Entran en nuestras vidas sin pedir permiso | Por Ignacio Simal Camps

Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él y él conmigo (Ap. 3:20)
Foto Ancama Flickr.com (1)

Entran en nuestra vida sin pedir permiso. Quieren saber todos los pormenores de nuestra vida, también acerca de nuestros ingresos económicos. Indagan acerca de nuestros pecados. Incluso se atreven a preguntar sobre nuestra vida sexual. Nos dicen lo que debemos hacer y lo que no. Nos fustigan en cuanto tienen ocasión desde un púlpito, sea real o virtual. Y una vez que cándidamente les hemos abierto nuestra vida, nos juzgan y utilizan la información para procurar el control sobre nuestras existencias. Así son algunas personas.

A diferencia de ellos, Jesús de Nazaret llama a nuestra puerta pidiendo permiso para entrar.
Nos dice que quiere comer con nosotros. Y una vez que le hemos abierto la puerta, nos trata con dignidad, nos escucha en silencio, nos comprende, y posiblemente nos exhorte para posteriormente perdonar lo que sea menester. Nunca utilizará la información que posee sobre nosotros para la amenaza o para recordarnos lo mucho que le debemos. Él es un buen amigo, el mejor.

Él es nuestro modelo y no otro

Ignacio Simal

(1) Fotografía Ancama Licenciada bajo CC
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