Una reflexión sobre la economía y la misión de la Iglesia | Por Abel García

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Resumen

Una pregunta que a veces surge en círculos evangélicos es si existe un sistema económico bendecido por Dios, que prefiera por encima de otros. Al leer la Biblia parece entenderse que en verdad el régimen económico y político es algo que ha sido delegado a nosotros en el mandato de la mayordomía y que Dios no interviene directamente en él pero sí indirectamente mediante la exigencia de relaciones justas entre los agentes económicos. Esto hace que reflexionemos en el tema
de la justicia y, siguiendo la lógica de David Lim, en el de la creación y la redención, de donde concluimos que más allá de superioridad de un sistema económico sobre otro, Dios desea que, sea el que sea el modelo bajo el que vivamos, las relaciones de los agentes deben ser basadas en el estándar bíblico de la justicia. Como vivimos en un mundo de pecado, la injusticia económica debe ser un tema permanente de denuncia de la Iglesia como parte de su trabajo interactivo con la sociedad, lo que encaja dentro de los patrones de la misión integral y la responsabilidad social de la iglesia.

¿Existe un sistema económico bendecido por Dios?

La interrogante se plantea: ¿Existe un sistema económico que sea el “bendecido” por Dios, que se adecua más a su voluntad, a sus planes? Y, debido a la profunda interacción del entorno económico con su par político, ¿Existe un sistema político que sea el “bendecido” por Dios? Dicho de otra manera, ¿es la economía de libre mercado y la democracia los mejores modelos que Dios apoyaría mas, dado el momento histórico en el que nos encontramos? ¿O es que, más que apoyar un determinado sistema, lo que Dios hace es priorizar principios o pautas que sean trascendentes al ordenamiento económico, sea éste esclavista, feudal, capitalista, socialista o digital [i]?

Miguel Paredes [ii] me comentaba que, en una conferencia internacional sobre cristianismo y economía, un grupo proveniente del primer mundo sugirió la firma de un documento en el que sutilmente se afirmaba que Dios prefiere al sistema de libre mercado por sobre otros sistemas económicos. Los teólogos del tercer mundo se opusieron firmemente y al final no hubo acuerdo al respecto, pero esta situación que nos puede parecer risible o disparatada desde el punto de vista de un cristiano de los dos tercios nos brinda oportunidad de observar que muchos creyentes sinceros de países desarrollados creen honestamente que no hay mejor cosa que el capitalismo y que Dios obra grandemente a través suyo siendo agente de bendición al mundo entero. La vida en un país desarrollado suele ser más sosegada ya que uno puede alcanzar la canasta básica de consumo (que de por sí es superior a su símil tercermundista) con pocos recursos relativos lo que permite concentrar energías y esfuerzos en temas más amplios, los sistemas de seguridad social son avanzados, los seguros y las coberturas ante siniestros están al alcance de la mayoría y si uno tiene estudios universitarios puede con mayor facilidad generar excedentes que pueden ser destinados a la expansión de la obra de Dios. ¿No puede ser ese sistema el mejor que ha tenido el hombre –estoy pensando como un cristiano de un país desarrollado-? ¿Por qué no afirmar que es el bendecido por Dios?


De este lado del mundo, sin embargo, vemos la otra cara de la moneda. La pobreza, la exclusión y la necesidad son parte del modus vivendi de nuestras vidas, y día a día vivimos la tragedia del lado más duro del libre mercado. Aquí, hay cristianos sinceros que piensan que la economía con rostro humano no existe, y que el bienestar es sólo para unos pocos. ¿Y qué rebatirles, si es que es lo que se ve en la cotidianeidad? El 50% de la población peruana es pobre, y de ese porcentaje, la mitad es extremadamente pobre. La tasa de deserción escolar es alta, y para agravar más el asunto, la calidad de los centros educativos públicos a los que acceden los de menos recursos es la antepenúltima de América Latina, lo que limita sus posibilidades de acceder a la educación superior. Y los que acceden, sin ser necesariamente pobres, y culminan sus estudios, no tienen asegurada una vida laboral en condiciones dignas. Los extremadamente pobres viven con menos de un dólar al día, muchos de ellos dentro de una economía de subsistencia de características autárquicas, la tasa de inmigración campo-ciudad sigue siendo alta y la correspondiente tasa inmigración Perú-Extranjero igual [iii]. Latinoamérica no escapa a las cifras poseyendo la mayor tasa de desigualdad económica del mundo. Ante esta situación, ¿Cómo podríamos afirmar que el sistema de libre mercado es el modelo que Dios puede querer para nuestro desenvolvimiento económico y social? De ninguna manera, realmente si somos concientes de nuestra realidad y no vivimos ensimismados en nuestras burbujas de los distritos residenciales de Lima, yendo desde San Isidro por un lado a La Molina por el otro, con la Javier Prado como límite norte y saliendo de ese territorio más que para ir al aeropuerto o a la playa en meses de verano, realmente no podemos afirmar que el capitalismo es la máxima expresión del pensamiento económico que el intelecto humano ha podido concebir [iv].

Aunque es muy difícil encontrar una respuesta directa en la Biblia teniendo en cuenta que ésta se escribió en los tiempos del sistema denominado esclavista, sí podemos encontrar algunas pautas especiales que Dios nos trasmitió sobre todo con su comportamiento particular en esa coyuntura. ¿Criticó el sistema esclavista? ¿Le pareció inapropiado? ¿Quizá de actitud hiriente hacia la libertad humana?. Hay sorpresas si nuestros ojos son postmodernos al leer la Escritura pero para entender los propósitos de Dios tenemos que hacer un esfuerzo hermenéutico, liberándonos cuando es necesario de nuestros lentes modernos. Aclaro además que mi visión de la Biblia en los pasajes analizados es ante todo desde los ojos de un economista y en segundo lugar la de un interesado en cuestiones teológicas. Es un intento de visión sincrética con predominio de la economía sobre la teología [v].

