentiroso y asesino. El dragón diabólico es el padre de la propaganda engañosa del imperialismo. En la visión de Juan, el diablo vive mintiendo y sus mentiras engendran guerra y muerte.

En nuestro tiempo moderno, Adolfo Hitler y su ministro de propaganda, Paul Joseph Goebels, perfeccionaron el fino arte del engaño político. En su famoso libro, Mi Lucha (Mein Kampf), Hitler dedica el capítulo 6 del primer tomo al tema de la propaganda. La función de la propaganda es la de persuadir a las masas, cuyo nivel de inteligencia es muy bajo. Por eso, el mensaje debe tener un mínimo de contenido racional y un máximo de apelación a las emociones. La eficacia de la propaganda, según Hitler, depende, antes que nada, de entender bien la sicología de las masas y logar mover sus pasiones. Paro eso, no valen criterios intelectuales o estéticos. Toda propaganda eficaz debe limitarse a la constante repetición de unos pocos argumentos sencillos, a modo de eslogans. Nunca debe dar otros puntos de vista, ya que las masas se confundirían. Implícito en todo el argumento es la premisa que el criterio definitivo es la eficacia de la propaganda, no su veracidad.

En este libro Hitler introduce también el concepto de "la mentira grande": cuánto más grande la mentira, mayor posibilidad tiene de ser creída por las masas. Dos ejemplos que propone Hitler son la mentira que los ejércitos alemanes perdieron la primera guerra mundial en el campo de batalla y que Alemania era culpable de esa guerra, lo que Hitler atribuye más bien a los judíos. La razón, según Hitler, es que la gente común acostumbra decir pequeñas mentiras, y por eso sospecha de los que las dicen también pequeñas. Pero ellos no se atreverían a emitir una "falsedad colosal", por lo que tampoco sospechan que otros van a mentir en grande. Resulta, entonces, que la mentira grande "siempre deja rastros" en las masas, sobre todo si se repite con frecuencia, conforme a la consigna, "miente, miente; algo queda". Aun cuando la mentira se refuta con hechos, las masas seguirán creyéndo la mentira.

En marzo de 1933 Hitler nombró a Goebbels a cargo del "Ministerio de Ilustración Pública y Propaganda", otro artista en el fino arte del engaño. El gobierno nazi le entregó el control incondicional de la prensa, radio, cine, literatura y arte, con miras al dominio total del pensamiento de todos los alemanes. Además diseñaban y utilizaban muchas banderas, afiches, mantas, posters y uniformes como medios de propaganda. Supieron aprovechar también celebraciones masivas y actos simbólicos, como el pomposo Te Deum en la Iglesia de Potsdam para celebrar su llegada al poder (21 de marzo de 1933) o la gran quema de libros frente a la Universidad de Berlin (20 de mayo de 1933).

Aunque Hitler perdió la guerra militarmente, ganó la victoria en muchos aspectos de la guerra ideológica. Después de Hitler y Goebbels, prácticamente todos los gobiernos "democráticos" del occidente siguieron usando mucho del análisis y muchos de los métodos que perfeccionó Goebbels. Aun bajo Hitler, los servicios secretos de los EUA cofinanciaron con el nazi Eberhard Taubert propaganda que describía a los comunistas como ratas e insectos que había que exterminar (www.encyclopedia.thefreedictionary.com). Después de la guerra, se hizo común la práctica de técnicas como la desinformación, la guerra sicológica, el manejo de información, los "spin doctors" de ambos partidos estadounidenses, y la propaganda negra (diseminar en nombre del enemigo información contra él, como si fuera emitida por él). Una práctica de muchos gobiernos, incluso los EUA, es de "plantar" un artículo falso en la prensa de algún país relativamente desconocido, y después citarlo en la prensa occidental con ese artículo como fuente.

El gran logro de Hitler y Goebbels fue el de cambiar mundialmente el concepto de la verdad, los criterios de interpretación fidedigna, y el sentido de responsabilidad ética de los gobiernos y los medios de comunicación masiva. La verdad en los medios de comunicación perdió la batalla con la propaganda.

Noam Chomsky y Edward S. Herman han analizado los medios masivos de los Estados Unidos como propaganda, con referencia especial a la base económica de esa industria. Parten del hecho básico que todos los medios masivos son empresas multimillonarios cuyo fin es la ganancia. Analizan cinco "filtros" que determinan si alguna información va a publicarse o no. La primera y más importante es "la propiedad". Hoy día los medios principales pertenecen a enormes conglomerados, que tienen grandes intereses en muchos sectores de la economía además del periodismo. Además, los accionistas, especialmente los más ricos y fuertes, van a oponorse a que se divulgue información opuesta a sus propios intereses, además de los intereses del conglomerado mismo. El segundo filtro es "el financiamiento", especialmente los avisos económicos que producen un 75% de sus ganancias. Los medios tendrán mucho cuidado de no diseminar nada que les haga perder clientes para sus avisos, o aun que perjudicaría la disposición de los lectores a comprar los productos de sus bien pagados promociones. En tercer lugar, las noticias tienen que pasar por el filtro de "las fuentes". Los reporteros necesitan acceso a las fuentes de información (embajadas, Casa Blanca, el Pentágono, personeros del gobierno); ofender a esas fuentes puede traer consecuencias muy negativas para la empresa. El cuarto filtro que señalan Chomsky y Herman se llama "flak" (interferencia sónica; disturbio en la comunicación, disonancia) y el quinto es "la ideología anti-comunista". Todos estos factores hacen muy difícil, para no decir imposible, que los medios de comunicación produzcan información objetiva.

