Imperialismo e Idolatría | Por Juan Stam

Estudiemos el Apocalipsis con Juan

"El libro del Apocalipsis me ha inspirado durante más de medio siglo"
- Juan Stam, en una entrevista dada a NoticiaCristiana.com el año 2008 Lee la entrevista AQUÍ
¿Puede existir el imperialismo sin idolatría?[1]
(Relectura contextual de Apocalipsis 13)[2]

Entonces vi que del mar subía una bestia,
la cual tenía diez cuernos y siete cabezas.
En cada cuerno tenía una diadema,
y en cada cabeza un nombre blasfemo contra Dios...
El mundo entero, fascinado, iba tras la bestia
y adoraban al dragón
porque había dado su autoridad a la bestia.
A la bestia se le permitió hablar con arrogancia
y profesar blasfemias...
(Apocalipsis 13:1,3-5)


Sería muy natural y muy fácil suponer que la idolatría del imperio romano fuera alguna rareza antigua, un accidente histórico que no tuviera nada que ver con su condición de imperio mundial ni con las realidades políticas de nuestro mundo de hoy. Pero debemos preguntarnos si no habrá una relación más directa entre las ideologías imperialistas, de prepotencia y expansionismo internacional, y peligrosas tendencias idólatras, muchas veces sutiles e implícitas. Aunque teóricamente, en abstracto, podría existir un imperialismo sin idolatría, en la práctica la tendencia del imperialismo a absolutizarse es prácticamente irresistible. La pretensión de poder absoluto fácilmente conduce a ilusiones de divinidad, de ser ellos mismos o su sistema un absoluto cuasi-divino.[3] Cuando cualquier ideología se convierte en un absoluto, se ha convertido en un dios, aunque no tenga templos ni sacerdotes. Por eso debemos estar siempre muy alerta ante toda señal de idolatría en las superpotencias mundiales.

Esa relación entre imperialismo e idolatría aparece en la historia bíblica desde la torre de Babel, donde el proyecto expansionista de Babilonia pretendía alcanzar el cielo (Gn 11:1-1-9). Las tres superpotencias opresoras que el Antiguo Testamento denuncia (Egipto, Babilonia, Asiria), eran todas ellas notoriamente idólatras, que deificaban a sus gobernantes para legitimar su opresión interna y su prepotencia imperialista hacia afuera. La fe hebrea, en cambio, y su programa de "bendición para las naciones" como proyecto de un Dios de gracia en marcha por la historia (Gn 12:1-7), revolucionó los conceptos de la deidad, del proceso histórico y de la vida misma. Sin embargo, al establcerse en Canaán, desarrollar la agricultura y entrar en la vida urbana en vez de la nómada, Israel cedía a menudo a la tentación de un sincretismo con el culto cananeo a Baal.[4] La vehemente iconoclasia anti-idolátrica de los profetas fue la denuncia definitiva de la religiosidad establecida que se utilizaba para sacralizar el sistema existente con sus desigualdades e injusticias, tanto dentro de Israel como fuera. El profetismo yahvista transformó la religión de ser opio, que legitima el status quo y narcotiza la conciencia, a ser levadura y dinamita, que cuestiona el status quo y lucha por la transformación de la realidad histórica.

El Enuma elis, famoso poema babilonio de la creación, fue una especie de apologética mítico-política del surgimiento de Babilonia, antes una ciudad poco grande ni importante, al derrotar a ciudades asirios como Nipur y Eridu.[5] Como señala Croatto (1980:33), las violencias de Marduk en dicha saga representan y avalan a la vez la victoria de Babilonia sobre Asiria y de Marduk sobre el dios Asur. Al proclamar a Marduk como soberano de todos los dioses, éstos lo saludan con "¡Oh Marduk! tu eres el más importante entre los dioses ... desde hoy, que tu orden sea inmutable" (ibid 42), con claro sentido expansionista en el plano histórico y político. "Trasladado esto al plano político", escribe Croatto, este mito "significaba que cada ciudad-estado aspiraba a la hegemonía sobre otras ciudades" (45). "Una política imperial de expansión cada vez mayor es el corrolario automático de la ascendencia de Marduk sobre todos los demás dioses" (Wink 1992:16). Aquí descubrimos las antiguas bases religiosas de la idolatría del imperialismo.[6]