1.1. El caso de José

La historia de José es harto conocida y no va al caso repetirla. El detalle que me interesa es, sin embargo, uno que no suele predicarse: su etapa como gobernador de Egipto en los siete años de “vacas flacas”, subordinado solamente al Faraón. Dice la Biblia en Génesis 47:13-26:

No había pan en toda la tierra, y el hambre era muy grave, por lo que desfalleció de hambre la tierra de Egipto y la tierra de Canaán. Y recogió José todo el dinero que había en la tierra de Egipto y en la tierra de Canaán, por los alimentos que de él compraban; y metió José el dinero en casa de Faraón. Acabado el dinero de la tierra de Egipto y de la tierra de Canaán, vino todo Egipto a José, diciendo: Danos pan; ¿por qué moriremos delante de ti, por haberse acabado el dinero? Y José dijo: Dad vuestros ganados y yo os daré por vuestros ganados, si se ha acabado el dinero. Y ellos trajeron sus ganados a José, y José les dio alimentos por caballos, y por el ganado de las ovejas, y por el ganado de las vacas, y por asnos; y les sustentó de pan por todos sus ganados aquel año. Acabado aquel año, vinieron a él el segundo año, y le dijeron: No encubrimos a nuestro señor que el dinero ciertamente se ha acabado; también el ganado es ya de nuestro señor; nada ha quedado delante de nuestro señor sino nuestros cuerpos y nuestra tierra. ¿Por qué moriremos delante de tus ojos, así nosotros como nuestra tierra? Cómpranos a nosotros y a nuestra tierra por pan, y seremos nosotros y nuestra tierra siervos de Faraón; y danos semilla para que vivamos y no muramos, y no sea asolada la tierra.


Entonces compró José toda la tierra de Egipto para Faraón; pues los egipcios vendieron cada uno sus tierras, porque se agravó el hambre sobre ellos; y la tierra vino a ser de Faraón. Y al pueblo lo hizo pasar a las ciudades, desde un extremo al otro del territorio de Egipto. Solamente la tierra de los sacerdotes no compró, por cuanto los sacerdotes tenían ración de Faraón, y ellos comían la ración que Faraón les daba; por eso no vendieron su tierra. Y José dijo al pueblo: He aquí os he comprado hoy, a vosotros y a vuestra tierra, para Faraón; ved aquí semilla, y sembraréis la tierra. De los frutos daréis el quinto a Faraón, y las cuatro partes serán vuestras para sembrar las tierras, y para vuestro mantenimiento, y de los que están en vuestras casas, y para que coman vuestros niños. Y ellos respondieron: La vida nos has dado; hallemos gracia en ojos de nuestro señor, y seamos siervos de Faraón. Entonces José lo puso por ley hasta hoy sobre la tierra de Egipto, señalando para Faraón el quinto, excepto sólo la tierra de los sacerdotes, que no fue de Faraón.

José es un ejemplo de fe, constancia y sabiduría para todos nosotros. Fue fiel en las situaciones difíciles (Gn. 391-6,20-23), resistió la tentación (Gn. 39:7-13), su prosperidad súbita no cambió su carácter (Gn. 41:14-46), manifestó amor fraternal (Gn. 43:30, 45:14), era un hijo afectuoso (Gn. 45:23; 47:7), era dependiente de Dios (Gn. 41:16; 45:8) y devolvió el bien por mal (Gn. 50:16-21) [vi].

Dios lo hizo pasar pruebas severas, pero fue recompensado con el puesto político más alto que cualquier persona podría tener en la época. Desde la misma interpretación de los sueños a Faraón en Génesis 41 se determina una estrategia ante el escenario futuro entre millonario y aciago que estaba por venir: Definir un liderazgo competente (“Por lo tanto, sería bueno que Su Majestad buscara un hombre inteligente y sabio, para que se haga cargo del país”), crear condiciones para la acumulación de los excedentes bajo el control del gobierno (“…vayan por todo el país y recojan la quinta parte de todas las cosechas de Egipto, durante los siete años de abundancia. Que junten todo el trigo de los buenos años que vienen; que lo pongan en un lugar bajo el control de Su Majestad”), y definir un objetivo del uso de los excedentes (“el trigo quedará guardado para el país, para que la gente no muera de hambre durante los siete años de escasez que habrá en Egipto”).