Ha sido especialmente destructiva la relación de la propaganda engañosa con el fomento de las guerras. Así como el dragón, aun después del milenio, "saldrá a engañar a las naciones" y armar una guerra (Ap 20:8-9), en nuestro tiempo también el engaño ha tenido mucho que ver con el origen de las guerra recientes. La crasa distorción por el presidente Lyndon Johnson de supuestos "ataques no provocados" en el golfo de Tonquín (agosto de 1964) condujo a una resolución del Congreso que dio inicio oficialmente a la guerra de Vietnam, con un saldo final de 50,000 muertes norteamericanas y millones de víctima vietnameses.

La total fabricación de una historieta lacrimosa aportó mucho a la aprobación de la Guerra del Golfo (1991) por el público y el Congreso norteamericanos. Al inicio del conflicto entre Kuwait e Irak, el gobierno de Kuwait contrató los servicios de Hill y Knowlton, una prestigiosa empresa de relaciones públicas. El 10 de octubre de 1990 Hill y Knowlton armó en el Congres una seudo-oficial "audiencia" sobre violaciones de derechos humanos por Irak. El testimonio más conmovedor e impactante fue el de una joven kuwaití de quince años, presentada como Nayirah. Entre profusos sollozos y lágrimas, Nayirah informó que se había ofrecido como enfermera voluntaria en el hospital al-Addan en Ciudad Kuwait, y vio a los soldados iraquíes entrar armados al hospital, sacar a 312 niños de los incubadores y tirarles al suelo frío a morir. La historia fue recogida por agencias noticieras y medios masivos, contada dramáticamente por el mismo president Bush (padre) y repetida tanto, aun en el Congreso y en las Naciones Unidas, que quedó como un hecho comprobado.

Poca gente se dio cuenta cuando médicos desde Kuwait reportaron que ni el hospital al-Addan ni ningún otro hospital de la ciudad tenía tal cantidad de incubadores. La historia se volvió más dudosa cuando se supo que "Nayirah" pertenecía a la familia real de Kuwait y era hija del mismo embajador en Washington, Saud Nasir al-Sabah. Se supo tamabién que Nayirah había ensayado toda su presentación bajo la instrucción experta de Lauri Fitz-Pegado, vice-presidenta de Hill y Knowlton. Su testimonio fue toda una farsa y una fabricación, pero mantuvo su credibilidad unos dos años y fue sumamente eficaz como propaganda pro-guerra.

Doce años después, la invasión de Irak (2003) se basó casi enteramente en falsedades propagadas por la segunda administración Bush. Los discursos de los máximos personeros del gobierno, incluso ante las Naciones Unidas, fueron plagados de información falsa, a veces basada en documentos falsificados, por ejemplo, que Irak había buscado comprar uranio del país africano de Niger, que Sadam Hussein tenía armas de destrucción masiva o que estaba realizando proyectos de obtenerlos, y que Sadam Husein era aliado de Osama bin Laden o que había participado activamente en los sucesos del 11 de septiembre de 2001. Sobre todo esto, la administración Bush disponía de suficiente evidencia para haberse dado cuenta de la falsedad de sus acusaciones. También era falso que estaban invadiendo a Irak para llevarle la democracia. De nuevo, Washington empleó famosas empresas de relaciones públicas para vender su guerra. La historia lo recordará como uno de los engaños más sangrientos de muchos siglos.

En el imperio, nos sugiere Juan, la bestia controla los medios de comunicación. La propaganda y los medios masivos engañosos, especialmente cuando ejercen un control total de la información e incitan a matar, son instrumentos del dragón. El diablo es homicida desde el principio, y no permanece en la verdad (Jn 8:44); siempre sale a engañar a las naciones y provocar nuevas guerras (Ap 20:8-9). La propaganda es un dragón que nos quiere devorar. Pero los discípulos del Cordero no se dejan engañar. Ignorancia no es inocencia; creer la propaganda de la muerte es pecado grave. Difundir propaganda engañosa, como también creerla, es obra satánica.

Sobre el autor:
Juan Stam se nacionalizó costarricense como parte de un proceso de identificación con América Latina .  Es Dr. en Teología por la Universidad de Basilea.  Docente y escritor de libros, artículos y del Comentario Bíblico Iberoamericano del Apocalipsis de Editorial Kairós.

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Sitio web de Juan: Juan Stam 
 
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