En Egipto, el Faraón era considerado como una deidad, una especie de representante encarnado de dios (Croatto 1980:41). Tal rango sacral le autorizaba para gobernar autoritariamente sobre su propio pueblo y para subyugar militarmente a otros pueblos.[7] Para Asiria, como para otros regímenes antiguos, la conquista de otros pueblos era asunto de guerra santa. "El rey, como comandante supremo y sacerdote, rendía cuentas a la divinidad de las conquistas realizadas ... Los pueblos conquistados tenían que reconocer la autoridad de Asur" (Garmus 1989:18). Asarjaddón (rey de Asiria, 680-669 a.C.), en una medida extrema, "obligó a los medas a prestar juramento tan sólo a los dioses asirios. Así pues, 'el dominio de Asur se tomaba prácticamente extensible al mundo, y su representante en la tierra se hallaba investido de un poder de dominación universal'"(Garmus 18-19, citando a Garelli-Nikiprowetzky).

En los tres -- Babilonia, Egipto y Asiria -- el imperialismo y la idolatría iban de la mano como aliados inseparables. Los mitos plasmaban para el pueblo la ideología del dominio sobre el pueblo y sobre otros pueblos, la opresion interno y el expansionismo externo. Podemos decir que el imperialismo nació idólatra y nunca ha dejado de serlo.

Gustavo Gutiérrez ha demostrado que también en la invasión y conquista de America estaba presente esta misma correlación entre colonialismo expansionista e idolatría (1982:130-132). Algo idolátrico hubo en su ferviente convicción de haber sido la nación escogida por Dios y enviada a las nuevas tierras en la misión divina de cristianizar al recién descubierto continente.[8] Un nexo inseparable, hasta confundirse, de altar y trono, de espada y cruz, alimentaba también actitudes idólatras.[9] Sobre todo, dominó en la conquista el culto a Mamón. "¡Cosa maravillosa es el oro!", exclamó Cristobal Colón; "Quien tiene oro es dueño y señor de cuanto apetece. Con oro, hasta se hacen entrar las almas en el paraíso".[10] "Menos se estima y adora a Dios", escribió Bartolomé de las Casas, recordando un texto de Eclesiástico 5:9, "que el dinero".[11] La conducta de los conquistadores demuestra que "se hayan determinadamente rendidos y hecho siervos y cautivos de la avaricia" (ibid.).

En su primer libro, Del único modo, Las Casas clasifica sin reservas a sus conciudadanos españoles de idólatras y paganos (citado en Gutierrez 1982:131). Los que provocan "muertes y carnicerías con que lo inundan todo en sangre humana", afirma, "hacen libaciones [¡de sangre!] en honor de Baalim, es decir, del ídolo de los que tal hacen y que es el que los domina y los tiene sujetos y está en posesión de ellos: en otras palabras, el deseo de dominar, la inmensa ambición de enriquecerse que nunca se sacia ni tiene fin, y que es también una idolatría (Col. 3:5),... Porque Baalim, según San Jerónimo, significa mi ídolo, el que me domina y está en posesión de mí".

Lo peor, para Las Casas, es que esta idolátrica sed de riqueza se estaba disfrazando de piedad y servicio a Dios. "Para dorar una crudelísima y acérrima tiranía que tantos pueblos y gente consume, solamente por satisfacer a la codicia de los hombres y por darles oro, tómase título de por hacerles enseñar la fe los que ni para sí aún la saben, y con él les entregasen los inocentes, para que de su sangre las riquezas que tienen por su dios" (citado por Gutiérrez, ibid p.131). Resulta entonces, señala Las Casas, que los que venían a cristianizar a los idólatras, y con esa sagrada misión justificaban su empresa colonialista, eran ellos más idólatras que los indígenas que pretendían evangelizar.

Volvemos a encontrar la idolatría muy presente en la ideología de la seguridad nacional de los 1960s y 1970s.[12] El destacado fenomenólogo de la religión, G. van der Leeuw, alega que "El nacionalismo siempre es religioso... Nacionalidad y autoridad forman, juntas, un único objeto: el Estado, que con ello cobra carácter religioso. El Estado no sólo posee a sus propios dioses, sino que él mismo es dios".[13] La denuncia que Jose Luis Sicre descubre en los profetas preexílicos, de "esta idolatría de los políticos" que "daña los intereses de los ciudadanos bajo capo de un futuro mejor y más seguro" en que "la seguridad de un régimen se compra al precio de la inseguridad del pueblo", podría describir perfectamente bien la ideología de los gobiernos militares de América Latina durante la segunda mitad del siglo XX.[14]

Walter Wink (1992:26) destaca la relación entre el culto a la nación y el mito de la "violencia redentora":