Sin embargo, como dicen los economistas, “no hay merienda gratis” [vii]. El acumular el excedente de las tierras egipcias y el evitar que el pueblo se muera de hambre en los siete años de escasez, no era exento de costo para los egipcios. Una pregunta clave es: ¿Estaba dentro de los planes de José el hacer esclavos a los egipcios y apoderarse de su tierra? Él mismo definió al hambre de esa temporada como “gravísima” (Gen. 41:2) y siete años no es un tiempo corto. Al diseñar el impuesto del 20% en los 7 años de acumulación que estaría bajo el poder de faraón, ¿pensó José en la forma en la que los egipcios pagarían por sus necesidades alimenticias, digamos, en el cuarto o quinto año? Una temporada de sequía es terrible para campesinos, una subsiguiente es peor aún, pero una tercera consecutiva es catastrófica. ¿Qué son siete años, entonces? Es muy posible, entonces, que dentro de los planes de José estuviera incluida la intención de apoderarse de las tierras de los egipcios y de ponerlas en propiedad del Faraón, e inclusive avisoró la inmejorable oportunidad de colocar en condición de servidumbre al pueblo, como al final sucedió. ¿Dios estuvo a favor o en contra de esto? La Biblia es sólo descriptiva y no hace juicios de valor al respecto. En este caso, no hay condena al hecho que un hombre de Dios de las descollantes características descritas líneas atrás haya hecho esclavos (o siervos, que técnicamente no es lo mismo) a todo un pueblo ni hay reprensión porque él diseñó una política que provocó la “expropiación” de las tierras por parte de Faraón ni tampoco por el hecho de que gracias a la acumulación de alimentos Egipto haya alcanzado una posición geopolítica preponderante gracias a la venta de alimentos a otros países [viii].

¿Podemos interpretar el silencio de Dios? ¿Podemos interpretar la no condena de los actos sociopolíticos de José como Virrey de Egipto? ¿Podemos interpretar la no condena a José por diseñar una estrategia que tenía en mente –o, por lo menos, entre sus escenarios más probables- apoderarse de toda la tierra del país y hacer siervos a todo el pueblo? El silencio parece mostrarnos un atisbo de que más allá del sistema económico hay algo que trasciende en los propósitos de Dios [ix].

1.2. El caso de los Jueces

La peculiaridad del libro de los Jueces se refleja en su último versículo: “En esos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía”. Luego de la lucha del tipo nómades-contra-sedentarios que tuvieron contra los habitantes de Canaan y al expulsarlos o someterlos (en contra de la instrucción explícita de Dios), se establecieron en la tierra prometida sin desarrollar un régimen político organizado. Se limitaron a tener jueces que tenían una labor más de tipo judicial que económica y social, siendo el extremo al que llegaron el mando militar cuando los israelitas eran sometidos por algún pueblo extranjero debido a su apostasía. Podríamos definir este tiempo de la historia judía como una especia de autarquía, la no relación de Israel como nación con otros pueblos y el autosostenimiento, inclusive a nivel tribal. La frase “cada uno hacía lo que bien le parecía” implica toda un resultado que va mas allá del “hacer lo que quiera con mi vida”. Implica un tipo de relación social, una cosmovisión particular, y una forma de tener las relaciones económicas, a un nivel de subsistencia [x].

Otra vez el silencio de Dios, la ausencia de un juicio de valor de su parte. ¿Podemos interpretarlo? ¿Podemos interpretar la no condena del endeble o casi nulo régimen político [xi]? ¿O es que hay algo más detrás del silencio?

1.3. El caso de los Reyes

Samuel había estado muchos años como juez de Israel. Transcurridos estaban unos trescientos años desde el establecimiento sedentario del pueblo hebreo en Canaán y ha de presumirse de una etapa de desarrollo social en el pueblo judío. La posición estratégica de Palestina lo hacían ver tanto al poderoso Egipto como al avanzado Babilonia. La idea del rey no apareció por generación espontánea, sido que fue el resultado de un proceso histórico que había llegado a su clímax con la petición de un rey al profeta. No debemos malentender 1 Samuel 8:7 (“…Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a mi me han desechado, para que no reine sobre ellos”) en el sentido que Dios se opone al régimen monárquico, pues no está en contra ya que permitió al pueblo tener un rey, sino nuestra comprensión debe ser enfocada en que la esencia de la petición era el desarrollo político y social que no tenía a Dios en el centro, una política sin Él como eje. Más bien lo que Jehová hace es describirle al pueblo lo que significaba el desarrollo politico-económico que ellos querían gozar en 1 Samuel 8:11-18 desde el lado de los costos económicos para su sociedad:

Esto es lo que les espera con el rey que los va a gobernar: Llamará a filas a los hijos de ustedes, y a unos los destinará a los carros de combate, a otros a la caballería y a otros a su guardia personal. A unos los nombrará jefes de mil soldados, y a otros jefes de cincuenta. A algunos de ustedes los pondrá a arar sus tierras y recoger sus cosechas, o a fabricar sus armas y el material de sus carros de combate. Y tomará también a su servicio a las hijas de ustedes, para que sean sus perfumistas, cocineras y panaderas. Se apoderará de las mejores tierras y de los mejores viñedos y olivares de ustedes, y los entregará a sus funcionarios. Les quitará la décima parte de sus cereales y viñedos, y la entregará a los funcionarios y oficiales de su corte. 16También les quitará a ustedes sus criados y criadas, y sus mejores bueyes y asnos, y los hará trabajar para él. Se apropiará, además, de la décima parte de sus rebaños, y hasta ustedes mismos tendrán que servirle. Y el día en que se quejen por causa del rey que hayan escogido, el Señor no les hará caso

El progreso tenía sus costos, y Dios les está advirtiendo de ellos a los hebreos, pero insisto en que Él no les negaba la monarquía. Tampoco hace un juicio de valor sobre la superioridad esencial de un modelo sobre el otro, antes bien la esencia de todo está en 1 Samuel 8:7. No podemos decir que Dios hace “apología” por un régimen especial, pero sí afirmar que una visión teocrática es fundamental en una concepción política. Esto es un paso hacia delante en lo que estamos buscando. Parece ser que una visión teocrática trasciende los sistemas político-económicos. No estamos hablando de un gobierno de sacerdotes en el que sea una burocracia clerical la que marque la pauta de las directrices del estado, sino más precisamente uno basado en principios divinos. ¿Es esta la respuesta al silencio de Dios? Para saberlo con exactitud, hemos de ir al Nuevo Testamento, a las experiencias de Jesús y el Apóstol Pablo con el imperio que dominaba el mundo de la época: Roma.

