La teología del café (Actualizada) | Por Juan Stam

Imagen: Pixabay
Entre los evangélicos, son innumerables los chistes que sacamos de la Biblia. Lejos de ser un irrespeto a la página sagrada, son otra expresión más de nuestro amor por las escrituras. Algunos de esos "chistes bíblicos" tienen que ver con los apetitos. Nuestro recordado hermano don Rafael Barquero solía repetir, al sentarse a la mesa a comer, una maravillosa promesa bíblica del profeta Isaías, cuando dijo que "comerán y no se cansarán" (ver Isa 40:31). Los comelones tienen también otra base bíblica para sus excesos gastronómicos , porque la Biblia nos dice que Jesús también era comelón y bebedor (Mat 11:19 confirmado, para doble seguridad, en Luc 7:34). Así que, glotones todos, ¡al ataque y buen apetito!

En un nivel mucho más profundo e importante está la base bíblica de tomar café, que está entre las enseñanzas más hermosas de la teología. Es un texto repetido cuatro veces en las escrituras, tan importante que fue la base de la Reforma protestante de Martín Lutero. Lo pueden encontrar, con variantes, en Hab 2:4, Rom 1:17, Gal 3:11 y Heb 10:38. En su mejor traducción, actualizada y latinoamericanizada, el texto dice, "el justo por café vivirá". Su enorme importancia se destaca por ser profético, ya que el café no se tomaba en tiempos bíblicos.
Otro texto, aun más claro y enfático, es Hebreos 11:6, que reza, "pero sin café es imposible agradar a Dios". Más tajante no podría ser el precepto bíblico; los que no toman café deben reflexionar seriamente sobre este texto. En este caso, el mensaje bíblico se corrobora por evidencias empíricas de la vida diaria. Todos sabemos que la primera taza de café en la mañanita nos prepara para un día positivo y optimista, mientras sin el café somos malhumorados y quejosos. Por supuesto, eso no puede agradar a Dios. Sin esa primera tacita de café, estamos expuestos a toda clase de tentación. Por eso dice San Pablo que "todo lo que no es de café es pecado" (Rom 14:23). No cabe la menor duda que el café es un poderoso medio de gracia divina para la santificación de nuestras vidas.

La enseñanza bíblica es siempre práctica, en miras a la acción consecuente, por lo que otro texto dice, "Señor, auméntanos el café" (Lc 17:5). Este impresionante texto tiene carácter de una respuesta al mandato divino (de tomar café) y a la vez una oración, una plegaria de que el Creador nunca nos deje estar sin la mágica droga. Debe notarse también el verbo, en voz imperativa, "Auméntanos". Eso significa que la provisión de Dios es personal, específicamente para "nos", y en segundo lugar, que debemos tomar el café en buena cantidad (aumentada). Un beneficio colateral de ese consumo aumentado del café será la mejora creciente de las economías de los países latinoamericanos productores de café.

Otro texto nos dice que "Jesús fue al café de Nahúm" (en hebreo, Cafernaúm), y las fuentes bíblicas indican que iba muy a menudo. Es fácil y hermoso imaginar los tiempos de comunión y confraternidad que pasaban Jesús y sus discípulos en ese lugar, "cafeteando" y alabando al Señor por su creación y por su gran misericordia para con nosotros. De hecho, la existencia del café es otra prueba más de la existencia de Dios, pues sólo un Dios infinitamente bueno hubiera podido crear una fruta tan maravillosa.

Escudriñando más a fondo las escrituras, descubrimos que esta bendición tan deliciosa viene desde el puro principio de la creación. ¿Cómo sabemos? ¡Muy fácil! Sabemos que en el Edén Dios plantó dos árboles, uno el árbol de la vida y otro mejor no digamos. Ahora, ¿cuáles son los dos árboles que más afectan nuestra vida humana? La respuesta es obvia, son la mata de café y la mata del tabaco. Así que desde el principio de la creación ahí estaban, lado a lado, la bendición y la tentación, el café y el tabaco. Pero en la nueva creación, sólo va a estar la mata de café (Apoc 22:2). Fumadores del mundo, ¡lo sentimos!

(Otros eruditos creen que Dios creó el café en la tarde del séptimo día. Afirman que después de descansar y levantarse de su siesta, Dios se acordó de que se le había olvidado algo importante y procedió a crear el café. En ese sentido, éste fue el máximo y culminante acto de la creación).

Según Mateo 15:17-18, la glotonería no es pecado pero el fumar sí, porque dice que lo que sale de la boca es lo que contamina al hombre (y al ambiente) y no lo que entra. Además, San Lucas afirma claramente, "Bienaventurado es aquel que no fume" (Luc 7:23, Reina Valera 1960). Ahí está, palabra sobre palabra en las sagradas escrituras. (Si no lo encuentras, escribe a juanstam@ice.co.cr para una explicación más amplia).

Una observación final muy importante: estas enseñanzas bíblicas se descubren sólo en la clásica y autorizada versión Reina Valera de 1960. ¿Qué más prueba se necesita que dicha versión es la única inspirada e infalible?

[Un lector de esta columna ha propuesto, con profunda sabiduría, que ahora Juan Valdez debe entrar en el capítulo 11 de Hebreos, como un verdadero héroe de ca-fe. ¡Inspirada la propuesta, profundamente bíblica!]

Sobre el autor:
Juan Stam se nacionalizó costarricense como parte de un proceso de identificación con América Latina.  Es Dr. en Teología por la Universidad de Basilea.  Docente y escritor de libros, artículos y del Comentario Bíblico Iberoamericano del Apocalipsis de Editorial Kairós.


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