En el mito de la violencia redentora, la sobrevivencia y el bienestar de la nación se exaltan como el mayor bien terrestre y celestial. El mito no sólo establece una religión patriótica en el corazón del estado, sino también da al imperativo imperialista del estado una sanción divina... Así el mito de la violencia redentora es la espiritualidad del militarismo. Por derecho divino el estado tiene el poder de ordenar a sus ciudadanos sacrificar sus vidas para mantener los privilegios de unos pocos. Por derecho divino utiliza la violencia para purgar el mundo de los opositores malévolos que se openen al predominio de la nación... Y el nombre de Dios -- cualquier dios, incluso el Dios cristiano -- puede ser invocado por haber bendecido con especial favor la supremacía de la nación escogida y su casta reinante.

A veces la idolatría del nacionalismo patriótico no pasa de ser implícita; otras veces se hace explícita, como en la siguiente cita del famoso ideólogo del gobierno militar brazileño, el General Golbery do Couto e Silva:

La sobrevivencia de la nación es la meta absoluta. Una estrategia nacional intenta incorporar la nación entera en el plan de sobrevivencia nacional, para que sea el objetivo total e incondicional de la vida de cada ciudadano...

Ser nacionalista significa estar siempre dispuesto a abandonar cualquier doctrina, cualquier teoría, cualquier ideología, sentimientos, pasiones, ideales y valores, en el momento en que aparezcan como incompatibles con la suprema lealtad que se debe a la Nación sobre todo lo demás. El nacionalismo es, y tiene que ser, y no puede por ningún modo ser otra cosa, que un Uno Absoluto en sí mismo, y su propósito es también un Fin Absoluto, mientras dure la Nación. No hay lugar, ni debe haber, ni puede haber lugar para el nacionalismo como simple instrumento para otros propósitos que lo trascendiera.[15]

Es necesario llevar este análisis un paso más adelante, para ubicar adecuadamente el significado hoy del mensaje de Apocalipsis 13. Es un hecho, muy lamentable por cierto, que la ideología de la seguridad nacional, con toda su idolatría del estado, llegó a América Latina con el sello "Made in USA". Después de las elecciones brasileñas de 1964 y la serie de gobiernos militares que tomaron el poder en Sudamérica, los generales, estrategas e ideólogos estadounidenses colaboraron estrechamente con los de Brazil y el Cono Sur para desarrollar dicha ideología. En realidad el proceso comenzó con los inicios de la guerra fría, cuando en 1947 el gobierno de Washington estableció el Consejo de Seguridad Nacional, la Agencia Central de Inteligencia y (en 1948) el Colegio Nacional de Guerra. Es famoso también el papel que ha jugado la Escuela de las Américas en este proceso. Como señala Wink, con esas medidas "se engendró un nuevo Poder: el sistema de seguridad nacional" (1992:26).

Analizando con lupa profética la realidad estadounidense, especialmente en su aspecto ideológico, surgen abundantes evidencias de una idolatría del estado (además de la riqueza), sorprendentemente parecida a la del imperio romano en tiempos del Apocalipsis. Como Roma de entonces, y aun mucho más, los Estados Unidos de hoy son la superpotencia única del mundo entero; son la única nación en toda la historia con una hegemonía prácticamente universal, de los cuatro puntos cardinales del globo y también del espacio. Ahora el gobierno de Washington, y la mayoría de los ciudadanos estadounidenses, dan por sentado que esta hegemonia les corresponde como por derecho natural o decreto divino. Sectores importantes, sobre todo los "neoconservadores", hablan abiertamente de su país como un imperio mundial.

Desde sus orígenes, los Estados Unidos siempre ha demostrado una correlación muy propia entre la religión y la nación, lo que G. K. Chesterton describió como "una nación con alma de iglesia".[16] La nación se veía como "una ciudad asentada sobre una colina" como luz para el resto del mundo, escogida por Dios y llamada con un "destino manifiesto" para civilizar y cristianizar al mundo entero.[17]. Así no es nada nuevo que muchos estadounidenses piensan en su patria no sólo como el mejor país del mundo sino, a lo menos implícitamente, como la encarnación definitiva del evangelio. Sin reflexionar más, se da por sentado que el "American way of life" es equivalente de ser cristiano.

