Calvino Vivo | Por Ariel Corpus

Calvino Vivo. A propósito de Un Calvino latinoamericano para el siglo XXI. Notas personales, de Leopoldo Cervantes-Ortiz


El año pasado en todo el mundo las iglesias de tradición reformada conmemoraron los 500 años del natalicio del reformador franco-ginebrino, Juan Calvino. Sin duda, estos festejos se visualizaron en los cultos que los creyentes tuvieron a bien realizar en diversos países. En México las iglesias reformadas, llamadas presbiterianas, también se unieron a estas fiestas de diversas maneras. A raíz de tal conmemoración la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, tuvo a bien incluir en varios números de El Faro, su órgano oficial, algún escrito relacionado con el legado del reformador, así como noticias y actividades al respecto. Sin embargo, hay que advertir que la reflexión sobre Calvino no es reciente, ya que a pesar de la coyuntura ha existido el interés de algunos intelectuales calvinistas por traer a colación el legado histórico que representan, desde una visión adecuada al contexto latinoamericano. Tal es la virtud del texto que presenta Leopoldo Cervantes-Ortiz(México, El Faro-CUPSA-Centro Basilea-Federación de Iglesias Protestantes Suizas, 2010).

La figura de un Calvino latinoamericano irremediablemente inquieta a un lector cuyo tema de interés es el protestantismo, pues en México no se puede entender la presencia protestante si se omite el legado calvinista. Sin embargo, como bien señala el autor, hay muchas formas de acercamiento a Calvino, “…el de Spurgeon, el de Kuyper, el de Barth, el de Moltmann, el de Lukas Vischer, o incluso el de Gerardo Nyenhuis”. Esta diversidad no es reciente, pues obedece a posiciones teológicas divergentes entre sí, ya que los procesos que han vivido las iglesias de tradición reformada han dado a luz una multiplicidad de presbiterianismos fundamentalistas y conservadores. Creo que esto sucede por tratarse de un personaje sumamente polémico y que ha sido tachado de muy diversas maneras desde diferentes trincheras: como el padre del capitalismo, como un autoritario o incluso como un intolerante.

El Calvino de Cervantes-Ortiz es más sutil e incluso más humano, pues la excelente pluma del autor y el legado de reflexión del cual proviene, pone en la mesa de discusión un Calvino muy personal. Esto no es ajeno. Como bien lo dice el autor, el presbiterianismo mexicano ha olvidado y pasado por alto la reflexión crítica sobre su propio padre espiritual, pues incluso se ha dejado llevar por intermediarios del protestantismo anglosajón, “muchos de ellos dominados por los demonios del etnocentrismo y del fundamentalismo”. El Calvino de Cervantes-Ortiz no se ahoga en las olas de la inmutabilidad dogmática, dialoga con el mundo contemporáneo y, desde luego, con una América Latina con sus vaivenes, pues el conocimiento del reformador no se contrae tan sólo a sus escritos, sino que es fruto de un constante proceso de reflexión sobre tal personaje gracias a las lecturas de calvinólogos notables de otras partes del orbe, pero también por la misma búsqueda de raíces de la fe reformada en una historia de la iglesia que existe, como diría Karl Barth, no en el cielo sino en la tierra y en el tiempo.

En el presbiterianismo mexicano esta búsqueda se remonta al Primer Congreso de Teología Reformada en 1975, cuyo tema central emana de una de las posiciones más metódicas de Calvino: una mentalidad teológica. Y es que la tradición calvinista se distancia del pietismo al apostar por un conocimiento intelectual de Dios. Pero este calvinismo parece ausente en el presbiterianismo mexicano pues, parafraseando a John A. Mackay, a México llegó un usurpador: mientras el real fue encarcelado en las universidades ginebrinas, otro tomó su nombre y se embarcó rumbo a América para, posteriormente, llegar a México. Afortunadamente Calvino no sólo ha sido liberado por Cervantes-Ortiz, también fue desempolvado y enfrentado con una iglesia que al parecer ha traicionado su propio principio protestante, del que tanto nos ha insistido Tillich: protestar contra toda forma de absolutismo.

Las notas personales que desglosa el autor caben dentro de un itinerario pastoral del cual ha sido parte, de posiciones antagónicas con una institución religiosa, de clases como profesor de teología, de conferencias y seminarios, de presentaciones de libros y artículos en diarios electrónicos. Estas notas personales también se pueden interpretar como la biografía de un calvinista que busca entender su herencia desde un tiempo, un lugar y una historia. Para las nuevas generaciones de calvinistas el texto es una invitación a conocer un legado del cual somos parte, un legado que nos obliga no sólo a leer –o releer– a Calvino y a los calvinólogos, también a realizar una exégesis y una hermenéutica de nuestra fe con una mentalidad teológica reformada.

En un contexto convulsionado por la pobreza, la violencia, la miseria, la migración, el desempleo, etcétera, traer a colación a Calvino es necesario para comprender las maneras en que Dios se desenvuelve en el mundo y en su creación. Como diría Rubem Alves, hablar de Dios es hablar sobre los problemas del ser humano, ya que como fiel calvinista, Alves, transpira la doctrina de la imago Dei. Traer a colación a Calvino es volver a plantear la soberanía de Dios, en la cual nada sale de su mano, punto central en la teología calvinista. Nadie mejor que Calvino ha difamado y a su vez dignificado al ser humano, pues a pesar de que en el hombre se descubren una infinidad de oprobios, Dios, en su infinita gracia, nos pone como administradores de este su mundo, en el teatro de su gloria. Así, mediante una invitación de fe y compromiso cristiano, Cervantes-Ortiz nos comparte un Calvino que nos invita a elevar juntos esta plegaria: Cor meum tibi offero Domine, prompte et sincere.

Artículo publicado originalmente en Lupa Protestante
 
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