La verdad nos hace libres | Nicolás Panotto


Foto Javier Volcán Flickr.com (1)
En el famoso libro de Eric Fromm titulado El miedo a la libertad vemos que a lo largo de la historia, tanto a nivel social como religioso, se da una doble dinámica donde la libertad, por un lado, se coopta externamente, y por otro, se sofoca cuando el miedo se internaliza. Creo que la más dañina es, sin duda, la segunda. La gente teme ser libre, ¡aunque constantemente clame por ella! ¿Por qué? Porque las certezas, los fundamentos, los cercos, dan “seguridad”. Porque ser libre implica hacerse cargo de lo que uno es o hace. También existen muchos preconceptos erróneos con respecto a la libertad, que la relacionan con el egoísmo, el “libertinaje”, la falta de normas, la inseguridad constante.

Es una pena que lo religioso se relacione generalmente con la falta de libertad. Se lo mira como sometimiento a una norma, una estructura eclesial, una teología, una doctrina, una moral. Respaldar esta falta de libertad desde lo religioso, en mi opinión, posee un peligro extra: el hecho de que esté fundada en Dios mismo, evitando asumir la responsabilidad que dicha carencia tiene que ver con intereses particulares. Hacemos lo que hacemos, creemos lo que creemos, prohibimos lo que prohibimos, porque “Dios así lo quiere”.

Jesús es la verdad como camino (Jn.14.6). “Jesús” no es un cúmulo de conceptos sino una persona a la que le conocemos día a día tas los pasos de la vida. Jesús es un punto de partida, pero como creyentes su verdad la descubrimos en el transitar, en las cosas nuevas que vamos aprendiendo y encontrando.

¿Qué es la verdad, entonces, desde esta perspectiva? Que podemos tener un punto de partida, pero que se mantendrá siempre abierto. Tenemos que diferenciar algo importante: una cosa es el punto de partida en sí mismo y otra nuestra manera de entenderlo. Más aún, nunca podemos decir que algo es de una u otra manera sin reconocer que siempre es una interpretación. Por ello, debemos reconocer que una verdad implica la proyección de un encuentro, de un discurso, de una historia.

De aquí que podríamos decir que algo es verdad no cuando se presenta de una manera dada y acabada en sí misma sino cuando posee una condición que permite la apertura de posibilidades de ser interpretada en su encuentro, y la promoción de la humanidad misma en dicha proyección.

Aquí, precisamente, la manera de definir a Jesús como verdad: en que nuestra relación con la fe que tenemos en él permite redefinirnos constantemente como personas, como iglesia, como humanidad. La verdad no es unicidad sino posibilidad de construcción plural. Su verdad se encuentra en abrir nuestra historia y vida al cambio, sin encerrarla en una serie de prácticas y preceptos. Esto es ser libres en Cristo, de todo tipo de atadura, de aquello que cercene la posibilidad de ser algo más de lo que somos. Ese movimiento es ser libre.

La verdad es Jesús. Como tal, es un camino, una experiencia. La libertad es la posibilidad que cualquier persona posee para desarrollarse, para ser plena, para ver, sentir y poder ir siempre más allá de donde se encuentra. El camino de la libertad se construye en el amor, que actúa como límite y propulsor. Es el amor a Dios, a uno mismo y al prójimo.

Fomentar la libertad es un riesgo. Puede dar miedo. Pero hacerlo implica potenciar la humanidad y las enormes posibilidades que posee la creación, dadas por Dios mismo. Por eso, como creyentes en Jesús, nuestra tarea debe centrarse en que la fe ayude a ser libres de todo aquello que opaque y cercene la vida humana.


(1) Fotografía Javier Volcán Licenciada bajo CC
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