En décadas recientes, con la ola "evangélica" y neoconservadora que ha arrastrado al país, esta tendencia alcanza extremos explícitamente idolátricas. ¿Qué pensar, por ejemplo, cuando un congresista como Jack Kemp declara que Dios escribió la Constitución de los Estados Unidos?[18] ¿O cuando el televangelista Pat Robertson declara, "Dios ama a America igual que la amamos nosotros"?[19] Por los mensajes de muchas camisetas y letreros en los autos, sería fácil pensar que Dios y Jesus son buenos "americanos" patrióticos, y que la salvación también viene estampada "Made in USA"[20].

Michael Novak, en La Corporación: una investigación teológica (por Novak y Cooper, 1981),[21] aplica Isaías 53 a la moderna corporación estadounidense, que para Novak es "una encarnación de la presencia de Dios en el mundo". Novak enumera "siete dádivas de gracia" otorgadas por la economía corporativa y afirma que "su creatividad refleja la de Dios... La corporación refleja también la presencia de Dios por medio de su libertad...". Aparentemente el pecado no ha penetrado en estas sagradas esferas de epifanía divina. Obviamente también, Novak no anticipaba la corrupción y los escándalos que vendrían dentro de algunos años (Enron, World.com y mucho más).

Esta divinización de la nación ha llegado a ser alarmantemente explícita en el lenguaje religioso de George W. Bush.[22] El presidente Bush y sus seguidores constantemente identifican a Dios con su gobierno y su programa, con resultados desastrosos tanto teológica como políticamente. Después de la invasión de Irak, y sin imaginar la posterior secuela fatal, Bush declaró, "Dios nos ha concedido una victoria grande en Irak. Podemos dar gracias a Dios por la terminación rápida sin mayores pérdidas de vida para nuestras tropas. Dios nos ha ayudado a derrotar la fuerza maligna de Sadam y liberar a Iraq. Ahora con la ayuda de Dios Irak está libre." Como todos saben, después de esta explotación teatral del momento, cuando Bush se presentó dramaticamente en el portaaviones Abraham Lincoln, la invasión resultó un desastre muy doloroso.[23]

Un conocido predicador evangélico anunció que los que se oponen al gobierno de Washington "recibirán la condenación de Dios" (Sojourners 5 de mayo de 2003). Por otra parte, la noche de la reelección de Bush en 2004, la representante del partido republicano en el Condado Dade de Florida se permitió declarar la victoria "en nombre del Presidente Bush y de Dios todopoderoso" (Miami Herald, 7 de noviembre de 2004).[24] La misma idolatría se plasmó en la calcomanía de un pez (clásico símbolo de Jesús) pero con el nombre "Bush" escrito adentro en mayusculas. Se ofrecía para la venta bajo el nombre en inglés de "BushFish" (Una amalgama cuestionable, un sincretismo de Cristo y Bush muy poco saludable). Una variante dibujaba dentro del pez la bandera estadounidense.

Estas ilusiones de una relación tan directa y especial con el Todopoderoso han producido en estos líderes también una arrograncia de poder sin precedentes. Cuando la insurreción contra la invasión comenzó en Irak, Bush respondió: "Hay algunos que creen que nos pueden atacar. Mi respuesta es: ¡Que vengan! Tenemos toda la fuerza para resolver esta situación".[25] En esa misma época Paul Bremer, proconsul estadounidense en Bagdad., declaró, "Vamos a combatirlos e imponer nuestra voluntad sobre ellos y los capturaremos o los mataremos hasta que hayamos impuesto ley y orden en este país... Nosotros dominamos la escena aquí y seguiremos imponiendo nuestra voluntad sobre este país". Un colega de Bush formuló lo mismo cuando dijo, "Nosotros somos un imperio ahora, y nosotros creamos nuestra propia realidad." Estas expresiones no sólo revelan una repudiable prepotencia imperialista, y un craso desprecio por la vida humana, sino también todo lo que loss profeta condenaban como la idolatría de confiar en la fuerza y las armas.[26]

Aunque Juan deja claro que está hablando del imperio romano en primer término, con alusiones inconfundibles, nunca nombra a "Roma" excepto por su apodo de "Babilonia". Su libro, sin dejar de ser radicalmente contextual bajo el imperialismo del momento, deja plenamente abiertas las posibilidades de otras "Babilonias" y otras "Bestias", sucesoras malignas de Nabucodonozor y Antíoco Epífanes, Nerón y Domiciano.[27] Siempre que estos aparezcan, el mensaje de Apocalipsis toma nueva actualidad y vigencia. También hoy, como en tiempos de Juan, hay muchos nicolaítas, disfrazados de buenos cristianos y buenos patriotas, que hacen su arreglo con el imperio en vez de seguir al Cordero.