1.4. El caso romano

Ya para los tiempos romanos el sistema esclavista estaba plenamente desarrollado. Lo fundamental de éste es, valga la redundancia, el esclavo como agente básico del proceso productivo que produce el excedente del cual se apropian sus amos, representados en última instancia por la figura del emperador romano, el César.

Jesús vivió en ese régimen. Y existe un evento fundamental en el que interactúan en sobremanera la parte política y económica, aunque de manera sutil, dentro del pensamiento de Jesús: La cuestión del tributo. Lucas 20:20-25 lo narra de la siguiente manera:

Mandaron a unos espías que, aparentando ser hombres honrados, hicieran decir a Jesús algo que les diera pretexto para ponerlo bajo el poder y la jurisdicción del gobernador romano. Estos le preguntaron:

—Maestro, sabemos que lo que tú dices y enseñas es correcto, y que no buscas dar gusto a los hombres. Tú enseñas de veras el camino de Dios. ¿Está bien que paguemos impuestos al emperador romano, o no?

Jesús, dándose cuenta de la mala intención que llevaban, les dijo:

—Enséñenme una moneda de denario. ¿De quién es la cara y el nombre que aquí está escrito?

Le contestaron:
—Del emperador.
Jesús les dijo:
—Pues den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios [xii].

Este evento sucede en la última semana de la vida de Cristo. Jesús ya había anunciado su muerte a sus discípulos en varias ocasiones sin que los doce lo entendieran, también ya se había instalado en Betania, que sería su morada en este tiempo final de su ministerio terreno antes de su crucifixión y sus pies ya habían sido lavados por María en una escena cargada de simbolismo. El domingo se dirige desde Betania a Jerusalén y ocurre la Entrada Triunfal, donde los peregrinos pascuales [xiii] lo reconocen simbólicamente como Rey de Paz [xiv]; el lunes Jesucristo realiza la purificación del templo (parecería ser que fue la segunda ocasión en la que hizo esto dado el relato juanino ubicado en los primeros capítulos de su evangelio), y el martes fue el día del conflicto con las autoridades religiosas judías. Cristo había hecho una ofensiva directa contra el negociado de los sumos sacerdotes Anás y Caifás sacando a los vendedores y cambistas del patio de los gentiles del Templo [xv], y atacando directamente su autoridad en una manera abiertamente desafiante mediante sus parábolas como, por ejemplo, la de los labradores malvados. Este escenario de tensión lo consigna Mateo en el capítulo 21:45-46:

Y oyendo sus parábolas los principales sacerdotes y los fariseos, entendieron que hablaba de ellos. Pero al buscar cómo echarle mano, temían al pueblo, porque éste le tenía por profeta

Este es el escenario caldeado que engloba el pasaje analizado: Jesús que se había mostrado osado y el poder religioso que buscaba destruirlo. Teniendo en cuenta esto, ¿Qué quiere decir Cristo cuando dice “dad al Cesar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”? ¿Es tan solo una respuesta a la malicia de sus interrogadores? ¿En simplemente un escape al dificultoso dilema en el que se encuentra? ¿Una artimaña de Jesús? ¿Un pasaje que solamente debe tomarse desde el punto de vista espiritual?

Pienso que Erdman se equivoca al decir que “los enemigos de Jesús daban por supuesto un conflicto de deberes; él, en cambio, mostró que había una armonía perfecta[xvi]. No hay una búsqueda de equilibrio sino un afán de separación, de colocar cada cosa en su sitio correcto. Lo que Cristo parece estar haciendo es desligar la realidad práctica de la divinidad (reflejado en la esencia de la discusión del martes de la última semana de su vida y con el lugar en donde estaba ocurriendo el debate) de la vida político-económica de los seres humanos (algo muy simple ejemplifica esto: la moneda que pide Jesús). A él, con esta pregunta, lo quieren poner bajo la jurisdicción política de los romanos y, curiosamente, para esto le hacen una interrogante básicamente económica (nada tan claro como los impuestos, donde se fusionan poderosamente ambos elementos). Jesús está diciendo es que el régimen político, sus detalles, sus estructuras y su sostén económico son cosas que están bajo la mayordomía del César, es decir, de los seres humanos, mientras que bajo la jurisdicción directa de Dios están otros asuntos, como la iglesia, la vida santa, el alma nuestra. Esta es la razón por la que no “habló” en el caso de José, ni en el caso de la autarquía de los tiempos de los Jueces. El silencio de Dios con José y el tiempo de los Jueces se explica abiertamente aquí: lo económico está dentro de la mayordomía que Dios le expidió a los hombres.

