El Segundo Violín en el Reino de Dios | Por Leonardo Álvarez


Se dice en el ambiente de la música, que es todo un problema para los directores de orquesta encontrar segundos violines. La razón es que la mayoría quiere ser primer violín. Ahora bien, todos sabemos lo importante que es en una orquesta sinfónica cada uno de sus componentes para conseguir como producto la hermosa sinfonía. Se sabe que, en el caso de los segundos violines, tienen como propósito potenciar y hacer notar a los primeros. Es como si su función fuera pasar desapercibidos, para que brillen los primeros. Obviamente, en el mundo en que vivimos, esto no es para nada popular. Vivimos en un mundo donde se exalta el primer lugar, nadie quiere ser un segundón. Todos aspiran a ser los primeros. Esta sociedad no perdona a los que se quedan atrás.

Cuando llevamos esta ilustración al campo de la iglesia, esto resulta aun más revelador. Uno de mis héroes favoritos de la Biblia es Juan el Bautista. ¡Qué perfil de héroe! Alguno incluso podría perfectamente tildarlo como “anti-héroe”. Un perfecto segundón. Una frase podría definir toda su vida y lo que constituía su realización plena: “Ésa es la alegría que me inunda. A él le toca crecer, y a mi menguar” (Juan 3:30). ¿Dónde podríamos encontrar en estos días a alguien que sea tan feliz de ser segundo? De hecho, me parece que ultimamente, lo que más escucho en el ambiente de las iglesias es de cosas grandes y majestuosas. Incluso se han acuñado frases como “Dios nos ha puesto por cabeza y no por cola”. Por todos lados escuchamos más bien una exaltación del éxito como la meta de la vida
Definitivamente esto no encaja mucho con figuras como Juan el Bautista, Jeremías, Jesús y otros grandes anónimos de la fe que no caben dentro de los modelos de éxito moderno.

Jesús dijo de Juan el Bautista, que no había nacido de mujer hombre más grande. No cabe duda que los valores de grandeza en el Reino de Dios funcionan de una manera completamente distinta a como opera en el mundo. Es como si Dios se deleitara en ejercer su autoridad desde la debilidad misma. Por ejemplo, la figura de un cordero indefenso, en representación del Hijo de Dios crucificado para salvar al mundo. Por tanto una de las grandes paradojas de la fe histórica es que han existido muchos grandes o famosos en el Reino de Dios que han sido crucificados en el reino de los hombres. Pero ¿de dónde viene el miedo a ser segundo?. Basta mirar como opera la búsqueda del poder en nuestras iglesias para darnos cuenta de esta realidad. Muchos queriendo imponer sus criterios a los otros. Otros anhelando cargos o privilegios. Otros deseando ser reconocidos por sus logros. Lo peor que les podría ocurrir a algunos en nuestras iglesias en estos días es caer en el anonimato. No, eso es imperdonable. ¡Cómo sufrimos cuando baja nuestra popularidad! Cuando ya no nos llaman para hacernos entrevistas en la radio o la televisión, cuando ya no somos invitados a dar conferencias o cuando alguien que estaba a nuestro lado es más considerado en el medio que nosotros. O cuando no nos dieron el puesto que anhelábamos. Sin darnos cuenta tendemos a construir nuestros propios reinos, frágiles y escuálidos reinos.

La figura rústica del Bautista puede ayudarnos a encontrar el camino para aprender a ser segundo en el Reino de Dios. Dicho sea de paso, no aprenderemos lo que significa el Reino de Dios hasta que aprendamos a ser segundos y a escondernos en Cristo y aprendamos a promover a los demás. A fin de cuentas ser segundo implica también hacer que mi prójimo sea levantado de su miseria para que recupere su dignidad en Cristo.

La vida de Juan nos revela tres áreas que fueron determinantes para que supiera cuál era su lugar en el Reino de Dios.

I Sabía cual era su identidad. Cuando los fariseos le preguntan quien era, él respondió: “Yo no soy el Cristo”, “No soy Elias”, “No soy el profeta” (Juan 1:19-21). He aquí una pista que nos ayuda a comenzar a saber quienes somos: comience por darse cuenta de lo que no es. A veces nos pasamos la vida tratando de hacer cosas en las cuales no somos de bendición para nadie, pero porfiamos en ello. Descubrir quienes somos comienza por saber cuáles son nuestras limitaciones, para que no somos buenos, y dar paso para que lo hagan otros. Juan había descubierto luego lo que si era: “Una voz que grita en el desierto: “Enderecen el camino del Señor”. Entonces, una vez clara su identidad podría continuar su propósito.

II Había cultivado un discernimiento agudo en el desierto. Juan se crió en el desierto. Un desierto que no solo tenía ausencia de cosas, sino que también es el mejor lugar del mundo para cultivar una vida de cercanía con la voz de Dios. Ese desierto es para nosotros nuestro tiempo de silencio ante Dios, nuestro tiempo de contemplación de Cristo y su corazón. El bullicio y el activismo extremo de nuestra sociedad actual atenta contra la espiritualidad de este tiempo. Debemos ser capaces de partir de nuestra soledad hasta conseguir la quietud del alma, que encuentra su satisfacción plena en la presencia del amado Jesús, que lo llena todo y a partir de allí escuchar su llamado para acudir a los necesitados de esta tierra a cumplir nuestro llamado. Juan no conocía a Jesús pero logró reconocerlo cuando vino a él al Jordán porque el Padre le había dado instrucciones en el desierto de cómo debía hacerlo. (Juan1:29-34)

II Sabia cual era su vocación, su llamado: Los discípulos de Juan el Bautista están preocupados (Juan3:26). La popularidad de su maestro esta bajando y muchos se están “cambiando de iglesia”, muchos se están yendo con Jesús y se lo hacen notar: “Mira, aquel a quien tu has apoyado te está haciendo competencia”. Juan permanece calmo, con esa mirada chispeante que tienen los que se saben completos. No hay sobresalto ni angustia alguna, todo está bajo control. Es que él sabe cuál es su posición en el Reino, él conoce su llamado y su vocación. Sabe cuál es su identidad y está gozoso, nadie puede robarle esa alegría, lo tiene todo. No hay ningún reino propio que proteger, porque el fin de su vida es rendirlo todo al Reino majestuoso de su maestro. No se preocupen, les dice. “yo se cuál es mi posición, solo soy el amigo del esposo”, haciendo alusión al papel que cumplía el amigo en la preparación de una boda judía. “Esto es lo que me toca a mi, nadie puede recibir nada si no le fuere dado del cielo”.Su llamado era preparar el camino, y ahora podía partir tranquilo y satisfecho. “A él le toca crecer, y a mi menguar”.

CONCLUSIÓN
La crisis de identidad, discernimiento y vocación podrían ser considerados como algunos de los más agudos problemas de base de la espiritualidad evangélica de esta época. Al profundizar en ellos, probablemente descubriremos que están generando un tremendo grado de desorientación, que muchas veces queremos llenar con la búsqueda de reconocimiento y poder. Aprender a ser segundo en medio de una sociedad que exalta los primeros lugares es el gran desafío en el Reino de Dios y para ello no encuentro otro camino que el de la Renuncia y la Cruz.

Sobre el autor:
Leonardo Alvarez,"El Salmista Chileno", es músico de Temuco , Chile y miembro de la Red Del Camino para la Misión Integral y de la Fraternidad Teológica Latinoamericana.
Su música está inspirada en la Misión Integral y El Reino de Dios
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