De una cosa podemos estar seguros. El culto al imperio no terminó con la caída de Roma.

Notas:

[1] Para fines de estos párrafos, entenderemos "imperialismo" como "cualquier superpotencia que pretende imponer su dominio sobre otros pueblos, en contra de la voluntad y los intereses de éstos"; cf. Ludovico Garmus RIBLA #3 1989:7). Sobre el tema de idolatría en el Apocalipsis ver Stam I:111-115; 124-5; 134-5.

[2] [2] Contextualización redactada para Tomo III del comentario del Apocalipsis.

[3] Caravias (s.f. p14):"Todo poder opresor tiende hacia la idolatría, es decir, tiende a identificarse con un sujeto abstracto, trascendente y universal, que él mismo fabrica. El opresor se desdobla y se identifica con ese sujeto trascendente, en nombre del cual puede reprimir y aun asesinar con toda legitimidad y buena conciencia, incluso con la conciencia de estar agradando a su dios." Cf. Dagoberto Ramírez, "La idolatría del poder" (RIBLA #4 1989: 109-126).

[4] Moltmann (1969:124-121) hace un fascinante análisis de este proceso desde la fenomenología de las religiones.

[5] Walter Wink, en Engaging the Powers (1992:14-17,26) ofrece también un excelente análisis de Enuma elis como aval sagrado del sistema de dominación. Cf Yarbro 1976, Combat Myth; Ricoeur 1976, Simbólica del mal.

[6] En general, en estos antiguous sistemas mitológicos, "El rey tiene algo de divino, cuando no es divinizado directamente (como entre los asirios); es poseedor de una fuerza-resplandor divino..." (Croatto 1980:40). Según Enuma elis, "La palabra del rey es correcta; sus declaraciones, como las de un dios, no pueden ser cambiadas" (citado en Wink 1992:15). En el festival del año nuevo, el rey representaba personalmente el reinado de Marduk (15).

[7] Según Will Durand "La principal función del credo asirio consistía en adiestrar a los futuro ciudadanos para una patriótica docilidad...", citado en Garmus RIBLA #3:1989:19.

[8] En esto los invasiores ibéricos se adelantaron al igualmente idólatra "destino manifesto" de la expansión estadounidense. Sobre la conquista y colonización de América del Norte habría también mucho que analizar.

[9] Cuentan que cuando Balboa descubrió el Pacífico, un joven sacerdote, con la cruz alzada en su diestra, entró corriendo a las aguas del mar para proclamar, "Tomo posesión de este océano en el nombre de Jesucristo". Afirmaba Pizarro que "en las extremidades más grandes Dios siempre pelea por los suyos, y no duden de que él humillará el orgullo del pagano y lo llevará al conocimiento de la fe verdadera, el gran fin y objetivo de la conquista" (Worcester y Schaeffer 1956:107). Gerónimo de Mendieta, en su Historia eclesiástica indiana, señala el "misterio" que Martín Lutero y Hernán Cortés hubieran nacido en el mismo año, "aquel para trastornar el mundo y llevar a muchos fieles bajo la bandera de Satanás ... y éste para llevar al redil de la iglesia una multitud infinita de personas que por años innumerables habían estado bajo el dominio de Satanás, sumergidos en vicios y cegados por la idolatría" (Herring 1963:169).

[10] En Hinkelamert (1977:23), citando a Marx en el inicio de su exposición del fetichismo en El Capital (México: Fondo de Cultura Económica, 1966, Tomo I, p.89).

[11] "Entre los remedios" (1542) en Obras escogidas tomo V (Madrid:BAC 1957-58) citado por Gutiérrez (1982:131).

[12] Podría resultar muy fecunda una investigación más profunda de la "teología" de esta ideología, como también de las evidencias de idolatría en el nazismo de Adolfo Hitler y el fascismo italiano.

[13] G. Van der Leeuw, Fenomenología de la religión (México: Fondo de Cultura Religiosa 1963) p.261. Para Roma, a diferencia de Pablo (Ro 12:1), "el Estado no está ordenado por Dios, sino que es idéntico con Dios, o bien amo de él" (Arnold Toynbee, El historiador y la religión, BsAs Emecé 1958, p102), ambos citados en González Ruiz, 1976:2128-2130..