Sin embargo, ¿es que a Dios no le importa nada el régimen económico? ¿Es algo superfluo para él? ¿El hecho que la frase “A Dios lo que es de Dios” nos dice que hay cosas que dependen de él y que el resto no importa? ¿Si Dios no habló en el caso de José, significa que él no hablará nunca? Efesios 6:5-9 da una clave importante. La enseñanza teológica de la carta ya había sido dada y nos encontramos en la parte de las enseñanzas prácticas. 5:21 dice que “debemos someternos los unos a los otros” y engloba dentro de este principio a los tres elementos más importante del orden social, a saber, la relación esposo-esposa, la relación padres-hijos, y la base del sistema económico de la época: la relación amo-esclavo. Existe una manera cristiana de vivir esta tricotomía, un papel que los cristianos juegan, una forma en la que ellos pueden desenvolverse, siempre centrada en el sometimiento mutuo. Esta aparente poco importante disyuntiva entre amos y esclavos es realmente capital:

Esclavos, obedezcan ustedes a los que aquí en la tierra son sus amos. Háganlo con respeto, temor y sinceridad de corazón, como si estuvieran sirviendo a Cristo. Sírvanles, no solamente cuando ellos los están mirando, para quedar bien con ellos, sino como siervos de Cristo, haciendo sinceramente la voluntad de Dios. Realicen su trabajo de buena gana, como un servicio al Señor y no a los hombres. Pues deben saber que cada uno, sea esclavo o libre, recibirá del Señor según lo que haya hecho de bueno.


Y ustedes, amos, pórtense del mismo modo con sus siervos, sin amenazas. Recuerden que tanto ustedes como ellos están sujetos al Señor que está en el cielo, y que él no hace discriminaciones.

En el pasaje de la cuestión del tributo se nos muestra que Dios no se involucra directamente en nuestro régimen económico y político, que eso es, mas bien, potestad de Dios que encaja dentro de la mayordomía dada a los hombres en el tiempo de la creación. Sin embargo, en este último pasaje bíblico Dios directamente y sin ambages se “entromete” en un tema aparentemente esquivo. ¿Por qué lo hace? Tengamos presente que “En el régimen esclavista, las relaciones de producción se basaban en la propiedad de los dueños de esclavos sobre los medios de producción y sobre los esclavos considerados como “instrumentos parlantes” sin derecho alguno y sujetos a explotación cruel. El trabajo del esclavo, que tenía un carácter abiertamente coercitivo, se aplicaba en gran escala en los latifundios y la producción artesanal, disponiendo el dueño no sólo del trabajo, sino también de la vida del esclavo. En la época en que se forma el régimen esclavista, la sociedad se divide en dos clases fundamentales: los señores esclavistas y los esclavos, y para mantener el dominio de los primeros se estructura un aparato de violencia y coerción, el Estado esclavista. Los contingentes de esclavos se nutrían sobre todo mediante las guerras y, parcialmente, con los campesinos y artesanos que se arruinaban. Se explotaba a los esclavos de manera tan cruel que su vida era corta[xvii], y a pesar de esta situación, de la explotación y crueldad en el trato, del cómo llegaban a ser esclavos [xviii], Dios no interfiere con el sistema. ¿Qué, entonces? Recordemos la lección de la visión teocrática de Jueces y fusionémosla con el punto de vista de Pablo y podemos llegar a concluir que lo que a Dios le interesa en verdad es, a saber, relaciones justas entre los agentes económicos, en este caso, amos y esclavos. Por eso la exhortación a trabajar bien, a tratar bien, a respetarse mutuamente teniendo en cuenta la nueva condición de nacidos de nuevo en Cristo Jesús. Por lo tanto debemos profundizar en el tema de la justicia.

El concepto recorre el Antiguo Testamento [xix] donde la justicia se refiere en primer lugar a un contexto concreto de relaciones sociales, especialmente significa rescatar a la victima, liberar al oprimido, expresando, por lo tanto algún tipo de reinvidicación.

La palabra hebrea Sedeq (Justicia) es expresión suprema y global de lo que es valioso, justo y correcto en la comunidad. Es el concepto central que gobierna todas las relaciones sociales que significa rectificar situaciones entre personas y grupos, vivir conforme a lo que la situación social exige pudiendo inferir por tanto que significa justicia para el oprimido. Mishpat, sedaqah, heded-y-emeth (amor constante) y yeshuah (liberación, salvación) pertenecen al campo semántico de sedeq, justicia. Explicitan uno o más aspectos de sedeq o matizan el concepto.

Sedaqah significa un acto de bondad o compasión. En ese sentido sedaqah es liberar al oprimido, reivindicar al huérfano, a la viuda, al inmigrante, al pobre contra sus opresores. En este sentido el antiguo Cántico de Débora habla también de las sidqoth (plural de sedaqah) de Yahvé Dios. Mishpat se traduce con frecuencia por derecho o justicia. Tiene matices jurídicos (regla, juicio, ley, proceso jurídico), pero estos son solo ampliaciones de su sentido primario: justicia liberadora, salvífica. De hecho lo que esta en el corazón de la Torah, consiste en hacer justicia allá donde reina lo contrario. Mishpat esta relacionado con amor y compasión, ya que la Biblia no reconoce justicia alguna sin amor y sin misericordia.

En el Nuevo Testamento, Jesús proclama el reino de Dios que representa la realización de la justicia (sedeq y mishpat) de Dios. De hecho Pablo en vez de hablar de reino de Dios habla de Justicia de Dios. Más importante es todavía que la constatación de que según el Nuevo Testamento Jesús realiza la justicia de Dios en su propia persona. Su preocupación por los pobres y marginados encarna la justicia del Dios justo. Más aún Jesús muestra de manera explicita lo que quedaba implícito en el Antiguo Testamento: el amor al prójimo es la norma suprema de sedeq de Dios y resumen de todas las demás normas. El amor "tratar al prójimo como uno quiere ser tratado, como otro yo", constituye la base y el alma de toda justicia. Los que siguen a Jesús en esta praxis se convierten en la justicia de Dios presente en el mundo. Jesús se convierte en el criterio último de lo que es la justicia: practicar la justicia es seguir a Jesús.

Y seguir a Cristo remece nuestro ser. Por lo tanto, así como los musulmanes dicen que “Vivir dentro del Islam le enseña al musulmán que la transformación del medio social, en un sentido auténtico, sólo es posible por una transformación de si mismo, y lo que es más importante, por el permiso de quien gobierna y ha creado el mundo, Allah, que alabado sea. Esto le hace al musulmán perder el temor de la existencia porque sólo le teme a Allah [y] cuando lo conoce de este modo el musulmán llega a entender que todo acto es adoración de Allah. Que no hay separación entre la política y la adoración de Allah, ni entre el comercio y la adoración de Allah. En este estado, el musulmán comprende que sólo vive por y para Allah, que depende y confía en Allah[xx], debemos entender que nuestra adoración a Jesús es completa y abarca todo, incluyendo las relaciones económicas.

Y no importa el sistema en el que se den estas relaciones. La Biblia se escribe dentro en el período esclavista, desde sus inicios hasta su apogeo máximo en el Imperio Romano y si hubiéramos nacido en esos tiempos, como amo, esclavo o quizá como hombre libre habríamos sido seguidores de Jesús y, como tales, buscadores de la justicia. Podemos ser esclavos económica y socialmente hablando, pero entre cristianos la acepción de personas no existe, siendo amos y esclavos iguales ante Dios, pero no ante los hombres. No se nos pide cambiar el régimen, destruirlo, se nos dice tratar “al esclavo como a nosotros mismos (si somos amos)” o “tratar al amo como a nosotros mismos (si somos esclavos) [xxi].”

Equivocan completamente el camino cristianos que honestamente piensan que el capitalismo es el régimen bendecido por Dios. Dios no bendice ni avala un régimen ni sistema ni nada que se le parezca. ¡Él pidió obedecer a Nerón!. Este tema lo deja a merced del hombre. Dios quiere que simplemente en el régimen en el que estemos, actuemos con justicia. Por lo tanto, la pregunta clave, capital e imposible de evitar es, ¿qué hacemos si existe la injusticia en las relaciones económicas? ¿Debemos los cristianos denunciarlas o simplemente concentrarnos en asuntos espirituales? ¿Basta con el modelo asistencialista? ¿Dónde podemos encontrar estas injusticias? ¿Hay en la Biblia un punto de partida donde pueden verse a plenitud la injusticia económica?

La creación y la redención también son un tema importante [xxii]

Analizando la creación podemos encontrar pautas en este punto. David Lim, un chino-filipino, hace unas reflexiones sobre las implicaciones doctrinales de la creación en la vida moderna. Para él, la Biblia se preocupa de los efectos que tienen los esfuerzos económicos sobre las relaciones humanas a la luz de la realidad del pecado, de la demanda divina de justicia y compasión, y de su provisión de redención por medio de la gracia, por lo que los textos bíblicos deben interpretarse a partir de esta perspectiva. Para Lim, existe un “desafío hermenéutico” al aplicar las enseñanzas bíblicas a la realidad económica sin perder de vista un adecuado conocimiento técnico de la economía.

Lim señala ocho enseñanzas bíblicas en el campo doctrinal de la creación, y extrae de ellas enseñanzas y sus correspondientes aplicaciones:

a) Dios creó de la nada todo lo que está fuera de él, lo cual lo hace diferente a la naturaleza. Esto implica que debido a que todo le pertenece a Él, todo lo que hagamos debe ser hecho para Su gloria, cosas “religiosas” y cosas “profanas” inclusive. Nuestro ocio, nuestro actuar como hijos, esposos, padres, subordinados, jefes, dueños o desempleados siempre debe ser teniendo en cuenta que a Dios es poseedor de todo.

b) La raza humana fue creada a imagen de Dios, lo cual le confiere una dignidad específica y la capacita a asumir libre y creativamente la responsabilidad de su propia vida. Esto directamente nos lleva al tema del respeto, o sea, que nuestras actitudes y actividades de todo tipo deben considerar el respeto a la dignidad humana, sin pisotearla en ninguna forma.

c) La raza humana fue creada con un cuerpo: fue formado de la tierra, por lo que pertenece al mundo material, y su propio cuerpo físico es el único vehículo por el que puede expresar virtudes espirituales aquí en la tierra. Esta corporalidad es importante dada la tendencia de grupos cristianos a “sacralizar” la vida y convertirla en una antesala del cielo, cortando lazos con el mundo. Lim sostiene que esta corporalidad además tiene mucho que ver con la apropiación de la riqueza, ya que implica directamente la necesidad de crear lo necesario para vivir una vida digna de nuestra posición como imagen de Dios lo que obviamente concluye en riqueza generada. ¿Cómo se distribuye esta riqueza? ¿Qué es lo que significa una vida digna de nuestra posición como imagen de Dios? ¿Significa el derecho básico a la alimentación? ¿A la vivienda digna? ¿Al trabajo digno? ¿A servicios de salud básicos?

d) Hay una interdependencia entre los seres humanos y su habitat físico. Depende del aire, del alimento, del agua, y por extensión, de Aquel que creó esas cosas con perfección y abundancia y les dio la capacidad de reproducirse. Esta interdependencia implica varias cosas. Primero, todas las cosas creadas por Dios tienen un valor no relacionado al valor de mercado. Segundo, la aparente abundancia de los recursos implica un consumo responsable pensando a largo plazo. Tercero. Esta interdependencia se vincula con la dignidad humana: si todos somos imagen de Dios, y todos dependemos del hábitat físico para subsistir, entonces todos tenemos derecho a una pequeña parte de él para la subsistencia y el desarrollo, siempre con una actitud responsable.