[14] Hay algo muy contemporáneo en las palabras de Testamento (Asun.) de Moisés 7: "Entonces reinarán entre ellos hombres malsanos e impíos, aparentando ser justos... serán hombres falsos, contentos de sí mismos, hipócritas en todos sus asuntos... Devoradores de los bienes de los pobres, que dicen obrar así por una justicia ... Y aunque sus manos y sus mentes se ocupan de cosas impuras, su boca será grandilocuente..."

[15] Comblin, José, The Church and the National Security State, Maryknoll N.Y.: Orbis 1984, 64,78; citado en Wink 1992:27, retraducido del inglés).

[16] Sidney E. Mead, The Nation with the Soul of a Church (N.Y.:Harper 1975), p.48.

[17] Veáse Rubén Lores, "El destino manifiesto y la empresa misionera" en Lectura teológica del tiempo latinoamericano (San José: Sebila 1979), pp. 207-228.

[18] Stam 1999A:112 n.82. Por razones de espacio será imposible documentar los ejemplos que a continuación citaremos, pero la ofrecemos por correo electrónico, junto con muchos otros ejemplos (juanstam@ice.co.cr). Por supuesto, no pretendemos afirmar que todos los estadounidenses, ni aun la mayoría, piensan de esa manera, pero sí que esta ideología está muy presente en la vida nacional y prevalece entre los "conservative evangelicals" y la camada de neoconservadores que ahora controlan el gobierno.

[19] "God loves America as much as we do". ¿Y qué del resto del mundo? ¿No ama Dios a Afganistán e Irak, y todos los demás pueblos, igual que a los Estados Unidos?

[20] Después de una visita al Pentágono, el pastor John Buchanan reportó que un empleado del Pentágono, en el sitio destruído el 11 de setiembre, saludó al grupo con "Les doy la bienvenida al Pentágono, en el nombre de nuestro Señor y Salvador Jesucristo" (Christian Century 10 de enero de 2006, "God and country").

[21] Citado por Houtart, PASOS #89 mayo 2000:4.

[22] En una series de artículos entre 2003 y 2004 hemos analizado, desde el pensamiento de los profetas hebreos, las tendencias idolátricas, hasta con blasfemia inconsciente, que permean el discurso religioso de George W. Bush: Stam 2005:390-398, "Discurso religioso de George W. Bush", y 309-404, "Los profetas hebreos condenan a George W. Bush"; también "Elecciones 2004: ¿Qué dirían los profetas?"; todos en Signos de Vida (#.28, junio 2003, 2-6; #33, set. 2004, pp.2-5; #34. dic. 2004, pp. 45-49). El ejemplo más ofensivo, que inexplicablemente perturbó muy poco a los "evangélicos" de su país, ocurrió en su discurso al Congreso, 2003, cuando parafraseó un querido himno evangélico, cantado especialmente en la Santa Cena, con la expresión típicamente patriotera que ""Hay poder, sin igual poder, en la bondad, idealismo y fe del pueblo norteamericano". El original inglés del himno, prostituído por el presidente Bush, reza "There is power, power, wonder-working power, in the precious blood of the Lamb". Para otro ejemplo de idolatría implícita, en este caso de una congregación "evangélica"en los Estados Unidos, véase Stam 1999A:115 ((2006:126).

[23] Llama la atención la sorprendente falta de memoria histórica del pueblo estadounidense. Parece que la gran mayoría nunca se han dado cuenta de que Bush, una vez electo, ha hecho exactamente lo opuesto de lo que prometió como candidato. Tampoco parece recordar ahora lo absurdo del teatro polítiquero en ese portaaviones. Algo en la ideología imperialista produce amnesia histórica.

[24] El Rev. Jerry Falwell, líder muy influyente de la derecha protestante, instó a sus seguidores a "votar cristiano" para "llamar a América a volver a Dios". Distribuyó miles de calcomanías con la consigna, "Vote cristiano", lo que por supuesto significaba "Vote Republicano". Hablando en una iglesia en junio de 2003, el general teniente William Boykin, un prominente evangélico, opinó, "La batalla en que estamos enfrascados es una batalla espiritual. Satanás quiere destruir esta nación, quiere destruirnos como nación, y quiere destruirnos como ejército cristiano" (Time, 27 de octubre de 2003, p.17).

[25] En inglés, "Bring them on", una frase especialmene agresiva y truculenta.

[26] Para detalles, véase la exposición anterior sobre la divinización del poder y de las armas.

[27] Wink (1992:13): "La religión de Babilonia ... está prosperando, como nunca antes, en todos los sectores de la vida de America contemporánea, incluso en nuestras sinagogas e iglesias. Ella, y no el cristianismo, es la verdadera religión de America".
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