e) Los seres humanos fueron creados con la responsabilidad de velar por la creación. Este punto se vincula necesariamente con el anterior. La crisis ecológica se debe a una irresponsable explotación de la naturaleza por parte del hombre, donde extensas zonas están siendo contaminadas y el efecto invernadero está empezando a tener efectos en el clima global. Es saltante la relación directa entre crecimiento económico y contaminación. Por ejemplo tenemos el marco del protocolo de Kyoto, que George Bush se niega a firmar debido a que no puede poner en riesgo el bienestar de sus ciudadanos al poner freno al crecimiento económico con el fin de salvaguardar al planeta de la contaminación. ¿debemos debatir sobre esto o afirmar como el presidente que “no existen suficientes indicios científicos para relacionar calentamiento global con emisiones de gas carbónico?

f) Al crear al ser humano como hombre y mujer, Dios los capacitó para las dimensiones sociales de su existencia, a saber, para la asociación y la comunidad. En la relación de unos con otros, los seres humanos encuentran oportunidad para complementarse recíprocamente y para crear una sociedad basada en el paradigma de las relaciones familiares.

g) La buena creación de Dios cayó junto con la en desobediencia, y los seres humanos se volvieron egocéntricos y destructivos, desfigurando la imagen divina y deteriorando por causa del egoísmo todas las relaciones humanas (con Dios, entre sí, y con la naturaleza). Por lo tanto, la humanidad tendrá relaciones siempre conflictivas, donde elementos como el abuso de poder serán margo general de comportamiento. Por eso, ¿Cómo dejar a las fuerzas de mercado actuar solas teniendo en cuenta el estado del corazón del hombre? ¿Deben ser limitadas de alguna forma?.

h) Por medio de Jesús, se reabrió la posibilidad de retomar los ideales de una humanidad restaurada, llevándonos al estado original, tal como eran los planes de Dios en la creación. Debemos entender que en la tierra, tal como están las cosas hoy, no se llegará al estado de perfección del reino mesiánico de Cristo luego de la segunda venida, pero los redimidos somos llamados a vivir bajo los parámetros que allá serán definitivos. Por eso, desde el punto de vista de la economía, debemos ser pioneros en el desarrollo y manutención de sistemas económicos que promuevan la paz basada en la justicia social y el equilibrio ecológico o, en su defecto, de proclamar la justicia en las relaciones entre los agentes dentro del sistema en el que nos encontramos, tal como parecería indicarnos la Biblia.

¿Y qué tiene que ver la misión en todo esto?

Tiene mucho que ver. Sobotka dice que “[la lectura de la creación dada líneas atrás] en forma de doctrina y aplicación posterior está explícitamente dada desde la perspectiva de la iglesia que cree que el mundo fue redimido potencialmente y puede serlo de hecho si se observan los principios del orden creado [xxiii]”. La realidad, sin embargo, indica que “los seres humanos creados como portadores de la imagen de Dios, son corresponsables del orden social, ecológicamente armonioso, se vuelven individualistas y egoístas, arruinan su vida individual y destruyen comunidades, amenazan la vida de la naturaleza, se vuelven opresores, amantes del poder e injustos [xxiv]”. ¿Debemos actuar los cristianos ante esta realidad? ¿Nuestra misión debe incluir como parte fundamental la respuesta ante estas situaciones?

Sí, debe incluir la denuncia de la injusticia. Como dice Sobotka, “ante esta realidad es imposible no actuar [xxv]”. Cita a Lim para reafirmar su posición: “en el mundo modero es imposible ser políticamente neutral o [en su defecto] no tener compromiso. No se puede amar al prójimo sin involucrarse en la esfera política –lo cual implica buscar el bien común por medio de la acción política a favor de la libertad, la justicia y la paz [xxvi]” y concluye diciendo que “al confesar que por medio de Jesucristo la esperanza fue restablecida y el mundo fue potenciamente restaurado, también somos llamados a lograr el potencial de esta esperanza mediante el uso de todas sus facultades. Así, ponen sus vidas al servicio del propósito original del Dios Creador: una vivencia comunitaria en paz, justicia, gozo y libertad, lo que hoy es una utopía [xxvii]

Hay que proclamar la verdad de Dios, la necesidad que tiene el hombre de su amor y cobijo, de su perdón de los pecados y de la infinita salvación que nos redime y nos libera realmente. Pero, no hay que olvidar que a nuestro alrededor “toda la creación gime a una” (Rom. 8:22) incluyendo la creación por delegación, esa que el hombre ha hecho y que, frente a ello, no deberíamos quedar callados, orando a Dios y mirando solamente al cielo mientras el mundo es selva salvaje. Nuestra misión jamás debe ser el silencio.

Notas:

[i] Coloco un nombre ficticio a un supuesto sistema económico futuro que se desarrollaría en una etapa post-capitalista.

[ii] Un amigo muy cercano.

[iii] Una encuesta publicada en La República del 16-08-2004 afirmaba que el 69.9% de los jóvenes entre 12 y 18 años deseaba irse al extranjero

[iv] El factor geográfico que presento aquí es netamente explicativo. Las burbujas en la que podemos estar inmersos son muy diversas. Pude decir: “las cuadro paredes de la Iglesia”, “las rutas entre las casas de los miembros de la célula” o cualquier otro elemento que nos puede hacer perder conexión con la realidad de la mayoría de la población de nuestro país.

[v] Dije teología, no Biblia, que no es lo mismo.
[vi] Datos sobre José extraídos de la Biblia de Estudio Thompson.
[vii] Frase atribuída al Premio Nobel Milton Friedman, uno de los más brillantes economías del siglo XX y líder de la llamada “Escuela de Chicago” o “Escuela Monetarista”.
[viii] En su tiempo, mucho se discutió sobre la venta del gas de Camisea a Chile y, en el país del sur hubo reticencias ante la posibilidad de dependencia y el posible control geopolítico que podría haber tenido el Perú sobre Chile por el tema del gas, teniendo en cuenta que ya Argentina dominaba el suministro a Chile y, por ende, tenía cierto poder de decisión en el país del sur. Resulta más que evidente poder que tienen los países que producen bienes estratégicos –podemos analizar el poder que posee la OPEP en el mundo cuando deciden reunirse y coordinar sus niveles de producción con el fin de modificar los precios-. En el caso bíblico vemos a Egipto en esa posición vital del proveedor de un bien estratégico: los alimentos. “Cuando el hambre se extendió por todo el país, José abrió todos los graneros donde había trigo, para venderlo a los egipcios; pues el hambre era cada vez peor. 57Y venían de todos los países a Egipto, a comprarle trigo a José, pues en ningún país había qué comer”. Más que evidente el poder mundial que adquirió Egipto por esto.
[ix] Un punto importante en este silencio es la actuación del mismo José. En los siete años de abundancia él grabó a los egipcios con un impuesto del 20% del total de la producción. Ya como siervos e inclusive luego de los años de escasez él mantuvo el impuesto del 20% del total de la producción, sin un incremento. ¿Marca un patrón de conducta este acto de José? Pienso que sí.
[x] El desarrollo económico implicó siempre un estado, que usualmente fue de tipo teocrático en sus comienzos. Israel en tiempo de los Jueces no lo tenía, por eso la afirmación de “economía a niveles de subsistencia”
[xi] Y económico. No olvidemos que la economía va siempre de la mano con la política.
[xii] Versión Popular en la que he cambiado la palabra emperador por la palabra César, ya que con esta última (usada en la Versión Evangélica estándar Reina Valera) ha pasado la frase al lenguaje común y corriente latinoamericano.
[xiii] Algunos calculan el número de peregrinos en dos millones.
[xiv] Como rey por el acto de colocar los mantos y las ramas de los árboles en su camino, y en paz por entrar en la ciudad en un pollino.
[xv] Los negociantes en el templo cumplían dos funciones básicas. La primera era la de ofrecer animales aptos para los sacrificios, desde simples palomas hasta grandes bueyes, y la segunda era la de brindar el servicio de cambio de monedas, dado lo internacional de la diáspora judía y de la existencia de una moneda especial, una especie de “dracma del Templo de Jerusalén”. Hasta aquí todo bien, salvo por algunos detalles adicionales. Primero, los animales ofrecidos en el templo eran mucho más caros que los vendidos fuera de él. Segundo, el tipo de cambio de las monedas foráneas a la moneda del templo era perjudicial al usuario –en términos modernos, el tipo de cambio de venta sería muy alto-. Tercero, los sacerdotes por lo general sólo aceptaban animales vendidos dentro del Templo. Cuarto, los comerciantes estaban ubicados dentro del Templo debido a un acuerdo con el Sumo Sacerdote, que a cambio del régimen de pseudo-monopolio compartirían parte de las ganancias con él. Por lo tanto, cuando Jesús expulsó a los comerciantes no era solamente un conflicto contra simples vendedores ambulantes sino que era un golpe bajo, un desafío abierto contra el máximo poder judio: el Sumo Sacerdote
[xvi] Erdman, Carlos: “El Evangelio de Lucas”. Grand Rapids, TELL. 1949 (Edición en Inglés), 1974 (Edición en Español). Pag. 237
[xvii] http://www.eumed.net/cursecon/dic/bzm/m/modoe.htm
[xviii] Dos casos básicos muestran esto en la historia del cine norteamericano: “Ben Hur”, un clásico, y “Gladiador”, reciente película por la que el actor principal ganó el Oscar.
[xix] Gran parte de las ideas de los siguientes cuatro párrafos son extraídas de la siguiente página web: http://www.monografias.com/trabajos10/laju/laju.shtml, trabajo realizado por Andrés Espíndola.
[xx] 'Umar Ibrahim Vadillo: Una Crítica Islámica de la Economía . 2005. Edición digital a texto completo accesible en www.eumed.net/libros/2005/uiv-eco/
[xxi] Así como respeta nuestra libertad de decidir vivir sin seguirlo, Él respeta la forma en que ejercemos la mayordomía que nos ha encomendado
[xxii] Estas ideas se extraen de Steuernagel, Valdir (Comp.). “La Misión de la Iglesia: una visión panorámica”. San José, Varitec, 1992. Pag. 311-335, trabajo de Emil Sobotka: “Hasta los demonios creen pero su fe está muerta”.
[xxiii] Steurnagel, Valdir. Op. Cit. Pag. 323.
[xxiv] Ibidem.
[xxv] Ibidem
[xxvi] Ibidem
[xxvii] Ibid. Pag. 324.

Sobre el autor:
Abel García García, es peruano. Estudió Ingeniería Económica en la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), Finanzas en ESAN y Misiología en el Centro Evangélico de Misiología Andino-Amazónica (CEMAA). Fue editor de la Revista Integralidad del CEMAA y enseña en varias universidades en Lima




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